Como muchas de las parábolas de Jesús, esta historia es de un hombre y de obreros que trabajan para él. Jesús usará esta historia para responder a la pregunta hecha por sus discípulos en el mensaje anterior: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Su respuesta llegó por etapas. Primero, una promesa de recompensa; ellos se sentarán a juzgar a Israel. Segundo, una advertencia de que la manera de distribuir de Dios no es necesariamente la manera del hombre (Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros. Finalmente, esta parábola ilustra que la manera de recompensar de Dios no es como la práctica del hombre de dar recompensas.

El dueño de la viña se dirigió al mercado, el cual era un lugar de reunión para los obreros de día. Un hombre que quería trabajar llegaba allí a las 6:00 de la mañana, cargando sus herramientas y esperando hasta que alguien lo contratara literalmente. Estos obreros que eran contratados al comienzo de cada día laboral, habían convenido a trabajar por un denario al día; el salario diario común para un trabajador. La hora tercera era alrededor de las 9:00 a.m.; la hora sexta era alrededor de las 12 del medio día; la hora undécima era alrededor de las 5:00 de la tarde. A través del día, el hombre fue al lugar en donde se reunían los obreros, encontró a otros que estaban desocupados, y los contrató para que trabajaran en la viña. Si la cosecha no se rejuntaba antes de que comenzaran las lluvias, se arruinaba; entonces para cosecharla era una carrera frenética contra el tiempo. Cualquier obrero era bienvenido, incluso si podía dedicar solo una hora al trabajo. La imagen es que el hombre tenía una fuente inagotable de trabajo para aquellos que querían trabajar. La impresión es que el hombre estaba sorprendido de encontrar obreros desocupados, porque él tenía mucho trabajo que darles. El prometió a los primeros trabajadores el salario de un día (un denario al día). A los otros obreros contratados a través del día no se les prometió un salario específico, solamente lo que sea justo.

Estos eran obreros de un día, así que se les paga al final de cada día. Cuando era tiempo de pagarle a los obreros, a los hombres que se contrataron por último se les pagó primero, ¡y se les pagó el día completo! Los hombres que fueron contratados a la hora undécima –quienes trabajaron aproximadamente solo una hora– obviamente estaban emocionados por ser los primeros en ser pagados y que se les pagó el día completo. Los obreros que trabajaron todo el día vieron que a estos, que trabajaron solo una hora se iban de la mesa de pago, y pensaron, “Si el hombre les ha pagado el día completo por el trabajo de una hora, entonces nosotros recibiremos mucho más”. El orden de pago era importante. Si a los primeros obreros se les hubiese pagado primero, no hubieran tenido el tiempo de desarrollar la expectativa de que había más paga para ellos. Posiblemente los primeros sintieron su vanidad herida al ser pagados después que los otros. Ellos utilizaron su tiempo de espera en considerar su superioridad sobre los recién llegados. Sin embargo, los obreros que se contrataron primero –temprano en la mañana, y quienes habían trabajado todo el día– fueron pagados exactamente como el dueño les había prometido; un denario al día. Pero la suposición de los trabajadores de recibir más de lo que se les había prometido fue decepcionante. Después de que se les pagó, los obreros que fueron contratados primero se quejaron con el hombre de familia. Se ofendieron porque el hombre les había pagado a los obreros que habían trabajado menos, igual que a ellos, que soportaron la carga y el calor del día.

Es fácil identificarnos con los que habían trabajado todo el día. Ellos trabajaron mientras los otros estaban desocupados. Ellos trabajaron en el calor del día mientras que otros estaban en la sombra. Sin embargo, se les pagó lo mismo. El hombre de familia les recordó que él había sido completamente justo con ellos. Él no les hizo ningún agravio, y no había quebrado ninguna promesa. El hombre no hizo nada para explicar porqué lo hizo, sino que simplemente dijo “quiero”. Las razones por la generosidad del hombre de familia estaban completamente en el hombre, y no en aquellos que recibieron. El los reprendió por su envidia y resentimiento hacia los otros. También declaró fuertemente su derecho de hacer lo que él quisiera con lo que era suyo.

Pedro y los discípulos sabían que habían sacrificado mucho para seguir a Jesús. Pedro quería saber que era lo que se les iba a recompensar. A través de esta parábola Jesús le aseguró, que ellos serían recompensados, pero, el principio de: muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros, significa que Dios recompensará en maneras inesperadas, aun como ilustraba la parábola. Esta es la esencia de la gracia de Dios, cuando Él bendice y recompensa al hombre de acuerdo con Su voluntad y placer, no necesariamente de acuerdo con lo que el hombre merece. Es importante ver que el hombre de familia no trató a nadie injustamente, aunque fue más generoso con unos más que con otros. Podemos estar seguros de que Dios nunca, nunca será injusto con nosotros, aunque tal vez –por Su propio propósito y placer– otorgue mayor bendición a alguien que parezca merecerla menos.

Esta parábola no es una ilustración perfecta de la gracia de Dios, porque el principio de trabajar y merecer está involucrado. La gracia de Dios no nos da más bendición de la que merecemos, nos bendice completamente aparte del principio de merecer. Vivir bajo la gracia es más o menos como una espada de dos filos. Bajo la gracia, no podemos llegar a Dios quejándonos: “¿Acaso no merezco mejor que esto?”; porque Dios contestaría: “¿Esto significa que realmente quieres que te de lo que en verdad mereces?” La gracia debe estar especialmente manifestada en nuestro servicio; es por la gracia, no por obras. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos: Esto fue dicho en el contexto de esta ilustración de gracia. Jesús enfatizó que tanto el llamado como la elección de Dios son basados en su gracia, especialmente su elección.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.