A José no le habría parecido completamente extraño que debían refugiarse en Egipto. Había una gran comunidad judía en Egipto. No era extraño que el Espíritu Santo guiara a José a llevar la familia allí. Egipto era un lugar natural a donde huir. Estaba cerca, una provincia romana bien ordenada fuera de la jurisdicción de Herodes; y, según Filo (escrito alrededor del año 40 d.C.), su población incluía aproximadamente a un millón de judíos. Herodes buscaba matar al niño, la respuesta es consistente con el carácter de Herodes y la humanidad en general. La obediencia completa y rápida de José (yéndose la misma noche del sueño) es impresionante. Es poco probable que José haya imaginado tales eventos cuando fue desposado con María de Nazaret. No se nos dice a qué parte de Egipto fue José, ni cuánto tiempo estuvo allí: algunos dicen seis o siete años; otros que solo tres o cuatro meses. En el proceso, se cumplió otra profecía. A primera vista, podríamos preguntarnos cómo es que esta profecía de Oseas 11:1 fue cumplida en Jesús. Pero Mateo deja en claro que, así como Israel como nación salió de Egipto, también lo haría el hijo de Dios.

Herodes buscará al niño para matarlo. Aunque no hay descripciones exactas de este evento en la historia secular, está completamente conforme el carácter cruel de Herodes. ¿Increíble? Cualquier cosa se puede creer del hombre que asesinó a su propia esposa e hijos. Esta acción asombra a los cristianos; pero en la carrera de Herodes y en la historia contemporánea fue un asunto pequeño. Se dice que cuando Herodes supo que se acercaba su muerte, mandó arrestar a muchos líderes judíos de Jerusalén por cargos falsos. Mandó que en cuanto él muriera, todos deberían ser asesinados; sabía bien que nadie le lloraría, así que estaba determinado que algunas lágrimas se derramaran cuando muriera.

La cita de Jeremías 31:15 originalmente se refería al llanto de las madres de Israel durante la conquista y cautividad de la nación. Aquí Raquel es una representación de las madres de Belén. Esta profecía fue cumplida literalmente cuando Judá fue llevado a cautividad; hubo entonces un gran duelo en las tribus de Benjamín y Judá por sus hijos que fueron muertos y llevados a la cautividad. Ahora fue cumplida, es decir, verificada por segunda vez. Raquel era para los hebreos una madre para Israel en todo tiempo, simpatizante de todas las desgracias de sus hijos. Dios le habló a José nuevamente en un sueño, a través de un ángel del Señor. También notamos la rápida obediencia de José. Repetidamente, se da el primer lugar al niño en la historia. El Mesías pasó unos años en Egipto, refugiado del asesino Herodes, pero ciertamente regresaría a la tierra de Israel. José tenía buenas razones para ser cuidadoso en cuanto a Arquelao. Este hijo de Herodes fue un gobernador tan incompetente y violento que, por el apelo de los judíos de Judea, los romanos lo quitaron por mal gobierno y lo reemplazaron con un gobernador designado por Roma en el año 6 d. C. Este Arquelao era igual de cruel como su padre Herodes el grande, pero sin nada de su grandeza. Nuevamente recibiendo dirección de un sueño divino, José se estableció fuera de la región mucho más religiosa de Jerusalén y Judea, en la región más poblada de Galilea, que tenía una población gentil mucho más significativa que Judea o Jerusalén. Fue notable que José regresó a Nazaret, la ciudad natal de María y presumiblemente de él también (Lucas 1:26-27). Fue notable porque Nazaret era un pueblo poco notable, y porque ahí era donde todos conocían a María y José y las circunstancias extrañas del nacimiento de su hijo. Nazaret era un pueblo sin muros, sin protección, con una mala reputación; Natanael se preguntó si algo bueno podría salir de Nazaret (Juan 1:46). En el plan de Dios, Jesús vino de un lugar pequeño e insignificante que tenía mala reputación. Aquí es donde Jesús creció y maduró hasta la edad adulta.

Será llamado Nazareno. De todas las referencias que hace Mateo al Antiguo Testamento y los profetas, esta es una de las más interesantes. No hay pasaje específico que se encuentre en el Antiguo Testamento que diga que habría de ser llamado nazareno. Algunos piensan que Mateo quiso decir que el Mesías sería un nazareo. Ser nazareo era someterse a un voto especial de consagración, como está escrito en Números 6:1-21. Cuando estaban bajo el voto, las personas se consideraban especialmente devotas a Dios, dejando su cabello sin cortarse, sin beber vino y sin comer productos de uva, y evitando cualquier contacto con algo muerto. Ciertamente Jesús era un hombre extraordinariamente consagrado, pero parece que Mateo se enfoca en la conexión con el pueblo de Nazaret. Pero ¿qué profecía del Antiguo Testamento nos dice que el Mesías vendría de Nazaret? Sí había un pasaje específico en la mente de Mateo, probablemente era Isaías 11:1: Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. La palabra hebrea traducida vástago suena como “Nazir” (neser).

El epíteto nazareno entonces significará: el hombre de Nazaret, el pueblo del pequeño vástago. Dios, por su providencia singular así lo ordenó, que el que fuera el anti tipo de todos los nazareos, y el verdadero Nazir, o persona separada, debía ser educado en Nazaret, un pueblo pobre y despreciable. En el plan de Dios el padre, inspirado por Dios el Espíritu y aceptado por Dios el Hijo, el Mesías creció en este pueblo algo despreciado. De hecho, Jesús llegaría a ser conocido como “Jesús de Nazaret” y sus seguidores “Nazarenos”. Cuando Jesús se reveló a Pablo en el camino a Damasco –obviamente después de su resurrección y ascensión y después de que se había sentado a la diestra de Dios el Padre en gloria– se presentó a Pablo diciendo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues (Hechos 22:8). Siempre hay una ciudad o pueblo cuyos habitantes parecen ser el blanco de cada chiste y el objeto de burla. Las personas de tales lugares son consideradas bajas, sin cultura, no muy inteligentes. Ese es el tipo de lugar que era Nazaret. Creciendo en Nazaret, Jesús maduraría en su niñez y como joven adulto. Cumpliría las responsabilidades que se esperaban de un hijo mayor; y después en algún momento José desapareció de la escena y Jesús vino a ser “el hombre de la familia”. Trabajó en su oficio, mantuvo a su familia, amó a su Dios y demostró ser totalmente fiel en mil cosas pequeñas antes de entrar formalmente a su ministerio designado. Pero nadie sería intimidado al conocer un hombre de Nazaret; la tendencia sería inmediatamente considerarse a uno mismo como mejor que una persona de Nazaret.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.