La pregunta de Pedro acerca del perdón y la respuesta de Jesús. Pedro, a la luz de lo que había dicho Jesús acerca del acuerdo y la unidad, esperaba sonar extremadamente amoroso al sugerir que debemos perdonar a un hermano que se ha arrepentido hasta siete veces cuando tres veces era el límite aceptado enseñado por muchos rabinos judíos en esos tiempos. Las siete veces de Pedro son por lo tanto generosas, pero la respuesta de Jesús elimina todos los límites y las calculaciones. Jesús respondió inesperadamente, diciendo que debemos perdonar al arrepentido un numero ilimitado de veces. Ilimitado es seguramente la idea detrás de hasta setenta veces siete; seria extraño si Jesús esperara que contáramos las ofensas hechas contra nosotros hasta 490, y en la ofensa numero 491 negar el perdón.

En base a esto Jesús les cuenta la parábola del hombre que quiso hacer cuentas con sus siervos: El rey en esta parábola esperaba que sus siervos fueran fieles y honorables en la manera en que conducía su negocio. Por lo tanto, un día examinó su trabajo y comenzó a hacer cuentas con ellos. Uno que le debía diez mil talentos: Los comentaristas listan la cantidad moderna de 10,000 talentos como entre 12 millones de dólares y 1 billón de dólares americanos. Esta figura representa claramente una cantidad que no se puede pagar. Por supuesto, el hombre no pudo pagar. Por lo tanto, su señor mandó que se vendiera al deudor, su familia y todo lo que tenía. Esto no satisfaría la deuda; los esclavos cuando mucho se vendían por un talento cada uno (y por lo general se vendían por mucho menos). Sin embargo, esto traería algo de justicia. El precio máximo por un esclavo era alrededor de un talento, y un décimo de esa cantidad o menos era más común. El siervo imploró Señor: ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo: La promesa que hizo el esclavo no tenía sentido. Habló como si todo lo que necesitara fuera paciencia; que si se le diera el tiempo suficiente realmente podría pagar esta deuda masiva. Los discípulos de Jesús pensarían que esto era gracioso. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda: El señor mostró misericordia provocada por compasión, perdonando una deuda que obviamente nunca podría ser pagada, a pesar de las promesas que había hecho el siervo.

Había uno de sus consiervos, que le debía cien denarios al siervo a quien se le acababa de perdonar la gran deuda. Al toparse con él, lo asaltó (le ahogaba) y exigió su pago. La deuda era real. 100 denarios era más o menos el salario de 100 días. Esta no era una cantidad insignificante, pero era casi nada en comparación con la deuda que se le había perdonado por su señor. En realidad, era 1/600,000 de la deuda que se debía al señor por el primer siervo. Dice que le ahogaba. No hay ninguna palabra que exprese tan completamente el significado de la original, como el termino ahogar a una persona, agarrándole la garganta.

El nuevo deudor le dice: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo: El hombre que debía la deuda más pequeña usó exactamente la misma suplica y promesa que trajo misericordia al hombre que tenía la deuda más grande. Pero no ganó nada, y el siervo que había sido perdonado puso al otro hombre en una cárcel de deudores. No hay mención en la parábola de la conciencia del primer siervo molestándolo acerca de su conducta. Fueron sus consiervos que reconocieron el mal que había hecho. Otros podían ver la maldad de su conducta si él no podía verla. Cuando el señor se enteró de esto, se enojó, y con razón. Simplemente estaba mal que un hombre a quien se le había perdonado tanto no perdonara. Entonces le dio al primer siervo lo que merecía: justicia en lugar de misericordia. El perdón genuino, del corazón, se requiere de todos los que han sido perdonados.

El principio es claro. Dios nos ha perdonado una deuda tan grande, que cualquier deuda que se nos deba es absolutamente insignificante en comparación. Ningún hombre puede ofenderme en la medida en que mis pecados han ofendido a Dios. Este principio debe aplicarse en las pequeñas cosas que se nos hacen, pero también en las grandes cosas. El principio es perdona de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas: Con esto, Jesús enseñó un principio importante y que a menudo se olvida con respecto al perdón. Hay muchos cristianos sinceros que retienen el perdón de otros por razones equivocadas, y se sienten completamente justificados al hacerlo.

El razonamiento de ellos es así: No debemos perdonar a otra persona que peca contra nosotros hasta que se arrepientan adecuadamente. Esto es porque el arrepentimiento es mencionado en el contexto de nuestros mandatos de perdonar y porque nuestro perdón hacia otros debe ser modelo según el perdón de Dios hacia nosotros. Como se nos ha perdonado mucho, no tenemos derecho a retener el perdón de los demás. Somos el deudor a quien se le ha perdonado una deuda casi infinita; ¿acaso nos aferraremos a las deudas pequeñas que otros nos deben? Si alguien tuviera el derecho de retener el perdón es Dios, y Él perdona de una manera más libre y más completa que cualquiera que conozcamos. ¿Qué derecho posible tenemos para aferrarnos a nuestra falta de perdón?

Que perdonemos de corazón hace que el mandato sea más fuerte. Si perdonamos solo de palabra, pero no de todo corazón, permanecemos bajo la misma condenación. Así también mi Padre celestial hará con vosotros: Sería incorrecto convertir esto en la idea de que la falta de perdón en sí misma es el pecado imperdonable. Es mejor decir que el perdón es evidencia de ser verdaderamente perdonado, y que la falta de perdón habitual pueda demostrar que el corazón de una persona nunca ha sido realmente tocado por el amor de Jesús.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.