El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo: El campo es el mundo, pero el hombre no representa al creyente, porque no tenemos nada con que comprar este tesoro. En cambio, Jesús es el hombre quien dio todo lo que tenía para comprar el campo. Bajo la ley rabínica si un obrero se encontraba un tesoro en el campo y lo sacaba, pertenecía a su amo el dueño del campo; pero aquí el hombre tiene cuidado de no sacar el tesoro hasta que haya comprado el campo. Esta parábola y la siguiente son de carácter diferente en comparación con las tres anteriores. Las tres parábolas anteriores (la semilla y la cizaña, la semilla de mostaza, y la levadura) cada una habló de corrupción en la comunidad del reino. Estas dos parábolas hablan de lo mucho que el Rey valora al pueblo de su reino.

El tesoro tan maravilloso por cual Jesús daría todo para comprar es el creyente individual. Esto demuestra poderosamente que Jesús dio todo para redimir al mundo entero para preservar un tesoro dentro de él, y el tesoro es Su pueblo. El descubrimiento del tesoro parece ser por casualidad. En una tierra tan devastada como Palestina, muchas personas sin duda enterraban sus tesoros; pero… el hecho de encontrarse un tesoro pasaría una vez en mil vidas. Así, la extravagancia de la parábola dramatiza la suprema importancia del reino.

Nuevamente, Jesús es el comprador y el creyente individual es la perla que considera tan valiosa que felizmente daría todo para tenerla para siempre. Para los pueblos antiguos, como hemos visto, una perla era la más bella de todas las posesiones; eso significa que el reino de los cielos es la cosa más bella de todo el mundo. Parece una locura que un mercader venda todo lo que tenía por una perla, pero para este mercader valió la pena. Eso demuestra cuánto valoraba a esta perla preciosa, y cuánto valora Jesús a su pueblo.

El reino de los cielos es semejante a una red. Jesús demuestra que el mundo seguirá dividido hasta el final, y la Iglesia no reformará el mundo, inaugurando el reino. Habrá ambos malos y justos hasta el fin del siglo (como también fue demostrado en la parábola anterior del trigo y la cizaña). En ese tiempo saldrán los ángeles y asistirán al Rey en la obra de juicio, enviando a unos en el horno de fuego para juicio final. La referencia, como en las cizañas, no es principalmente a una iglesia mixta, sino a la división entre la humanidad en general que el juicio final sacará a la luz. Nos preguntamos si los discípulos realmente entendieron a Jesús aquí. Sin embargo, Jesús no negó su declaración de entender. Suponiendo que los discípulos sí entendieron, tenían una ventaja sobre muchos entre las multitudes. La multitud se fue (así como muchas personas se van de los sermones), sin ser más sabios, sin entender lo que habían escuchado y sin preocuparse por entenderlo. Jesús dijo que todo aquel que realmente conoce la Palabra de Dios sacará lo viejo y aprenderá lo nuevo del reino. Él no está cansado de lo viejo; ni teme lo nuevo.

Todo escriba: Jesús usó este término simplemente para describir a un maestro. Los escribas entre los judíos no eran solo funcionarios, que eran empleados en la escritura, sino maestros de la ley; tal como fue Esdras. La idea principal es que los discípulos –quienes acaban de asegurar entender lo que Jesús enseñaba– ahora eran responsables de llevar lo que habían aprendido a otros, como si estuvieran distribuyendo del almacén de su sabiduría y entendimiento. Este almacén contiene cosas nuevas y cosas viejas. Después de que has sido instruido por mí, tienes el conocimiento, no solamente de las cosas que ya sabias, sino de las cosas que antes no conocías, y aun el conocimiento que ya tenías es iluminado por lo que te he dicho. Una pequeña porción de conocimiento no es suficiente para un predicador del Evangelio. Las escrituras sagradas deben ser su tesoro, y debe entenderlas adecuadamente. Su conocimiento consiste en estar bien instruido en las cosas relacionadas con el reino de los cielos y el arte de dirigir a los hombres allí.

Ya que los aldeanos estaban familiarizados con Jesús cuando era niño y acostumbrados a cosas no muy espectaculares de Él, podemos concluir que Jesús debe haber crecido como un niño muy normal, no como en las historias ficticias dichas en libros apócrifos como La infancia de Jesús. A esto se debe la pregunta: ¿No es éste el hijo del carpintero?: Esta pregunta fue hecha por prejuicio ignorante. Sin embargo, también puede ser preguntada por apreciación profunda por el hecho de que el Hijo de Dios tomó un lugar tan noble y bajo. Justino Mártir, un antiguo escritor, testifica que nuestro Salvador, antes de que empezara el ministerio, hizo arados, yugos, y otros. ¿Pero no fue esta una ocupación honesta? Julián el apóstata, como es llamado, una vez le preguntó a un cierto cristiano: ¿Qué piensas que el Hijo del carpintero está haciendo ahora? Haciendo ataúdes para ti y todos sus enemigos, fue la pronta respuesta.

Aquí se nombra a los hermanos de Jesús. Jacobo, José, Simón y Judas: Jesús simplemente tenía muchos hermanos y hermanas; la idea católica romana de la virginidad perpetua de María está en contradicción con el significado claro de la Biblia. ¿De dónde, pues, saca éste todas estas cosas? Esta pregunta insultante parece indicar que la familia de nuestro Salvador era muy oscura; y que eran de poca reputación entre sus vecinos, excepto por su piedad. Su recepción de Jesús no fue acogedora ni amigable. Ellos hablan escépticamente y se refieren a Él solamente como “éste”. Cuando pensamos en cuán fuertemente Jesús es identificado con Nazaret, es aún más sorprendente notar que el pueblo de Nazaret no lo apreciaba. El éxito y la gloria de Jesús parecía solamente hacerlos más resentidos hacia Él. A menudo tenemos ideas incorrectas acerca de lo que significa ser espiritual. Pensamos que las personas espirituales serán mucho más extrañas de lo normal. Por lo tanto, las personas más cercanas a las personas verdaderamente espirituales ven cuán normales son y a veces piensan que no son espirituales porque son normales. Es verdaderamente notable que Jesús fue, de alguna manera, limitado por la incredulidad de ellos. Mientras Dios elija trabajar en representación con la agencia humana, desarrollando nuestra capacidad de asociarnos con Él, nuestra incredulidad puede obstaculizar la obra de Dios. El antiguo comentarista puritano John Trapp comentó aquí que la incredulidad era “un pecado de esa naturaleza venenosa, que transfunde, por así decirlo, una parálisis muerta en manos de la omnipotencia”.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.