No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada: El mensaje de Jesús –como es reflejado en el Sermón del monte– es de hecho un mensaje de paz. Sin embargo, ya que llama al individuo a un compromiso radical con Jesús, es un mensaje de paz que divide entre quienes lo aceptan y quienes lo rechazan. La línea de división entre los que aceptan a Jesús y los que lo rechazan pasará aun por las familias. La espada de la que Jesús habló a veces atravesará por las familias.

En términos fuertes, Jesús explicó que el discípulo debe amar y seguir a Jesús supremamente. Nuestra devoción a Jesús debe sobrepasar incluso a nuestra propia casa. Normalmente debemos esperar que el seguir a Jesús nos hace mejores esposos, padres, esposas, madres, hijos, hijas, etc. Sin embargo, hay veces en que la presencia de Jesús divide en lugar de unificar.

El peligro más grande de la idolatría no viene de lo que es malo, sino de lo que es bueno, como el amor en las relaciones familiares. El mayor peligro para lo mejor viene de lo que es segundo mejor. El discípulo debe seguir a Jesús aun hasta el lugar de tomar su cruz. Cuando una persona tomaba una cruz en los tiempos de Jesús, era por una razón: para morir. La cruz antigua romana no negociaba, no se comprometía, y no hacia tratos. No había vuelta atrás cuando tomabas la cruz, y tu única esperanza estaba en la vida de resurrección.

Tu cruz no es realmente tu problema o prueba particular. La cruz significa una cosa: muerte, muerte a sí mismo, pero vida de resurrección en Dios. Esta es la primera mención de la cruz en el Evangelio de Mateo, y no está directamente asociada con la crucifixión de Jesús. Una declaración tan extrema–igualando el discipulado con el horror de la crucifixión, algo demasiado terrible para mencionar entre compañía educada– debe haber sacudido a los discípulos. Sin embargo, ellos sabían de qué se trataba la cruz. La crucifixión en sí no era un espectáculo poco común en la Palestina romana; el lenguaje de “llevar la cruz” tendría un significado bastante claro, incluso antes de que se dieran cuenta de cuán literalmente él mismo debía ejemplificarlo.

Cuando el general romano, Varus, había estallado la revuelta de Judas en Galilea [4 a. C.], crucificó a dos mil judíos, y colocó las cruces a lo largo de los caminos a Galilea. Nos cuenta Barclay

El discípulo vive en una paradoja. Él solo puede encontrar su vida si la pierde, y solo puede vivir al morir. La vida de resurrección solo puede venir después de que tomamos nuestra cruz para seguir a Jesús. Tomando la cruz, hemos de seguir en pos de Jesús: el tomar una cruz sin seguir a Cristo es un pobre asunto. Un cristiano que evade la cruz no es cristiano; pero un portador de la cruz que no sigue a Jesús igualmente pierde el blanco.

Hay una recompensa para aquellos que, en contraste con los perseguidores, reciben a los discípulos de Jesús. El bien que se le hace a los discípulos de Jesús es como si se estuviera haciendo a Jesús mismo, porque ellos son Sus representantes y llevan a cabo Su ministerio. Podemos compartir en la recompensa de los siervos de Dios apoyándolos en su trabajo. Incluso las obras amables que parecen insignificantes (un vaso de agua fría) hechas para el pueblo de Dios son muy significativas a los ojos de Dios. ¿Qué puede parecer más significante que dar a una persona un vaso de agua fría? En un corto tiempo, tendrán sed de nuevo. Sin embargo, aun un gesto pequeño siempre será recordado y recompensado por Dios. Ellos de cierto no perderán su recompensa.

De Midas es la leyenda, que todo lo que tocaba se convertía en oro. Ciertamente así es que todo lo que la mano de la caridad toca, ya sea solo un vaso de agua fría, se convierte igualmente, no en oro, sino en el cielo mismo. Nuevamente, no es la filantropía lo que está a la vista, sino la recepción de un discípulo porque él es un discípulo (de nuevo literalmente “en el nombre de Jesús”. La promesa es que aquellos que son Sus discípulos realmente lo representan, tanto con el precio como con la recompensa. Estos pequeñitos, ciertamente incluye a todos los apóstoles, profetas y hombres justos; todos ellos son “pequeñitos” porque son objetivos de la enemistad del mundo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.