No había nada de malo con lo que los discípulos hicieron, debido a que su espigueo no era considerado un hurto de acuerdo con Deuteronomio 23:25. El asunto era únicamente el día en que lo hicieron. Los Rabinos hicieron una lista elaborada de lo que “se puede” y “no se puede” hacer en cuanto al Día de Reposo, y esto era algo que violaba uno de los artículos de la lista. Cuando los discípulos comenzaron a arrancar espigas en el Día de Reposo, a los ojos de los líderes religiosos, ellos eran culpables de cuatro violaciones del Día de Reposo. Ellos quebrantaron las tradiciones en contra de segar, trillar, aventar, y preparar la comida. En este tiempo, los Rabinos llenaron al judaísmo con rituales elaborados en cuanto al Día de Reposo y las observaciones de otras leyes. Los Antiguos Rabinos enseñaban que, en el Día de Reposo, un hombre no podía cargar algo en su mano derecha o en su mano izquierda, alrededor de su pecho o de su hombro. Pero si podías cargar algo con la parte de atrás de la mano, con tu pie, con tu codo, o en tu oído, tu cabello, o el borde de tu ropa, o de tu zapato o sandalia. O en el Día de Reposo, se te prohibía atar un nudo – excepto a la mujer, la cual podía hacer un nudo en su cinto. Así que, si una cubeta de agua necesitaba ser levantada de un pozo, no podrías atar un nudo en la cubeta, pero la mujer podría atar su cinto a la cubeta.
Jesús jamás violó el mandamiento de Dios de observar el Día de Reposo o de aprobar que Sus discípulos violaran el mandamiento de Dios para observar el Día. Pero Él muy a menudo deliberadamente quebrantaba las añadiduras legalistas del hombre hacia la ley. Al referirse al uso de David del “pan santo”, Jesús mostró un principio importante – la necesidad humana es más importante que el ritual religioso. El Día de Reposo tenía la intención de servir al hombre. Esto es exactamente lo que muchas personas, empapados en la tradición, simplemente no pueden aceptar: que lo que Dios en realidad quiere es misericordia antes que el sacrificio; que el amor hacia los otros es más importante que los rituales religiosos; que los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Algunos encuentran aquí en el verso 26 un problema debido a que, de acuerdo con 1 Samuel 21:1, dice que Ahimelech era el sumo sacerdote en aquel tiempo, y que su hijo Abiatar fue el sumo sacerdote después de él. La mayoría de las personas reconcilian esto con la declaración que Jesús lo que hace aquí es decir que ambos, el padre e hijo, servían juntos como sumos sacerdotes en aquel tiempo, o que Jesús simplemente dijo que esto sucedió en los días de Abiatar, y esto era mientras él estaba vivo, no mientras fuera tenido con el cargo de sumo sacerdote. El segundo principio era aún más dramático. Jesús declaró que Él era el Señor aun del día de reposo. Si Él, el mismo Señor aun del día de reposo, no estaba ofendido por las acciones de Sus discípulos, entonces estas críticas secundarias no debieron de haberle ofendido tampoco.
La mano del hombre estaba seca, pero la misericordia de Dios había prevenido que él aun utilizara sus pies: él los utiliza para ir a la adoración pública de Dios, y Jesús se encuentra con él y allí le sana. Los críticos de Jesús esperaban que Él sanara a este hombre con la mano seca. Y por sus expectativas, ellos admitían que Jesús tenía el poder de Dios para obrar milagros. Sabiendo esto, ellos le asechaban a fin de poder acusarle. Ellos sabían lo que Jesús podía hacer y, aun así, su conocimiento no les acercó a Jesús. Es como si un hombre pudiera volar, pero las autoridades quisieran saber si tenía una licencia de piloto.
En su pregunta para los líderes religiosos, Jesús enfatizó la verdad sobre el Día de Reposo: nunca hay un día equivocado para hacer algo verdaderamente bueno. De acuerdo con sus tradiciones del Día de Reposo, si tú te cortabas tu dedo, podrías detener el sangrado – pero no podrías poner aceite en la cortada. Podrías detenerlo de que se pusiera peor, pero no se te permitía que lo hicieras mejor. Este es uno de los pocos lugares en donde se describe a Jesús con enojo, y Él estaba enojado por la dureza de los corazones del hombre.
Jesús ordenó al hombre con la mano seca que hiciera algo imposible – el mover su mano paralizada. Pero mientras el hombre puso de su esfuerzo, Dios hizo el resto. Dios nunca nos ordena sin antes habilitarnos. Este hombre pudo haber respondido así: “Señor, mi mano está seca; ¿cómo entonces le haré para extenderla? Mejor primero restáurala completamente, y después haré lo que me has ordenado.” Esto pareciera ser razonable, pero en este caso hubiera sido necio. En el mandato del Señor, él hizo el esfuerzo, ¡y al hacer eso la cura tomó efecto! Jesús no hizo nada más que un maravilloso milagro. En respuesta a esto, dos grupos de antiguos enemigos (los Fariseos y los Herodianos) se pusieron de acuerdo en una causa: el destruir a Jesús. Los herodianos no eran un grupo religioso; eran un grupo de judíos que simpatizaban con el Rey Herodes y que apoyaban su gobierno.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
