Marcos dice que después de un rescate dramático de un hombre poseído por el demonio, que muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea. En ese punto de Su ministerio, Jesús atraía a la multitud a cualquier lugar que Él fuera. Es claro que él estaba evitando las calles porque se habían convertido en una campaña de sanidad. A cualquier lugar que él fuera las personas le sitiaban con peticiones de sanidad y para que echara fuera demonios, así que se le impedía hacer lo que había venido a hacer, primeramente, el cual era predicar la Palabra.
Debido al cuarto lleno por la multitud, los amigos de un hombre paralítico tuvieron que bajarle a través del techo. Esta era una forma inusual de interrumpir un sermón. El techo, era de paja, tierra o tejas colocadas sobre unas vigas, a menudo era accesible por medio de una escalera que estaba fuera. Esta se podía quitar, y los amigos del hombre paralítico bajaron a su amigo hacia donde estaba Jesús. Sin embargo, la fuerza de la palabra es que ellos rompieron el techo de la casa, destrozando el tejido, para poder bajar al hombre en su lecho hacia la presencia de Jesús. Ellos contaban con que Jesús sanaría a su amigo, ya que sería más difícil el subirle de nuevo por el techo que el haberle bajado. Ellos contaban en que él saldría caminando de ese cuarto.
Jesús miró hacia arriba, a los cuatro hombres que batallaban con las cuerdas atadas en cada esquina del lecho que traía al paralítico. Él los vio y vio su fe. Su fe se podía ver. Su acción audaz, determinada, para traer a su amigo a Jesús, probaba que ellos tenían una fe real. Podemos imaginarnos como se sintieron los amigos que estaban en el techo. Ellos pasaron por muchos problemas para ver a su amigo sanado de su parálisis, y ahora, el maestro, solamente quiere perdonar sus pecados. Quizás escuchamos que ellos gritaban, ¡No, él esta paralítico! ¡Queremos que él camine, no que sea perdonado! Pero Jesús sabía cuál era la verdadera necesidad del hombre, y cuál era su más grande necesidad. Que bien era para el hombre que tuviera dos piernas buenas y que caminara derecho al infierno con ellas. Sea cuando sea que haya un problema, casi siempre, el pecado es el problema real. Jesús fue derecho al problema. Jesús no quiso decir que el hombre paralítico fuera especialmente pecador, o que su parálisis fue directamente causada por el pecado. Pero Él se dirigió a la gran necesidad del hombre, y a la raíz en común de todo el dolor y sufrimiento – la condición pecaminosa del hombre.
Los escribas utilizaron el tipo de lógica correcta. Ellos correctamente creían que únicamente Dios puede perdonar los pecados, y ellos aún están en lo correcto al examinar a este nuevo maestro. Su error fue el rehusarse a ver quién es Jesús; que era Dios el Hijo, quien tiene la autoridad de perdonar los pecados. Una y otra vez durante la vida de Cristo, el mismo dilema reaparecía. Si él no fuera divino, entonces él si era un blasfemo; no puede haber otra manera de verlo. En un momento estupendo, estos escribas sabían que Jesús pudo leer sus malvados corazones. Esto debió de ayudarles a persuadirles que Jesús era en verdad Dios, teniendo el poder de perdonar los pecados.
¿Qué es más fácil? Para los hombres, ambos, un perdón real y el poder para sanar son imposibles, pero para Dios, ambos son fáciles. Es una suposición lógica que, si Jesús tiene el poder para sanar la enfermedad de un hombre, Él también tiene la autoridad para perdonar sus pecados. Jesús también conoció a los escribas en su propio terreno académico. Los Rabinos tenían un dicho, No hay hombre enfermo que sea sanado de su enfermedad, sino hasta que todos sus pecados le sean perdonados, para los judíos, un hombre enfermo era un hombre con el cual Dios estaba enojado. Jesús a menudo se refería a Si mismo como el Hijo del Hombre. La idea no es la de un “hombre perfecto”, o un “hombre ideal”, o un “hombre común”, sino una referencia a Daniel 7: 13,14, cuando el Rey de Gloria que había de venir, el cual viene a juzgar al mundo, tiene el título del Hijo del hombre.
Imagínese la tensión en esta escena. Los escribas estaban tensos porque Jesús les retó y dijo que Él demostraría que Él era el Hijo de Dios. El hombre paralítico estaba tenso porque se preguntaba si Jesús en verdad podía sanarle. La multitud estaba tensa porque sentían la tensión de todos los demás. El dueño de la casa estaba tenso porque él se preguntaba cuánto costaría reparar el techo. Y los cuatro amigos estaban tensos porque para ese momento ya se estaban cansando. El único que no estaba tenso era Jesús, debido a que Él tenía una paz perfecta, cuando Él dijo, “Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Él hombre, entonces, fue sanado en seguida. El poder de Jesús para sanar, y la autoridad para perdonar los pecados, fueron vindicados en seguida. Jesús sostuvo el día, y las personas se asombraron de ver el poder de Dios en acción.
Los expertos en la ley fueron alzados en su propia trampa. En sus propias creencias declaradas de que el hombre no podía ser curado, a menos que fuera perdonado. Él estaba maldito, por lo tanto, él fue perdonado. Por lo tanto, el dicho de Jesús de perdonar el pecado debe de ser verdad.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
