Este texto nos dice exactamente como se siente Dios en cuanto al matrimonio. Es santo, es una institución para Él; y Dios ama el matrimonio, por eso lo ha apartado para un significado especial, un propósito especial en la vida de Su pueblo. El matrimonio es la idea de Dios, no la del hombre; Él formó y estableció el primer matrimonio como un patrón para cada posterior matrimonio. Debido a que es un santuario, no se nos permite el definir el matrimonio de cualquier forma que deseemos; Dios lo ha establecido, y debemos de conformarnos con lo que Él ha establecido. Dios ama el matrimonio como una herramienta para conformarnos a la imagen de Su Hijo.

La primera deslealtad y abominación a la cual Dios se dirige es el matrimonio entre el pueblo de Dios y los vecinos impíos. Los peligros de un matrimonio impío esta bien documentado en el Antiguo y Nuevo Testamentos. Israel se dio en matrimonio con las mujeres de Moab y trajo la maldición de Dios sobre el pueblo. Salomón se casó con mujeres extranjeras y apartaron su corazón de Dios. Acab se casó con Jezabel – una mujer extranjera – quien condujo a Israel hacia nuevas profundidades de depravación. Pablo dice que los creyentes e incrédulos no deben ser unidos en un mismo yugo. Dios prometió el castigar al sacerdote que case con mujeres extranjeras, paganas, y que pensaban que no afectaría su servicio hacia Jehová.  Al que vela y al que responde es una frase de difícil traducción. Otras traducciones tienen “maestro y erudito,” “tentador y tentado,” “testigo y defensor,” “persona y familiares,” o aún “nómadas y sedentarios.” “Obviamente, en el idioma hebreo es otra manera de decir ‘todos.’ El mandamiento de Dios en contra de los matrimonios mezclados en Israel no tiene nada que ver con razas, sino con fe. Existe aún una mujer extranjera en la genealogía de Jesús Rut era de Moab, quien se caso con el hombre judío llamado Booz; pero dejó los dioses de Moab por el Señor.

Las mujeres descuidadas y repudiadas de los sacerdotes venían y lloraban en el altar de Dios. Cuando sus maridos sacerdotes entonces ofrecían sacrificio a Dios en el mismo altar, esto ofendía a Dios. Los sacerdotes pecaban al desamparar a la esposa con la que se casó en su juventud, quebrantando la meta del matrimonio (siendo ella tu compañera) y el lazo del matrimonio (la mujer de tu pacto). Ellos se quedaban con sus esposas hasta que pasaba su juventud, y luego las desamparaban, para poder tener así jóvenes que tomaran su lugar.

La Biblia continuamente regresa hacia la meta y plan de Dios para el matrimonio, como esta revelado en Génesis 2:18-25. La esencia del plan de Dios para el matrimonio es la esencia de la unidad entre el marido y la mujer. Una razón importante para esta unidad es el establecer un ambiente apropiado para criar una descendencia para Dios.

Específicamente, podemos decir que Dios aborrece el repudio al menos por tres razones: Porque quebranta un voto solemne. Porque es dañino. Porque ilustra la apostasía y condenación. No hay duda de que Dios permite el repudio en circunstancias particulares, aunque el divorcio jamás es ordenado por Dios. El corazón de Dios siempre es hacia el arrepentimiento, el perdón, y la reconciliación en el matrimonio. Hemos pecado en contra de Dios mucho peor de lo que un cónyuge pueda pecar contra nosotros, y Dios no nos repudia – ¡aunque tiene todo el derecho de hacerlo! Pero debido a que hemos caído y sufrido de dureza de corazón, Dios nos da permiso para el divorcio en dos circunstancias. Inmoralidad sexual en bases válidas, y el abandono por un cónyuge incrédulo.

Significativamente, miseria, infelicidad, pobreza, o incompatibilidad nunca son dados como bases para el divorcio. Donde hay peligro o abuso, la separación pudiera estar en orden, de acuerdo con 1 Corintios 7:10-11, pero la pareja separada debe de vivir en completa fidelidad hacia sus votos de matrimonio, aunque estén separados. Si alguno no tiene bases Bíblicas para divorciarse, Dios les tiene como aún casados, y sus relaciones subsecuentes son consideradas como adulterios. No es que no debas de divorciarte por bases que no son bíblicas; no puedes divorciarte por bases que no son bíblicas. Sin embargo, si alguno se divorcia bajo las bases apropiadas, son libres de volverse a casar (1 Corintios 7:15).

Parte de la ceremonia de matrimonio en los tiempos de la Biblia implicaba en que el marido cubría a la esposa con su vestido, como un símbolo de protección de él hacía ella. Pero ahora, sus vestidos estaban cubiertos de iniquidad. Cuando una esposa es abandonada o maltratada, el hombre cubre sus propios vestidos de iniquidad. Esto es porque el marido y la esposa son uno, y él no puede tratar mal a su mujer sin traer miseria y destrucción para si mismo. Este es el punto de Pablo en Efesios 5:28: Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Dicho de manera sencilla, cuando amas a tu esposa, te beneficias a ti mismo. Quizás es mejor ponerlo de manera negativa: cuando descuidas a tu esposa, te descuidas a ti mismo, y volverá para herirte.

Todos sabemos como es el descuidar algo – como un sonido o un asunto de mantenimiento en un automóvil – y vuelve para hacerte daño. Maridos, es aún más cierto en cuanto a sus esposas, porque ella es parte de ti. Guardaos, pues, en vuestro espíritu: Esta frase se repite dos veces porque es muy importante. La razón por la cual los sacerdotes trataban de forma desleal a sus esposas es que ellos no guardaban su propio espíritu. Ellos permitían que sus corazones se endurecieran, crueles, y se amargaran en contra de sus mujeres las cuales supuestamente debían tener como su compañera especial dada de parte de Dios para la unidad. Es importante el darse cuenta que nosotros podemos cambiar nuestros sentimientos hacia nuestro cónyuge. Si no nos sentimos amorosos o conectados o preocupados hacia ellos, esto puede cambiar si guardamos nuestro espíritu.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.