Malaquías habló con los exiliados unos 100 años después de su retorno inicial, después de los días de Zacarías y Hageo. Malaquías ministró ya sea durante el tiempo de Nehemías o inmediatamente después de que su libro cerrara. Sabemos esto porque en los días de Malaquías el tempo fue reconstruido, también porque los judíos estaban bajo un gobernante civil y Nehemías fue el último gobernante civil sobre Jerusalén. También sabemos esto porque los pecados que Malaquías reprendió son los mismos que Nehemías reprendió. El sacerdocio estaba profanado, el matrimonio estaba corrompido en Israel, los diezmos que deberían de ir hacia los Levitas no les era dado. Para ahora, el templo estaba reconstruido, los sacrificios y las fiestas habían sido resumidas, pero las promesas dramáticas de los profetas como Hageo y Zacarías aun están lejos de cumplirse. Esto dejó a la nación languidecerse en la decepción de esperanzas sin cumplirse, y les ha aletargado hacia un bajo concepto de Dios. Israel necesita una seguridad del amor de Dios, y un reto hacia su desobediencia. Malaquías tendrá mucha corrección específica para Israel, pero antes de que Dios les corrija Él les asegura Su amor. Esto coloca el fundamento para su obediencia, porque si ellos le aman, ellos guardarán Sus mandamientos (Juan 14:15).

¿En qué nos amaste? Este es el tipo de pregunta que rara vez se dice, pero a menudo se tiene en el corazón. Pregunta, “Dios, si en verdad me amas, ¿porqué las cosas están de la manera que están?” La profecía de Malaquías se construye alrededor de siete preguntas que el pueblo le hizo a Dios. Estas preguntas revelan sus corazones incrédulos, desanimados, pecaminosos. ¿En qué nos amaste? (Malaquías 1:2) ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? (Malaquías 1:6) ¿En qué te hemos deshonrado? (Malaquías 1:7) ¿En qué le hemos cansado? (Malaquías 2:17) ¿En qué hemos de volvernos? (Malaquías 3:7) ¿En qué te hemos robado? (Malaquías 3:8) ¿Qué hemos hablado contra ti? (Malaquías 3:13)

Dios pide a Israel que halle seguridad en Su elección. Él quiere que ellos entiendan que son elegidos y que aún permanecen como Sus elegidos, Su pueblo favorecido. Cuando el pueblo de Israel se comparaba con sus vecinos de Edom (los descendientes de Esaú), ellos vieron que Dios eligió el preservar a Israel y el castigar a los Edomitas. Abdías prometió juicio en contra de la tierra y el pueblo de Edom. Aparentemente en el tiempo de Malaquías ya había sucedido, y la elección de Dios por Israel aseguraba Su amor por ellos. El entender nuestra elección puede traer una maravillosa seguridad del amor de Dios. Esto significa que Dios nos eligió antes de que existiéramos, y que las razones de Sus elecciones y amor por nosotros están basadas en él, no en nosotros. El saber que Dios nos eligió nos da un sentido de audacia y confianza en nuestro caminar con Él. El entender nuestra elección nos da seguridad de amor, pero ya que tenemos la obra terminada de Jesús, tenemos una nueva demostración de amor.

La elección de Jacob sobre Esaú es un fuerte y clásico ejemplo de la elección de Dios. Dios eligió a Jacob en lugar de Esaú para llevar la bendición prometida a su abuelo Abraham. De alguna manera, Esaú era el candidato más probable porque, aunque Esaú y Jacob eran gemelos, Esaú nació primero. Sin embargo, Jacob fue elegido, y elegido antes de que él y Esaú hubieran nacido. ¿Cómo podía Dios odiar a Esaú? Él no odiaba a Esaú en el sentido de maldecirle o dar un golpe en su contra. En efecto, Esaú era un hombre bendecido. Pero cuando Dios eligió a Jacob, Él dejó a Esaú sin ser elegido en cuanto a recibir la bendición dada a Abraham. Aquí el odio claramente parece significar algo como “menos amado”. El verdadero pensamiento aquí es mucho más como “aceptado” y “rechazado” más de lo que es nuestro entendimiento de los términos de “amado” y “odiado.” Recordemos la razón del porque aquí es traída una elección: no para excluir, sino para consolar y asegurar. Malaquías no esta enseñando doble predestinación. Malaquías no esta hablando de la predestinación del otro hermano y la reprobación del otro; él esta contrastando las historias de los dos pueblos representados por ellos. Ambas naciones pecaron; ambas son castigadas; pero Israel, por la misericordia dada libremente de parte de Dios, fue perdonada y restaurada, mientras que Edom fue dejada en la miseria, la cual trajo para si misma con su propia iniquidad. Nuestro más grande error al considerar la elección de Dios es el pensar que Dios elige por razones arbitrarias, como si Él escogiera de una manera “de tin marín de don pingüe”. Podríamos no entender las razones de Dios para elegir, y pueden ser razones que únicamente Él solo sabe y responde, pero las razones de Dios no son caprichosas. Hacen perfecto sentido el saber todo lo que Dios sabe y el ver todo lo que Dios ve. Algunos consideran las elecciones de Dios como condicionales, en el sentido de que esta basado sobre un conocimiento anterior. Otros consideran las elecciones de Dios como incondicional, basado en la elección soberana de Dios. Aquí, parece que la elección de Jacob fue incondicional. A pesar de que Dios sabía en que tipo de hombres Jacob y Esaú se convertirían, Su elección no estaba basado en eso. La idea de la preferencia de Dios hacia Jacob sobre Esaú también se extendió hacia sus descendientes. La nación descendió de Jacob (Israel) y fue conquistada por el Imperio Babilonio, y también estaba la nación que descendió de Esaú (Edom). Pero Dios restauró a Israel del exilió y hasta ese punto Edom no había sido restaurado. Dios eligió el mostrar más favor a Jacob y sus descendientes. Dios promete que Edom estará permanentemente arruinado, y que su estatus como “no elegido” no cambiaría. Como un reflejo del firme compromiso de Dios hacia Israel, este es un consuelo para el pueblo de Dios – una vez que Él eligió a Israel, ellos se mantuvieron elegidos, y Dios no los olvidaría y elegiría a otros.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.