Jesús desarrolló Su llamado principal como maestro, aprovechando la cortesía de la sinagoga. No se nos dice lo que Jesús enseñó, pero se nos dice el efecto que tuvo la enseñanza en su audiencia. Ellos se asombraron. Nunca antes habían oído a alguien enseñar así. La autoridad de Jesús no sólo fue evidente mientras enseñaba, sino también en su vida. Esto se demostraría en el encuentro con el hombre poseído por un demonio.

Los términos espíritu inmundo, espíritu maligno, y demonio parecen todos ser igual, refiriéndose a poderes malignos de las tinieblas que son enemigos de Dios y del hombre. Estos poderes son organizados y dirigidos por el mismo Satanás. Es irónico que los demonios supieran quién era Jesús, pero la gente elegida, aquellos de Su propia ciudad, no apreciaron quién era Jesús.

¿Has venido para destruirnos? Esta pregunta refleja la creencia de que el advenimiento del reino de Dios significaría la desaparición del control demoníaco sobre el mundo. El demonio mismo testificó que Jesús era santo y puro. Los demonios reconocieron que sus tentaciones en el desierto no pudieron corromper a Jesús. La forma de que Jesús trata con el demonio en este pasaje es una clara demostración de su poder y autoridad sobre el reino espiritual. La gente se sorprendía de la autoridad de Su palabra en la enseñanza como en la vida espiritual. Esto puede haber distinguido a Jesús de la fanfarria de hechizos, encantamientos y supersticiones del exorcista ordinario.

Jesús hizo un milagro público en la sinagoga. Ahora Él mostraría Su poder en un lugar privado. Jesús no fue un mero intérprete para las multitudes. Simón será identificado más tarde como Pedro, el líder entre los discípulos de Jesús. Aquí se demuestra que Simón Pedro estaba casado. Clemente de Alejandría, uno de los primeros escritores cristianos, dijo que la esposa de Pedro lo ayudó en el ministerio, satisfaciendo las necesidades de otras mujeres. En esta situación, Jesús vio la fiebre en sí misma como algo para ser reprendido. Tal vez percibió que había una dinámica espiritual detrás de esta enfermedad aparentemente natural.

Barclay nos dice que, en la frase: “una gran fiebre”, cada palabra es palabra médica, el término médico griego para alguien definitivamente con una enfermedad. Lucas sabía exactamente cómo describir esta enfermedad. Y la fiebre la dejó, y levantándose ella al instante, les servía: Esto no fue sólo la curación de una enfermedad, sino también la concesión inmediata de fuerza. Al ponerse el sol: Esto marcó el comienzo de un nuevo día, el día después del sábado. Liberadas de las restricciones del sábado sobre el viaje y la actividad, las personas vienen libremente a Él para ser sanadas. Jesús trabajó muy duro para servir las necesidades de los demás y poner sus necesidades antes que las suyas. Él impidió que los demonios hablaran de Él porque no quería que se confiara en su testimonio.

Debido a que los relatos bíblicos del ministerio de Jesús están comprimidos, enfatizando los eventos importantes y excepcionales, es fácil pensar que Jesús se encontró con gente endemoniada más de lo que realmente lo hizo. De hecho, las Escrituras registran menos de diez individuos específicos liberados de la posesión demoníaca en el ministerio de Jesús, además de dos ocasiones generales donde se describe a las personas que fueron liberadas. Esto parece anormalmente corto en un período de tres años, en una población densa, pre-cristiana.

Jesús conocía el valor de la soledad con Dios el Padre. Pasó la mayor parte de su tiempo ministrando entre la gente, pero necesitaba momentos en un lugar desierto. La gran obra que hizo Jesús en su ministerio no se basó en el recurso de su naturaleza divina, sino en su comunión constante con Dios el Padre y su empoderamiento por medio de Dios el Espíritu Santo. El tiempo en un lugar desierto, era esencial para eso. Él enseñó sobre el reino de Dios, en el sentido de que anunció la presencia del Rey y corrigió los conceptos erróneos de la gente acerca del reino. Jesús vio su ministerio principal, en este punto, como anunciar el evangelio del reino de Dios. Los milagros eran parte de ese trabajo, pero no su enfoque principal.

Y predicaba en las sinagogas de Galilea: Este fue el énfasis claro del trabajo de Jesús antes de la gran obra de expiación en la cruz: era maestro y predicador, tanto al aire libre como en lugares de alabanza. Su obra de milagros y sanidades fue impresionante, pero nunca fue su énfasis.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.