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Jesús casi dijo: “Se los dije” al recordarles que todo lo que había pasado fue tal y como Él dijo que sería. Para ayudar a los discípulos a asimilarlo todo, les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras. Debe haber sido antes de esto que los discípulos nacieron de nuevo por el espíritu de Dios, cuando Jesús sopló sobre ellos y recibieron el Espíritu Santo. En esa hora, en esa habitación con Cristo, las escrituras se convirtieron en un nuevo libro para los discípulos. Nunca olvides cuán ferviente y constantemente nuestro Señor apeló al testimonio de la Palabra.
Jesús quería que entendieran que la cruz no había sido un obstáculo desafortunado que tuvo que superar. Era necesario para el plan redentor de Dios para la humanidad, y que sería en el nombre de un Salvador crucificado y resucitado que el arrepentimiento y el perdón de pecados llegaría a este mundo. Se les dijo a través de su gran maestro qué debían de predicar, y donde predicarlo, y cómo predicarlo, e incluso dónde empezar a predicarlo. Predicar el evangelio en el nombre de Jesús significa: Predicar bajo sus órdenes, bajo su autoridad, sabiendo que el perdón y la remisión de pecados vienen por la virtud de su nombre y rehusarnos a predicar en nuestro propio nombre.
Jesús les dijo solemnemente que eran testigos de estas cosas. No solo testigos de todos los eventos que rodearon el trabajo de Jesús, sino también de la comisión misma de difundir el evangelio. Este era un trabajo del que todos eran mutuamente responsables. Su trabajo debía de empezar en Jerusalén; hay muchas razones por las cuales era apropiado que la predicación del evangelio comenzara allí.
· Porque las escrituras decían que tenía que ser así (Isaías 2:3, Joel 2:32)
· Porque fue ahí donde los hechos del evangelio tomaron lugar, y la verdad de esos hechos debía ser probada inmediatamente.
· Para honrar al pueblo judío y para traerles el evangelio primero.
· Porque es bueno empezar donde sentimos tentación de no querer empezar.
· Porque el tiempo es corto y es bueno empezar cerca de donde estamos.
· Porque es bueno empezar donde podemos esperar oposición.
Ellos no podían hacer el trabajo que Jesús los había llamado a hacer a menos que fueran investidos de poder desde lo alto, y ese poder vendría cuando el Espíritu Santo fuera derramado sobre ellos. Jesús continuó apareciéndose a su gente por 40 días después de su resurrección. Eventualmente llegó el día en que Él ascendió a los cielos. Cuando lo hizo, Jesús dejó la tierra bendiciendo a su Iglesia, y continúa bendiciéndoles, tanto como su pueblo lo reciba. Jesús se para como el Sumo Sacerdote sobre su pueblo para bendecirlos. “Así permanece hasta que venga de nuevo, sus manos levantadas y sus labios pronunciando la bendición de los suyos”. Cuando Jesús bendice a su pueblo, no es solo un deseo piadoso como “espero que les vaya bien” o “espero que se sientan mejor”. En cambio, la bendición de Jesús tiene un poder inherente. Si Él te ha bendecido, serás bendecido, porque no hay poder en el cielo, ni en la tierra, ni en el infierno, que pueda revertir la bendición que Él da. Mientras vemos esas manos levantadas, no puede haber lugar para la duda o el miedo, cuando otras manos amenazantes se levantan para lastimarnos o molestarnos. Ya sea en la vida o en la muerte, en adversidad o en la prosperidad, en la tristeza o en la alegría, sabemos por esa señal que estamos a salvo”.
Jesús tenía que ascender para que la confianza fuera puesta en el poder y el ministerio del Espíritu Santo, no en la presencia geográfica de Jesús. Hechos 1:3 nos dice que esta ascensión al cielo ocurrió 40 día después de la resurrección de Jesús. Él pasó esos 40 días probando la veracidad de su resurrección y preparando a sus discípulos para su partida. Él se levanta por su propio poder y majestad; no necesita ayuda… probó el poder innato de su Deidad, por el cual podía separarse del mundo justo cuando lo deseaba, rompiendo las leyes de la gravedad y suspendiendo las leyes que normalmente gobiernan la materia. Era impensable que las apariencias de Jesús fueran haciéndose cada vez menos y menos frecuente hasta que cesaran. Eso hubiera seguramente destruido la fe de los hombres. La ascensión difiere radicalmente del desvanecimiento de Jesús de la vista de los discípulos en Emaús y de acontecimientos similares. Hay un aire de conclusión en esto. Es el cierre decisivo de un capítulo y el inicio de otro.
Después de haberle adorado significa que ellos sabían que Jesús era Dios, y le dieron el honor que se merece. Luego volvieron a Jerusalén, o sea, que hicieron exactamente lo que Jesús les dijo que hicieran. Ellos fueron obedientes. Gozosos, creyeron que Jesús se levantó de entre los muertos, y dejaron que el gozo de ese hecho tocara todo en su vida. Y estaban siempre en el templo, alabando, vivieron como seguidores públicos de Jesús, y no podían ocultar su amor y adoración hacia Él. Un poco antes, ellos no podían creer debido al gozo. Ahora ellos estaban gozosos solo porque creían. Cuando Dios hace este tipo de obras en su pueblo, nosotros decimos “Amén”.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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