El gobierno romano no les daba autoridad a los líderes judíos para ejecutar a los criminales. Los líderes religiosos enviaron a Jesús a Poncio Pilato, el gobernador romano de la región de Judea. Ellos tenían razones para esperar un resultado favorable cuando se presentaron ante Pilato. La historia secular muestra que él era un hombre cruel, despiadado, y totalmente insensible al sentido moral de los demás. Seguramente, pensaron, Pilato sentenciará a muerte a Jesús. Philo, el antiguo erudito judío de Alejandría, describió a Pilato: “Su corrupción, sus actos de insolencia, su rapiña, su hábito de insultar a la gente, su crueldad, sus continuos asesinatos de personas sin juicio y no condenadas, y su interminable y terrible inhumanidad eran sus características. Al mismo tiempo, los líderes religiosos sabían que a Pilato no le interesaría la acusación de blasfemia ante el concilio religioso. Por lo tanto, trajeron ante Pilato tres falsas acusaciones: Que Jesús era un revolucionario. Que Jesús incitaba al pueblo a no pagar los impuestos. Que Jesús clamaba ser un rey que se oponía a César.

Solo podemos imaginarnos que es lo que pensó Pilato cuando vio por primera vez a Jesús, cuando vio a este hombre golpeado y ensangrentado delante de él. Jesús no se veía especialmente majestuoso cuando se paró frente a Pilato, por lo que el gobernador romano probablemente fue sarcástico o irónico cuando preguntó: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Pilato evidentemente no estaba alarmado por el cargo presentado contra Jesús. ¿Por qué? Aparentemente, a primera vista, vio que era poco probable que el hombre que estaba delante de él, fuera un pretendiente de la realeza en cualquier manera en la que él necesitaba preocuparse. Jesús no dio ninguna defensa majestuosa ni realizó ningún milagro instantáneo para salvar su propia vida. En cambio, Jesús le dio a Pilato la misma respuesta simple que le había dado al sumo sacerdote. Tú lo dices. Aunque Pilato era un hombre cruel y despiadado, no era estúpido. Él fue capaz de ver a través de los motivos de los líderes religiosos y no tuvo ningún problema en estimar a Jesús y a la situación en general con la declaración: Ningún delito hayo en este hombre. Como resultado, los líderes religiosos se volvieron más agresivos, y enfatizaron su acusación de que Jesús era un líder de la insurrección (Alborota al pueblo). Este era un crimen que preocuparía a cualquier gobernador romano. Pilato permaneció perplejo e indispuesto a respaldar su veredicto de que Jesús no era culpable. Así que envió a Jesús a Herodes, porque Jesús era de Galilea, el área donde Herodes gobernaba.

La ciudad de Nazaret, en la cual Cristo había continuado hasta los treinta años, y la de Capernaum, en la que residió principalmente los últimos años de su vida, estaban ambas en la parte inferior de Galilea, de la cual Herodes Antipas era tetrarca. Pilato probablemente se alegró de tener esta oportunidad para rendirle un poco de respeto a Herodes, a quien es probable que haya irritado, y con quien ahora deseaba congraciarse. Herodes seguramente había escuchado mucho acerca de Jesús, pero su único interés era el deseo de ser sorprendido y entretenido. Este hijo de Herodes el Grande nunca tomó a Jesús seriamente. Algunos de los viejos escritores se deleitan en comentar que, así como hubo cuatro evangelistas para honrar a nuestro Señor, también hubo cuatro jueces para avergonzarlo. Anás y Caifás, Pilato y Herodes. Herodes le prestó atención a Jesús e incluso se alegró mucho de verlo. Él quería escuchar de Jesús (en los propios términos de Herodes) y quería ver a Jesús hacer alguna señal. A pesar de todo esto, el interés de Herodes en Jesús no fue sincero y fue para su condenación, no para su alabanza. En un momento Herodes Antipas había expresado cierto interés religioso. Él escuchó la palabra de Dios por Juan el Bautista (Marcos 6:20) pero deseando continuar en su pecado y endurecido contra Dios y su Palabra, Herodes quedó muerto a la conciencia.

En este punto, Herodes solo quería escuchar de Jesús lo que él quería escuchar (Y le hacía muchas preguntas). Él quería que Jesús demostrara quien era, demandando un milagro. Muchos hoy también demandan un milagro de Jesús como evidencia y puede ser cierto que Jesús piense de ellos lo mismo que pensó de Herodes. Herodes gobernó sobre Galilea, donde Jesús pasó la mayor parte de su ministerio. Él tuvo innumerables oportunidades para escuchar a Jesús una y otra vez: Jesús no habló en reuniones secretas en lugares escondidos. Todo esto llevó a Jesús a entender la verdad sobre Herodes: él no era un buscador sincero. Jesús entendió que Herodes era un hombre malvado y superficial y, por lo tanto, no tenía nada que decirle. El mismo hombre que asesinó a Juan el Bautista ahora consideraba a Jesús como un hacedor de milagros para su propio entretenimiento. Incluso cuando otros estaban acusándole con gran vehemencia, Jesús no tenía nada que decirle a Herodes. Cuando Jesús se rehusó a entretenerlo, Herodes se entretuvo a sí mismo burlándose de Jesús. La burla dejó en claro que Herodes no tomó la acusación en serio. Eso es lo realmente aterrador del incidente. Con el Hijo de Dios delante de él, Herodes solo podía bromear.

De forma significativa, Herodes y Pilato se hicieron amigos ese día. Ellos no tenían nada en común excepto su oposición a Jesús. Hasta este punto, Lucas 23 muestra tres grupos diferentes que odiaron y rechazaron a Jesús. Debido a su miedo y envidia, los líderes religiosos odiaron a Jesús. Pilato sabía algo de quién era Jesús, pero no estaba dispuesto a tomar una posición impopular a su favor. Herodes ni siquiera tomó en serio a Jesús; solo estaba interesado en entretenimiento y diversión.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.