Lucas no registró los detalles de este tiempo con Caifás, el sumo sacerdote, y un saludo rápido del concilio del sanedrín como si lo hizo Mateo. Lucas empieza su enfoque en la reunión oficial del concilio a la luz del día. Antes de que Jesús viniera al hogar de Caifás (el sumo sacerdote oficial), Él fue llevado al hogar de Ananías, quien era el sumo sacerdote anterior y el “poder detrás del trono” del sumo sacerdote según nos lo cuenta Juan.

Pedro estaba preocupado por Jesús y quería saber que le sucedería. Aun así, no tenía el valor para demostrar una asociación completa con Jesús, y por lo tanto le seguía de lejos. Esta distancia haría mucho más difícil para Pedro admitir su asociación con Jesús cuando fue interrogado.

El resto de los discípulos huyeron. Pedro le seguía de lejos, esperando demostrar que la predicción de Jesús era errónea de que lo negaría y lo abandonaría a su muerte. Encontrando calor en el fuego de ellos y esperando esconderse entre ellos, Pedro se puso entre los siervos de aquellos que arrestaron y persiguieron a Jesús. Habiendo abandonado la comunión con los discípulos que habían huido, Pedro no quería, en este momento, ser identificado como un seguidor de Jesús.

Pedro negó a Jesús por lo menos de tres maneras específicas. Primero, Pedro negó siquiera conocer a Jesús (Mujer, no lo conozco), después negó ser un seguidor de Jesús (Hombre, no lo soy), finalmente negó el ser de Galilea (Hombre, no sé lo que dices). Mateo 26 dice que en la última negación Pedro empezó a maldecir, y a jurar, esperando que eso lo ayudara a distanciarse de cualquier asociación con Jesús.

Al cantar el gallo, Jesús miró a través de la multitud que lo rodeaba e hizo contacto visual con Pedro. Pedro inmediatamente sintió convicción por su pecado; no solo de su negación de Jesús, sino también del orgullo que lo hizo pensar que nunca lo negaría. La antigua palabra griega para miró usualmente significa una mirada de interés, amor o preocupación. Tristemente, él se acordó demasiado tarde, después de haber pecado. En ese momento, la única reacción de Pedro fue que lloró amargamente, sin embargo, sería restaurado. Era apropiado para él llorar amargamente en ese momento, pero Pedro no estaba sin esperanza. Por mucho que la promesa de Jesús de que Pedro lo negaría era verdad, también lo fue la promesa de que tu fe no falte. Pedro cayó, pero no se había perdido.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.