Jesús había pasado sus noches ahí durante esa semana y se rehusó a cambiar esta rutina, aunque sabía que significaba que Judas podría encontrarlo fácilmente. Mientras Jesús comenzó a orar en Getsemaní, comenzó advirtiéndole a los discípulos de su necesidad de hacerlo. Él mismo necesitaba orar por la fuerza para superar las dificultades que se aproximaban. Los discípulos tenían sus propios problemas que enfrentar, y necesitaban orar para no entrar en tentación, es decir, no rendirse a las tentaciones. La idea significa sucumbir al poder maligno. Aquí encontramos el recuento apasionado de un testigo presencial (uno de los discípulos), quien le informó esto a Lucas. Solo un testigo presencial recordaría un detalle como el de Jesús orando a un tiro de piedra de los discípulos. La forma usual de oración en aquellos tiempos era orar de pie. Que Jesús se haya arrodillado demuestra la violencia de su lucha en Getsemaní. Jesús conocía cual era la voluntad del Padre, pero aun así se encontraba en una gran agonía de alma. La agonía no vino por falta de deseo de cumplir con la voluntad de Dios, sino porque Jesús iría a la cruz como sacrificio por los pecados. Él no fue víctima de circunstancias que estaban fuera de su control, y a diferencia de cualquier animal sacrificado, Él fue con pleno conocimiento y decidió voluntariamente dar su vida. Esto nos ayuda a entender por qué Jesús uso la figura de la copa. Repetidamente en el Antiguo Testamento, una copa es una imagen poderosa de la ira y el juicio de Dios. La copa no representaba la muerte, sino el juicio. Él terminó ese trabajo, simplemente se entregó a la muerte en decisión propia. Jesús se volvió, como si fuera, un enemigo de Dios, quien fue juzgado y forzado a beber la copa de la furia del Padre, para que nosotros no tuviéramos que beber de esa copa. Tener que tomar de esta copa figurativa fue la fuente de la gran agonía de Jesús en la cruz.

Jesús llegó a un punto de decisión en Getsemaní. No era que no había decidido ni consentido antes, sino que ahora había llegado a un punto de decisión único. Él bebió la copa en el Calvario, pero la decisión de una vez por todas de beber esa copa sucedió en Getsemaní. Un hombre sin pecado luchó contra Satanás, el pecado, a sí mismo, y la tentación en un jardín y perdió, diciendo: “Hágase mi voluntad, no la tuya” y la derrota impactó a toda la humanidad. El segundo Hombre sin pecado se enfrentó a Satanás, el pecado, a sí mismo, y a la tentación en otro jardín y ganó, diciendo: “no se haga mi voluntad, sino la tuya” y su impacto afecta a personas de toda lengua, de toda tribu y de toda nación. En respuesta a la oración de Jesús, El Padre no retiró la copa de Jesús; sino que fortaleció a Jesús a través de mensajeros angelicales para ser capaz de tomar y beber la copa. Tal vez estos ángeles, desgraciadamente, hicieron el trabajo que los discípulos dormidos no hicieron. Trapp dice que Jesús recibió esto: “para demostrar que Él se había hecho a sí mismo menor que los ángeles, Él fue fortalecido por un ángel que era su siervo. Lucas no dice que el sudor de Jesús era sangre, sino que era como sangre; ya sea por la manera en que se derramó de su frente, o porque estaba teñido con sangre de los capilares rotos y poros dilatados en su frente. Sin embargo, Ha habido casos en los que personas en un estado de cuerpo muy debilitado, o por el horror del alma, han sudado con sudor sangriento… Han sucedido casos en los cuales, debido a una intensa presión mental, los poros están tan dilatados que la sangre puede salir de ellos; de manera que hay un sudor sangriento. Él se arrodilló, por así decirlo, con todos sus nervios, intentó la mayor actividad de su espíritu y de su discurso; para pagar por nuestra devoción débil y torpe.

Los discípulos también estaban llenos de tristeza; pero en lugar de orar se durmieron. Jesús los despertó y los motivó a orar. Eran seguidores de Jesús, y seguirlo ahora les traería una prueba y un juicio que nunca podrían haberse imaginado. Jesús los motivó a hacer esto por su propio bien, pensando en ellos y en su bien en vez de en cómo fallaron en apoyarlo. El número de personas que fueron enviadas para arrestar a Jesús muestra que los líderes religiosos claramente consideraban esta una operación arriesgada, que debería tomarse acabo sin el riesgo de un motín o de fracaso. De acuerdo a Juan 18, los soldados romanos también formaron parte del grupo. Los jefes de la guardia del templo, o el Sagan, como era llamado, era el oficial responsable de mantener el orden el templo; los jefes del templo a los que se hace referencia aquí eran sus tenientes quienes fueron responsables de llevar a cabo el arresto de Jesús.

Judas saludó a Jesús, incluso dándole el beso acostumbrado. Pero el beso solamente identifico de forma precisa a Jesús ante las autoridades que habían venido a arrestarlo. Aparentemente, Jesús era lo suficientemente normal en su apariencia, por lo que era necesario que Judas lo identificara específicamente para ayudar a aquellos que vinieron a arrestar a Jesús, y él decidió identificarlo al saludarlo con un beso. Cuando un discípulo se encontraba con un amado rabino, colocaba su mano derecha en el hombro izquierdo del rabino y su mano izquierda sobre el hombro derecho y lo besaba. Era el beso de un discípulo a un amado maestro que Judas usó como una señal de traición. Por supuesto, Jesús sabía la ironía de ser traicionado con un cálido saludo; así que esencialmente le preguntó a Judas: “¿Estás tan muerto de todo sentimiento que con un beso traicionas?” Judas es un buen ejemplo de una conciencia cauterizada.

Juan 10 identifica a este espadachín misterioso como Pedro. Cuando Pedro usó el poder de la espada, solo pudo cortar orejas; pero utilizando el poder de la Palabra de Dios, podía atravesar corazones para la gloria de Dios. Cuando la iglesia toma la espada en su mano, normalmente demuestra que no sabe cómo utilizarla, y muchas veces ha golpeado al hombre equivocado. Lucas, con su precisión médica, identifica la oreja como la oreja derecha. Asumiendo que Pedro era diestro, la única manera de cortar la oreja derecha de alguien de esta manera es atacándolo por la espalda. Es posible – aunque no cierto – que Pedro atacó desde atrás. Jesús paró este derramamiento de sangre ineficaz diciendo: ¡Detente! ¡No sigas con esto! Aún aquí, Jesús estaba presente para limpiar el desastre que sus discípulos habían dejado. El sanó el daño causado por Pedro. Jesús explicó porque se fue con los principales sacerdotes, los jefes de la guardia del templo, los ancianos y con los muchos soldados que habían venido para arrestarlo. Él no presentó batalla porque este era el tiempo en que Jesús iba a permitir hacerle a Él lo que ellos querían hacerle todo el tiempo: arrestarlo y matarlo. Por todas las apariencias externas, parece que era su hora, y no la de Jesús.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.