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Los saduceos eran la versión antigua de los modernos teólogos liberales. Ellos estaban en contra de todo lo sobre natural, solo aceptando los primeros cinco libros de Moisés como auténticos, y rechazaban lo que estaba escrito en esos libros cuando les placía hacerlo. Ellos no creían en la inmortalidad, en los espíritus o en los ángeles. El nombre: saduceos proviene del nombre de la familia sacerdotal Sadoc (como en Ezequiel 44:15); era algo como decir “Sadoquitas”. Era la facción o el partido sacerdotal. Eran el partido conservador, aristocrático, sumo sacerdotal, con mentalidad mundana y muy dispuestos a cooperar con los romanos, los cuales, por supuesto, les permitían mantener su posición privilegiada. Los saduceos le hicieron a Jesús una pregunta hipotética y ridícula, esperando mostrar que la idea de la resurrección era una tontería. Basados en Deuteronomio 25:5-10, si un hombre casado moría sin hijos, era la responsabilidad de su hermano embarazar a la viuda de su hermano y después contar al hijo como descendiente del hermano fallecido. Los saduceos imaginaron circunstancias elaboradas como estas y hicieron la pregunta: “En la resurrección, pues, ¿De cuál de ellos será mujer…?”

Está práctica de un cuñado casándose con la viuda de su hermano es conocida como matrimonio levirato. El término viene del latín “lavir”, que significa “cuñado”. Esta es la idea específica en la pregunta. Probablemente, esta era una de las historias ridículas que solían contar para ridiculizar el concepto de la resurrección.

Primero, Jesús les recordó que la vida en la resurrección es muy diferente a esta vida. No es una simple continuación de este mundo y de sus arreglos, sino que es una vida de un orden completamente diferente. Este pasaje ha hecho que muchos se pregunten si las relaciones matrimoniales existirán en el cielo, o si aquellos que son esposos en la tierra no tendrán ninguna relación especial en el cielo. No se nos dice lo suficiente acerca de la vida en el más allá para responder con gran detalle, pero podemos entender algunos principios. Las relaciones familiares aun serán conocidas en la vida en el mundo más allá. El hombre rico que Jesús describió en la otra vida estaba consciente de sus relaciones familiares. La gloria del cielo será una relación y conexión con Dios que sobrepasará a todo lo demás, incluyendo las relaciones familiares actuales (Apocalipsis 21:22-23). Si parece que la vida en la resurrección de la que Jesús habló aquí no incluye algunos de los placeres de la vida que conocemos en la tierra, es solo porque los placeres y satisfacciones del cielo sobrepasan por mucho los que sabemos en la tierra. No podemos estar completamente seguros de cómo será la vida en la gloria del más allá, pero podemos saber con certeza que nadie estará decepcionado con los arreglos (Apocalipsis 22:1-5). Esta pregunta no es meramente teórica. Habrá muchos en el cielo quienes tuvieron más de un/a esposa/o, por varias razones. Jesús aquí nos dijo que los celos y la exclusión no tendrán lugar en el cielo. Este entendimiento bíblico del cielo es dramáticamente diferente de los sueños más sensuales del cielo, como los que se encuentran en la teología islámica o mormona. Mahoma, profesó que él mismo tenía un permiso especial que Dios mismo le había dado para conocer a cualquier mujer que él quisiera, y para disponer de ellas cuando lo quisiera; así prometió a todos sus seguidores placeres carnales similares en la resurrección.

Segundo, Jesús nos recordó que la vida en el cielo es eterna y comparte algunas características de la existencia que los ángeles ahora experimentan, aunque serán aún mayores, siendo llamados hijos de Dios e hijos de la resurrección, títulos no dados a los seres angelicales en el Nuevo Testamento. Si ya no habrá muerte en la vida venidera, no hay necesidad de procreación. El punto más obvio no debe de ser ignorado: Jesús les dijo a los saduceos que los ángeles eran reales. De hecho, el uso que hace Jesús de los ángeles contiene un golpe doble ya que los saduceos rechazaban su existencia. Jesús demostró la realidad de la resurrección utilizando solo la Torá; los cinco libros de Moisés, que eran los únicos libros que los saduceos aceptaban como autorizados. Si Abraham, Isaac y Jacob no vivían en la resurrección, entonces Dios no podía decir que era el Dios de Abraham, y en su lugar hubiera dicho: “Yo era el Dios de Abraham”. Esto nos dice enfáticamente que aquellos que se han ido de esta vida en el Señor viven. Ellos viven personalmente: siguen siendo individuos en la vida venidera. Son mencionados por sus nombres: son conocidos y no anónimos. Son libres de todo sufrimiento, nunca más morirán y viven como hijos de Dios. No están perdidos: sabemos dónde están, y ellos también lo saben.

Corrijamos nuestra fraseología por la de las Escrituras, y hablemos de los santos difuntos como la inspiración habla de ellos; en nuestra familia contaremos hermanos, hermanas y amigos, cuyos cuerpos yacen en el cementerio y hablaremos de aquellos que han cruzado la frontera y pasado por el velo, como siendo nuestros. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos: Esto demuestra que hay una resurrección y una vida más allá, a pesar de lo que los saduceos incrédulos pensaron y enseñaron. Jesús respondió bien, y tanto sus amigos como sus enemigos lo reconocieron. Un Dios vivo es el Dios de hombres vivos; y Abraham, Isaac y Jacob aún están vivos.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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