Todavía en la cena ofrecida por uno de los gobernantes de los fariseos, Jesús acababa de hablar fuertemente, advirtiéndoles contra el tradicionalismo, el orgullo y la exclusividad. Tal vez uno de ellos pensó romper la tensión con estas palabras. Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. El hombre habló de la bondad y la bendición del gran banquete con el Mesías del que se habló muchas veces en el Antiguo Testamento, y es conocido en el Nuevo Testamento como la cena de las bodas del Cordero:

Jesús contó una parábola acerca de un hombre que dio una gran fiesta, un gran banquete, invitando a muchos a venir. Normalmente, este era precisamente el tipo de ocasión en que la gente estaría encantada de asistir, y estaría muy feliz de haber sido invitada. En una época antes que el reloj, la fecha del banquete se anunciaba mucho antes, pero la hora exacta solo se anunciaba el mismo día. Esto significa que muchos aceptaron la invitación cuando se les dio por primera vez; sin embargo, cuando llegó el momento real del banquete, tenían una opinión diferente. Aceptar la invitación de antemano y luego rechazarla cuando llegara el día era un insulto grave. Por analogía, podemos decir que Dios lo hizo todo para que los hombres vengan y reciban de Él. El tema central de esta parábola son las excusas que se ofrecieron. Las excusas son diferentes, pero en realidad todas son iguales: todos a una comenzaron a excusarse. Las excusas comienzan a explicar por qué se rechazó una invitación tan maravillosa. Esto responde a una importante pregunta hecha por muchos: Si el cristianismo es tan cierto y tan bueno: ¿Por qué no más personas aceptan la invitación? Las primeras dos excusas tenían que ver con cosas materiales, y eran excusas tontas. Solo un tonto compra primero una hacienda, y luego se va a verla. Solo un tonto compra diez bueyes y se interesa en probarlos después de la compra. Cuando compramos algo nuevo, casi siempre estamos preocupados por ello. La preocupación por las cosas y experiencias materiales es una excusa común para no seguir a Jesús.

La tercera excusa tenía que ver con un hombre que puso a su familia antes de todo. Lo mejor que podemos hacer es mostrarle a nuestra familia que Jesucristo es lo principal de nuestra vida. Estos fabricantes de excusas se condenaron a sí mismos; sus excusas eran solo un velo delgado que ocultaba el hecho de que no querían venir. Detrás de la excusa, está la falta de deseo. No existe ninguna razón racional por la que alguien no quiera ser parte de este banquete; simplemente no querían. En decir: “no puedo ir”, el hombre pretendía; por así decirlo, descartar el asunto. Deseaba ser entendido como si hubiera tomado una decisión, y ya no estaba abierto a discusiones. No parlamentó; no habló, pero simplemente dijo: Yo no quiero ir, y eso concluye el asunto. El padre de familia debió haberse sorprendido por la respuesta; ciertamente estaba enojado. Era extraño y ofensivo que tantos inventaran excusas cuando se les había dado una invitación tan maravillosa.

Si los primeros invitados se negaron, todavía habría una fiesta, porque el padre no prepararía un banquete en vano. Vemos que Jesús respondió a la exclamación del hombre: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios preguntando: Admiras el banquete Mesiánico, pero ¿estás listo para recibir la invitación? ¿Pondrás excusas? Esta es una pregunta especialmente relevante cuando se considera el tipo de personas que también estarán en la fiesta: los pecadores, los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. El padre de la familia estaba decidido a que algunos disfrutarían lo que él había preparado. Si los invitados originalmente pusieron excusas, el padre ordenó a sus siervos que usaran toda la persuasión para llenar la fiesta. Jesús dijo fuérzalos para indicar el gran deseo de Dios de llenar Su casa, y porque estos vagabundos y marginados necesitaban ser convencidos de que eran bienvenidos, obligados por el amor. Entonces, si queremos salvar a muchos pecadores, debemos salir de nuestros propios refugios tranquilos e ir a lugares frecuentados. Debemos predicar en la calle, en el mercado o en campo del pueblo.

Trágicamente, Agustín y otros utilizaron la frase fuérzalos a entrar como una justificación para obligar a la gente al cristianismo, a veces usando persecución y tortura. Fue utilizada como una defensa de la inquisición, la palometa, el bastidor, la amenaza de muerte y encarcelamiento, las campañas contra los herejes, todas esas cosas que son la vergüenza del cristianismo. Incluso John Trapp que vivió entre 1601 a 1669 estuvo de acuerdo con esta idea. Bruce dice que, “fuérzalos”: Refleja, en primer lugar, el deseo urgente del padre de familia de tener una casa totalmente llena, en segundo lugar, da la sensación de que se necesitará presión para superar la incredulidad de la gente del campo, en cuanto a que la invitación a ellos sea en serio. Incluso podría ser que sean propensos a reírse en la cara del siervo. Como bien lo reconocen los comentaristas, la referencia escondida es a los gentiles que pronto serían invitados a entrar en el reino de Dios mediante la fe en Cristo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.