[fusion_builder_container type=”flex” hundred_percent=”no” equal_height_columns=”no” menu_anchor=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” background_image=”” background_position=”center center” background_repeat=”no-repeat” fade=”no” background_parallax=”none” parallax_speed=”0.3″ video_mp4=”” video_webm=”” video_ogv=”” video_url=”” video_aspect_ratio=”16:9″ video_loop=”yes” video_mute=”yes” overlay_color=”” video_preview_image=”” border_color=”” border_style=”solid” padding_top=”” padding_bottom=”” padding_left=”” padding_right=””][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ layout=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_color=”” border_style=”solid” border_position=”all” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding_top=”” padding_right=”” padding_bottom=”” padding_left=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” center_content=”no” last=”true” min_height=”” hover_type=”none” link=”” border_sizes_top=”” border_sizes_bottom=”” border_sizes_left=”” border_sizes_right=”” first=”true”][fusion_audio src=”https://house.life.cr/wp-content/uploads/2022/02/Mi-tiempo-con-Dios-13-de-febrero.mp3″ loop=”off” autoplay=”off” preload=”none” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” controls_color_scheme=”” progress_color=”” max_width=”” border_size=”” border_color=”” border_radius_top_left=”” border_radius_top_right=”” border_radius_bottom_right=”” border_radius_bottom_left=”” box_shadow=”no” box_shadow_vertical=”” box_shadow_horizontal=”” box_shadow_blur=”0″ box_shadow_spread=”0″ box_shadow_color=”” animation_type=”” animation_direction=”left” animation_speed=”0.3″ animation_offset=”” /][fusion_text]
Jesús acababa de enseñar sobre nuestro gran valor para Dios y sobre la importancia de escogerlo. En medio de esta enseñanza, un hombre interrumpió a Jesús para pedirle que tomara su lado en una disputa financiera. De acuerdo con la ley de aquel día, el hermano mayor recibía dos tercios de la herencia y el hermano menor recibía un tercio. Este hombre no le preguntó a Jesús que escuchara a ambos lados y hiciera un juicio justo; le pidió que tomara su lado contra su hermano. Obviamente, las palabras anteriores de Jesús acerca de la necesidad de un compromiso total y el cuidado de Dios por nosotros no penetraron el corazón de este hombre. Sentía que tenía que luchar por lo que era suyo. Si cada uno de ellos aprendiera el verdadero significado de la vida, y buscara como su esfuerzo principal ser “rico para Dios”, la cuestión de las posesiones se conformaría en sí. Uno estaría ansioso por compartir, mientras que al otro no le importaría recibir.
No era que a Jesús no le preocupa la justicia; pero Él era muy consciente de que la codicia de este hombre le haría más daño que no tener su parte de la herencia. Podemos luchar y luchar por lo que es nuestro por derecho; y al final, tenerlo puede hacernos peor que si lo hubiésemos dejado ir y permitido que Dios se encargara de la situación. Jesús no sentía que era Su responsabilidad juzgar todos los asuntos y resolver todos los problemas. Hubo algunas disputas en las que Se negó a enredarse. Aquí es donde la naturaleza engañosa del corazón es un desafío. A menudo enmascaramos nuestra codicia al afirmar que estamos en una cruzada justa. Jesús usó la petición del hombre para hablar con él y con la multitud acerca de la avaricia. Tal vez la petición apasionada de justicia del hombre realmente tenía un motivo bajo; tal vez él estaba más animado por la avaricia que por la justicia. En realidad, guardaos apenas hace justicia a la fuerza de la palabra original, que en su sentido más amplio es más bien “cuídate”. La idea es que todos estamos bajo el ataque de la codicia, y debemos cuidarnos de ella. Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee: Este es el principio general que Jesús va a desarrollar en la siguiente enseñanza de las cosas materiales. Cuando vivimos con la actitud de que nuestra vida si consiste en lo que poseemos, vivimos en avaricia, y la avaricia es idolatría.
Los hombres codiciosos por mirar por más pierden el placer de lo que ellos poseen, como un perro en la mesa de su amo tragando la carne entera que le echa sin ningún placer, aún con boca abierta para el siguiente pedazo.
El Maestro cuenta una parábola: El hombre en la historia de Jesús fue bendecido con un terreno fértil, podemos suponer que, al agregar trabajo duro a la tierra fértil, era un éxito financiero. Tuvo tanto éxito que tuvo problemas para administrar sus recursos. Su dolor y tristeza se reflejaron en las palabras, “¿Qué haré?” “Cuando somos jóvenes pensamos que ser rico significa estar libre de ansiedad por completo … Pero este hombre rico estaba tan lleno de preocupaciones como el mendigo sin seis centavos en el mundo”. Con una gran cantidad de recursos, el hombre de la parábola tenía su vida planeada con confianza. Construiría para administrar mejor su riqueza y luego disfrutaría la vida al máximo.
Pero, una noche, todos los logros y los planes del hombre fueron arruinados. Hizo planes de negocios y planes de vida, pero no podía controlar el día de su muerte, y todos sus logros y planes fueron instantáneamente nada. El hombre era un necio, no porque era rico, pero porque vivió sin conciencia y preparación para la eternidad. Pedirte tu alma es el lenguaje de la obligación. Este hombre le debía su vida, su sustento y su riqueza a Dios; pero sobre todo le debía su alma a Dios, y se le requería. Fue obligada a Dios todos los días de su vida, pero sería pedida en el día de su muerte. Todos pensarían que el hombre de la parábola fue un gran éxito, pero Dios dijo que era un necio. La eternidad probó al hombre como un necio, y su historia demuestra que no solo es pecado darles a las cosas materiales un lugar demasiado alto en tu vida, es también estúpido. En cierto sentido, esas cosas no pertenecían a Dios, porque el hombre nunca rindió esas cosas a Dios. No pertenecían al rico insensato, porque no podía llevarse esas cosas con él. Tal vez solo pertenecían al Diablo.
El problema del hombre no era que tenía tesoros en la tierra; sino que no era rico para con Dios. Podemos llegar a ser ricos para con Dios por el dar sacrificial a los necesitados. Además, al confiar en Jesús por todo lo necesario. No podemos ocultar el hecho de que las riquezas terrenales a menudo nos impiden perseguir las riquezas celestiales como debiéramos. Pablo escribió: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición. (1 Timoteo 6:9) La mayoría de nosotros le tenemos miedo a la pobreza; debemos tenerle miedo a la riqueza. John Wesley enseñó y vivió sabiamente con respecto a las riquezas. Dijo que deberías ganar lo más que puedas, ahorrar lo más que puedas, y dar lo más que puedas. Él mismo vivía con £ 28 libras británicas al año y regalaba el resto, aun cuando su salario cambió de £ 30 a £ 60 a £ 90 a £ 120 durante su vida.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
[/fusion_text][/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]
