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Un fariseo pidió a Jesús que comiese con él. Aunque Jesús experimentó un creciente conflicto y oposición de los líderes religiosos, él no los odió y aceptó la invitación. Según las palabras que Jesús dijo en su casa, es posible que el fariseo se arrepintió de invitar a Jesús. El Maestro no cumplió con los requisitos extremadamente técnicos y rígidos del lavado ceremonial practicado por muchos judíos piadosos. Esto los fariseos lo consideraban un pecado tan grande como cometer fornicación. Para estos lavados ceremoniales se guardaban recipientes de piedra especiales con agua porque el agua ordinaria podía ser ceremonialmente impura. Al realizar el lavado ceremonial, uno comenzaba con al menos suficiente de esta agua para llenar una y media, cáscaras de huevo. Uno empezaba vertiendo el agua sobre las manos comenzando por los dedos y bajando hacia la muñeca. Entonces cada palma se limpiaba frotando el puño de la otra mano en ella. Se volvía a verter agua sobre las manos, esta vez de la muñeca hacia los dedos.

Un judío realmente estricto haría esto no solo antes de la comida, sino también entre cada plato durante la comida. Los rabinos eran extremamente serios acerca de esto, diciendo que el pan comido con las manos sin lavar no era mejor que excremento. Un rabino que una vez no hizo esto fue considerado excomulgado. Otro rabino fue encarcelado por los romanos y utilizó su ración de agua para la limpieza ceremonial en lugar de beberla, casi muriendo de sed, pero siendo considerado como un gran héroe. Si estos líderes religiosos estuvieran tan preocupados por la limpieza de sus corazones como por sus manos, serían hombres más piadosos. Estos fariseos tuvieron cuidado de mantener la apariencia de justicia, pero no la realidad interna de ella. Eran necios porque podían estar limpios por fuera mientras en realidad estando sucios por dentro.

Jesús les habló con dureza, sin embargo, este no era el idioma de irritación personal, sino de advertencia y condenación divina. Parece hablar en el tono y ritmo de los profetas del Antiguo Testamento. Su diezmo era meticuloso y notable; pero hipócrita porque servía para calmar la culpa de su descuido de la justicia y el amor de Dios. Es posible y común distraerse con asuntos relativamente triviales mientras que perece un mundo perdido. Los fariseos eran tan cuidadosos en su obediencia externa que literalmente diezmaban de sus jardines de hierbas, contando semillas y hojas, y dando una décima parte de cada una a Dios. La Mishná establece que es más importante observar las interpretaciones de los escribas que la propia Ley.

Jesús no dijo que su diezmo estaba mal. En cambio, lo que estaba mal era lo que ellos no hicieron: has esto, sin dejar aquello. Las primeras sillas en las sinagogas eran los asientos de enfrente, frente a la congregación. Aquí es donde se sentaban los líderes y las personas prominentes. Ellos pensaban que no era bueno caminar bien con Dios si otros no sabían que caminaban bien con Dios. Las primeras sillas y las honradas salutaciones en las plazas eran maravillosas para los líderes religiosos que querían ser famosos, que pensaban que ser espiritual era buena manera de hacerse famoso. Jesús reprendió severamente esta actitud y proclamó un “ay” a cualquiera que la tuviera.

Literalmente, la palabra hipócritas se refiere a un actor, alguien que juega un papel. Jesús expuso la corrupción que estaba cubierta por la imagen espiritual de los escribas y fariseos. A ellos les encantaba dar la impresión de que eran muy espirituales, pero en realidad profanaban a todo con quienes entraron en contacto. De acuerdo a Números 19:16, todos los que tocaban una tumba eran ceremonialmente inmundos por siete días. Por esta razón, los judíos trataron de marcar claramente las tumbas, generalmente usando cal, para que todos supieran dónde estaban y las evitaran. Al abogado le habría ido mejor mantenerse callado, pero ya que llamó la atención sobre sí mismo, Jesús se dirigió a él también.

Debido a la forma en que interpretaban la ley, estos expertos en la ley mosaica imponían cargas pesadas sobre las personas, pero con evasiones y escapatorias elaboradas. Por ejemplo, enseñaron que, en el día de reposo, un hombre no podía llevar algo en su mano derecha o en su mano izquierda, sobre el pecho o en su hombro. Pero podías llevar algo con el dorso de tu mano, con tu pie, con tu codo, en tu oreja, tu cabello, en el dobladillo de tu camisa, o en tu zapato o sandalia. El sábado estaba prohibido atar un nudo, excepto que una mujer podía atar un nudo en su cinturón. Entonces, si un cubo de agua tenía que ser levantado de un pozo, no se podría atar una cuerda al cubo, pero una mujer podría atar su cinturón al cubo y levantarlo del pozo. Otro ejemplo es cómo los antiguos rabinos tomaron el comando de respetar el saneamiento adecuado en el campamento del ejército de Israel y lo aplicaron a Jerusalén, considerándolo el “campamento del Señor.” Cuando esta interpretación se combinó con las restricciones de viajes del sábado, resulto en una prohibición de ir al baño en sábado. Es posible utilizar erróneamente las Escrituras como una herramienta de control y opresión, todo evadiendo la verdadera responsabilidad ante Dios. Hacerlo nos pone bajo este mismo dolor y condena de Jesús.

Profesaban venerar a los profetas muertos, pero rechazaron a los profetas vivos. Jesús profetizó que estos líderes completarían el rechazo de los profetas que sus padres comenzaron, persiguiendo a Sus discípulos, a quienes les enviaría. Esta fue una condena notable de parte de Jesús, diciendo que los que lo rechazaron a Él y a Sus apóstoles y profetas, enfrentarían una responsabilidad mayor y única. De todos los mártires justos del Antiguo Testamento. Abel fue claramente el primero, y en la manera en que estaba ordenada la Biblia hebrea, Zacarías fue el último. 2 crónicas es el último libro de la Biblia hebrea, y la historia de Zacarías se encuentra en 2 Crónicas 24.

El crimen más terrible de estos religiosos fue alejar a otros de Dios. El enfoque legalista de los fariseos había quitado la comprensión y el conocimiento. Al dar a la gente una lista de reglas por las que supuestamente podrían salvarse a sí mismos, no les ayudaron para nada. Es malo que alguien no entre al cielo por sí mismo; pero es mucho peor impedir que otra persona entre. Los escribas y los fariseos no recibieron la corrección de Jesús. Prefirieron quedarse en su propio pensamiento pecaminoso y en los mismos hábitos en lugar de arrepentirse y aprender del reproche de Jesús. Su reacción fue fuerte y violenta en palabras, si no en acción. Proverbios nos dice qué hacen aquellos que rechazan la corrección. Primero, odian a quienes los corrigen. Segundo, no le hacen caso al que los corrige. Tercero, desprecian su propia alma. Proverbios también nos dice el carácter de aquellos que rechazan la corrección. Son ignorantes y necios.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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