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Jesús oró según Su costumbre, pero una petición llegó cuando terminó, los discípulos permitieron que Jesús terminara de orar. Se quedaron allí y lo observaron, bebiendo el poder de Su oración, hasta que terminó. Hubo algo en ver a Jesús orar que les despertó el deseo de aprender a orar como Jesús oraba. Había algo magnético sobre la vida de oración de Jesús, y Su forma de orar mostró algo de Su relación con Dios el Padre. Más directamente, la petición no fue para aprender cómo orar, sino a orar. Nuestra mayor dificultad no está en el dominio de una técnica o enfoque específico en la oración (aunque eso puede ser bueno y útil); nuestra mayor necesidad es simplemente orar y orar más y más.
Al parecer, Juan el Bautista también enseñó a sus discípulos algo de cómo orar; los discípulos querían aprender más de su maestro. En una ocasión anterior, Jesús enseñó esta misma oración básica (Mateo 6:9-13). El hecho de que la repitió aquí demostró lo importante que es. El hecho de que no la repitió exactamente de la misma forma que en Mateo muestra que no debía usarse como un ritual preciso o fórmula mágica para oración. Esta oración es notable por su sencillez y brevedad; es una maravilla de oración poderosa expresada en términos simples. Los rabinos tenían dichos como: “Se escucha a quien ore por largo tiempo” y “Cuando los justos hacen su oración larga, se les escucha su oración”. Una oración judía famosa comenzaba: “Bendito, alabado y glorificado, exaltado y honrado, magnificado y alabado sea el nombre del Santo”.
La oración modelo muestra que debemos venir a Dios como un Padre en los cielos. Correctamente, reconoce a quien oramos, viniendo con un título privilegiado que demuestra una relación privilegiada. Era muy raro que los judíos de ese tiempo llamaran a Dios Padre porque se consideraba demasiado íntimo. No hay evidencia de que alguien antes de Jesús haya usado este término para dirigirse a Dios. Él es nuestro Padre que está en los cielos.
Santificado significa apartado. Es decir que no hay nadie como Dios, Él es completamente único, no solo una superpersona o una mejor persona. El nombre en la antigüedad significaba mucho más que con nosotros ahora. Resumía todo el carácter de una persona, todo lo que se sabía o se revelaba sobre ella. La oración modelo nos muestra pasión por la gloria y la agenda de Dios. Su nombre, reino y voluntad tienen la máxima prioridad. En el cielo no hay desobediencia y no hay obstáculos para la voluntad de Dios; en la tierra existe la desobediencia y hay por lo menos obstáculos aparentes a Su voluntad. Los ciudadanos del reino de Jesús querrán ver Su voluntad que se cumpla libremente en la tierra como en el cielo. Algunos ven las tres cosas más importantes en estas tres peticiones. Para orar Padre nuestro se requiere fe, porque el que se acerca a Dios debe creer que Él es. Para orar Venga tu reino se requiere esperanza, porque confiamos en que vendrá en plenitud. Para orar Hágase tu voluntad se requiere amor, porque el amor es el incentivo para obedecer toda la voluntad de Dios. La oración modelo nos muestra que debemos llevar libremente nuestras necesidades ante Dios. Esto incluirá las necesidades de provisión diaria, el perdón y la fuerza ante la tentación. Cuando Jesús habló de pan, Él habló del pan real, como en el sentido de provisiones diarias. Los primeros teólogos alegorizaron esto porque no podían imaginar a Jesús hablando de una cosa cotidiana como el pan en una oración tan majestuosa como esta. Así que pensaron que el pan se refería a la comunión, la Cena del Señor. Algunos han pensado que se refería a Jesús mismo como el pan de vida. Otros han pensado que habla de la palabra de Dios como nuestro pan de cada día. Calvino correctamente dijo de tales interpretaciones que no ven el interés de Dios en cosas cotidianas: “Esto es extremadamente absurdo”. A Dios si le importan las cosas cotidianas, y debemos orar por ellas. Así tan real como la necesidad de pan de cada día es la necesidad del perdón diario. Muchas veces sentimos la necesidad de alimentos; pero la necesidad del perdón es real, ya sea que se sienta o no. El pecado se representa aquí bajo la noción de una deuda, y como nuestros pecados son muchos, aquí se les llaman deudas. Dios hizo al hombre para que pudiera vivir para su gloria, y le dio una ley por la cual caminar; y si, cuando hace algo que no tiende a glorificar a Dios, él contrae una deuda con la Justicia Divina. Tentación significa literalmente una prueba, no siempre una invitación a hacer mal. Dios ha prometido guardarnos de cualquier tentación que es más de lo que podamos resistir.
Según la costumbre de ese día, toda una familia vivía junta en una casa de una sola habitación. A un lado de la casa había una plataforma elevada donde todos dormían; abajo en el suelo estaban todos sus animales: una vaca, tal vez algunas ovejas y cabras, y así sucesivamente. No había manera de que el hombre pudiera llegar a la puerta sin molestar a toda la familia. Al hombre de la historia le tomó mucha audacia para preguntarle tan desvergonzadamente a su amigo en medio de la noche; él realmente quería y necesitaba el pan. A menudo Dios espera nuestra persistencia apasionada en la oración. No es que Dios se resista y necesite ser persuadido. Nuestra persistencia no cambia a Dios; sino que nos cambia a nosotros, desarrollando en nosotros un corazón y una pasión por lo que Dios quiere.
Se nos dice que sigamos pidiendo, buscando y llamando. Los tres verbos son continuos: Jesús no está hablando de actividades individuales, sino de aquellas que persisten. Cualquier padre humano ama bendecir a sus hijos, y nunca respondería a una simple solicitud de algo bueno con algo malo. Si ese es nuestro caso, ¡cuánto más nos contestará Dios, aunque a veces no lo parece! Dios especialmente ama dar el Espíritu Santo a los que se lo pidan. Nunca necesitamos dudar del deseo de Dios de derramar Su Espíritu. El problema está en nuestra recepción, no en el deseo de Dios para dar.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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