[fusion_builder_container type=”flex” hundred_percent=”no” equal_height_columns=”no” menu_anchor=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” background_image=”” background_position=”center center” background_repeat=”no-repeat” fade=”no” background_parallax=”none” parallax_speed=”0.3″ video_mp4=”” video_webm=”” video_ogv=”” video_url=”” video_aspect_ratio=”16:9″ video_loop=”yes” video_mute=”yes” overlay_color=”” video_preview_image=”” border_color=”” border_style=”solid” padding_top=”” padding_bottom=”” padding_left=”” padding_right=””][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ layout=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_color=”” border_style=”solid” border_position=”all” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding_top=”” padding_right=”” padding_bottom=”” padding_left=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” center_content=”no” last=”true” min_height=”” hover_type=”none” link=”” border_sizes_top=”” border_sizes_bottom=”” border_sizes_left=”” border_sizes_right=”” first=”true”][fusion_audio src=”https://house.life.cr/wp-content/uploads/2021/08/Mi-tiempo-con-Dios-26-de-agosto.mp3″ loop=”off” autoplay=”off” preload=”none” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” controls_color_scheme=”” progress_color=”” max_width=”” border_size=”” border_color=”” border_radius_top_left=”” border_radius_top_right=”” border_radius_bottom_right=”” border_radius_bottom_left=”” box_shadow=”no” box_shadow_vertical=”” box_shadow_horizontal=”” box_shadow_blur=”0″ box_shadow_spread=”0″ box_shadow_color=”” animation_type=”” animation_direction=”left” animation_speed=”0.3″ animation_offset=”” /][fusion_text]
Aunque Abimelec era un hombre impío y violento, él si entendió algunos de los principios básicos de liderazgo. Él entendió la importancia de dirigir por medio del ejemplo de sus propias acciones. Él les podía decir a sus tropas que lo hicieran como yo, y así lo hicieron. Con esto, Abimelec masacró a los últimos sobrevivientes de la ciudad de Siquem, matando como a mil hombres y mujeres. Esto cumplió gráficamente la advertencia de Jotam descrita anteriormente en el capítulo 9 y versos 19 y 20. Esto es como si un hombre corriera hacia una pila o barril de pólvora, para asegurarse de un feroz fuego. Su pacto con Baal, esa imagen de celos, fue la causa de su ruina. Ellos vieron ese fuerte como una fortaleza y un santuario; pero no les salvó. Para el pueblo de Siquem, aún una torre asegurada no les pudo proteger. Y aún así hay una torre más segura que la torre de Siquem. Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado. (Proverbios 18:10). Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo. (Salmos 61:3).
Después de su victoria brutal en la torre de Siquem, Abimelec probablemente pensó que era un experto para atacar torres. Él fue a Tebes y atacó la ciudad y la torre que allí estaba. En Tebes, una mujer dejo caer una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec y le hirió de muerte. Esto quizás era una piedra utilizada para moler granos a mano. Tales piedras tenían un promedio de diez a catorce pulgadas y pesaban cinco libras o más. Abimelec consideró que era más viril el ser muerto por su propio escudero; pero aún así seguiría muerto. Orgulloso aún en la muerte, él luego debió de responder a Dios por sus acciones malvadas. Pero mucho después de su muerte, el crédito siguió dándose a la mujer en 2 Samuel 11:21. Los comentaristas la observan solamente como la mano de Dios sobre Abimelec, que sobre una piedra él asesinó a sus setenta hermanos, y ahora una piedra le asesinó: su cabeza robó la corona de Israel, y ahora su cabeza fue herida.
Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo: Podemos tener la certeza de que Dios paga la maldad, ya sea en esta vida o en la vida por venir. A menudo Dios halla una manera para hacerlo tanto en esta vida como en la vida por venir. Dios había advertido a los hombres de Siquem por medio de Jotam. Pero ellos rechazaron la advertencia de Dios, y por lo tanto vino la ruina. Cada uno debe de considerar si Dios nos advierte sobre algo en el tiempo presente. La historia de Abimelec, los hombres de Siquem, y Jotam, nos muestran que hay un verdadero y terrible precio que pagar por rechazar las advertencias de Dios.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
[/fusion_text][/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]
