Aunque Abimelec era un hombre impío y violento, él si entendió algunos de los principios básicos de liderazgo. Él entendió la importancia de dirigir por medio del ejemplo de sus propias acciones. Él les podía decir a sus tropas que lo hicieran como yo, y así lo hicieron. Con esto, Abimelec masacró a los últimos sobrevivientes de la ciudad de Siquem, matando como a mil hombres y mujeres. Esto cumplió gráficamente la advertencia de Jotam descrita anteriormente en el capítulo 9 y versos 19 y 20. Esto es como si un hombre corriera hacia una pila o barril de pólvora, para asegurarse de un feroz fuego. Su pacto con Baal, esa imagen de celos, fue la causa de su ruina. Ellos vieron ese fuerte como una fortaleza y un santuario; pero no les salvó. Para el pueblo de Siquem, aún una torre asegurada no les pudo proteger. Y aún así hay una torre más segura que la torre de Siquem. Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado. (Proverbios 18:10). Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo. (Salmos 61:3).

Después de su victoria brutal en la torre de Siquem, Abimelec probablemente pensó que era un experto para atacar torres. Él fue a Tebes y atacó la ciudad y la torre que allí estaba. En Tebes, una mujer dejo caer una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec y le hirió de muerte. Esto quizás era una piedra utilizada para moler granos a mano. Tales piedras tenían un promedio de diez a catorce pulgadas y pesaban cinco libras o más. Abimelec consideró que era más viril el ser muerto por su propio escudero; pero aún así seguiría muerto. Orgulloso aún en la muerte, él luego debió de responder a Dios por sus acciones malvadas. Pero mucho después de su muerte, el crédito siguió dándose a la mujer en 2 Samuel 11:21. Los comentaristas la observan solamente como la mano de Dios sobre Abimelec, que sobre una piedra él asesinó a sus setenta hermanos, y ahora una piedra le asesinó: su cabeza robó la corona de Israel, y ahora su cabeza fue herida.

Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo: Podemos tener la certeza de que Dios paga la maldad, ya sea en esta vida o en la vida por venir. A menudo Dios halla una manera para hacerlo tanto en esta vida como en la vida por venir. Dios había advertido a los hombres de Siquem por medio de Jotam. Pero ellos rechazaron la advertencia de Dios, y por lo tanto vino la ruina. Cada uno debe de considerar si Dios nos advierte sobre algo en el tiempo presente. La historia de Abimelec, los hombres de Siquem, y Jotam, nos muestran que hay un verdadero y terrible precio que pagar por rechazar las advertencias de Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.