Los ceneos eran descendientes distantes de Israel, por medio de Jetro, el sacerdote de Medían y suegro de Moisés, que se regresa hasta Abraham y a su segunda esposa, Cetura (Génesis 25:1-4).

Sísara reunió novecientos carros herrados: Esta era una tecnología militar sofisticada e impresionante. Los ejércitos de Israel, bajo la dirección de Barac y Débora, estaban con gran desventaja. Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él: Este fue un maravilloso acto de fe por parte de Barac, quien se movió a un campo de batalla en donde su ejército estaba en gran desventaja frente a los carros del enemigo. Él no utilizó la ventaja de la colina, donde él quizás estuviera fuera del alcance de los carros herrados según Josué 17:16, sino que marchó valientemente hacia el valle, para darle a Sísara la oportunidad de utilizar todos sus caballos y carros, para que la victoria fuera gloriosa y maravillosa. Debido a la gran confianza de Barac hacia Dios (así como la confianza que sus ejércitos tenían en el Señor), Dios les concedió una gran victoria en contra de todas las probabilidades.

Sabemos de Jueces 5:4-5 y 5:21 que Dios ayudó a que Israel tuviera la victoria al traer una inundación repentina. Las condiciones lodosas ocasionaron que los carros herrados fueran obstaculizados, lo cual no ayudaba en la batalla. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Esta es una frase que habla de un rey o un general que dirige a sus tropas (1 Samuel 8:20). Por lo tanto, Débora tuvo un gran rol en esta victoria. Ella era una alentadora, edificando la fe de Barac y sus hombres. Su ánimo era que Dios, como rey, iría delante de Su pueblo hacia la batalla.

Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael mujer de Heber ceneo: Aquí el relato da un giro inesperado. Dios prometió que una mujer derrotaría a Sísara (Jueces 4:9). Asumiríamos lógicamente que esta sería Débora, pero Dios tenía algo más en mente. Él utilizó en lugar a la esposa de un ceneo para conseguir el fin de Sísara. Las mujeres tenían sus tiendas apartadas de sus maridos, Génesis 24:67; 31:33. Y aquí el pensó estar más seguro del acecho que en la tienda de su marido. Debido a que había paz entre el pueblo de Sísara y el pueblo de Jael, él tenía razón de creer en la invitación de Jael. Además, Cualquier perseguidor difícilmente pensaría en buscar a un hombre en la tienda de una mujer, por no hablar de un fugitivo cansado, pues esto sería una violación de la forma de vida. Jael metió la estaca por las sienes: El detalle sangriento de este asunto apoya la idea de que había un testigo de los hechos. Jael sabía como utilizar una estaca, pues era la costumbre que las mujeres instalaran las tiendas. Ella golpeó la estaca tan fuerte que la enclavó en la tierra. Jael quebrantó un principio fundamental de la hospitalidad, y muchos en el antiguo mundo pensarían que ella era una mujer traicionera. Ella quebrantó su promesa a Sísara, y mató a un hombre el cual su propio marido había hecho paz con él. Pero Dios utilizó aún la traición de ella para cumplir Su propósito. Seguramente Sísara merecía morir; él luchó en contra del pueblo de Dios por parte de un líder que había oprimido con crueldad a los hijos de Israel (Jueces 4:3). La lección es importante para nosotros – Dios aún puede utilizar la maldad del hombre para servir a Su propósito: Ciertamente la ira del hombre te alabará; (Salmos 76:10). Pero eso jamás disminuye la responsabilidad personal de aquel que hace el mal. La traición de Judas hacia Jesús sirvió el propósito eterno de Dios, pero él aún respondió por esa acción malvada.

Pero no hallamos ninguna palabra de Jael misma, declarando como ella fue llevada a realizar un acto tan repugnante hacia los sentimientos de una mujer, contrario a la buena fe, y a la violación de las reglas de la hospitalidad. Ni tampoco el escritor sagrado dice alguna palabra que explique este caso; como en el caso de Aod, él declara el hecho, y deja a sus lectores que formen sus propias opiniones.

Charles Spurgeon predicó un sermón maravilloso en este pasaje, con el título “Pecado Asesinado” cómo nosotros podemos tomar a Sísara como un tipo de pecado, y a su amo (Jabín) como un tipo de Satanás. Él insistía en que no deberíamos de estar contentos con derrotar solamente al pecado, como Barac derrotó a Sísara en la batalla; no debemos de descansar sino hasta que el pecado este muerto. Y, de la misma manera que Jael le pidió a Barac que mirara el cuerpo muerto de Sísara, Spurgeon dijo que nosotros debemos de ver al pecado asesinado por la obra de Jesús, sabiendo que Él ya ha ganado la batalla. Si estas contento únicamente con conquistar tus pecados y no matarlos, entonces puedes estar seguro de esto, es pura obra de la moralidad – una obra superficial – y no la obra del Espíritu Santo.

Y la mano de los hijos de Israel fue endureciéndose más y más: La batalla en contra de Sísara fue importante, pero no terminó con la lucha. Fue un evento importante el cual Israel debía de continuar y desarrollar y caminar en ello. Contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo destruyeron: La guerra no terminó sino hasta que Jabín fue destruido. Israel no podía pensar que la guerra terminó cuando una gran batalla fue ganada.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.