Entraron allá y tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición: Esta era una extraña combinación de baja moralidad y fuertes sentimientos religiosos. Fue como si alguien en realidad quisiera estudiar la Biblia – por lo tanto, robaría varias Biblias. Hay muchos ejemplos en la historia de personas que satisficieron un impulso religioso de una manera completamente inmoral. En Europa, en el siglo XIV, soldados sin empleo a menudo se juntaban en pequeños ejércitos de bandidos, y robaban y quemaban y raptaban pueblos y aldeas por toda Europa. Estos brutales criminales a menudo negociaban con un pueblo antes de atacarlo. Si el pueblo acordaba en darle a estos brutos una gran cantidad de dinero, el ejército dejaba la ciudad en paz. Si el pueblo se rehusaba a dar el dinero, o no podía dar el dinero, ellos atacaban. Esto era hecho con negociaciones y contratos formales. Y se ha descubierto que cuando estos terribles hombres llegaban a un monasterio, ellos insistían en tomar el dinero también – pero también demandaban que los sacerdotes del monasterio les dieran un documento escrito diciendo que todos sus pecados eran perdonados. Los hombres de Dan también usaron violencia y robo para supuestamente avanzar la causa religiosa, y el sacerdote se los permitió al quedarse parado a un lado mientras lo hacían. Durante los amotinamientos en Los Ángeles en la década de 1990, un reportero se encontró con tres saqueadores que salían de una tienda. Él les preguntó que era lo que llevaban, y los dos primeros les respondieron con groserías. Pero el tercer hombre dijo, “Me llevo alguna música evangélica. ¡Amo a Jesús!”

Pon la mano sobre tu boca: Esta era una gran amenaza. Ellos le ordenaron al Levita que parara de oponerse, sino sería atacado. Se alegró su corazón porque él estaba lleno con una ambición de mercenario. Al Levita no le importaba Micaía, solamente la paga y el estatus que podría obtener al ser sacerdote para toda una tribu en lugar de una familia. Los hijos de Dan tomaron los dioses que Micaía había hecho y al sacerdote, y se fueron. Esta es una poderosa ironía. Micaía tenía que rescatar a sus propios dioses. Obviamente, sus dioses deberían de ser capaces de cuidarse a si mismos. Nos preguntamos si Micaía vio la necedad de esto. Cada uno de nosotros adora a un dios de nuestra propia hechura o adoramos al verdadero Dios, el cual nos creó. Pero los dioses que hacemos siempre son menos de lo que somos. La adoración de los ídolos es solamente otra manera de adorarnos a nosotros mismos.

Micaía fue lo suficientemente necio para tener un sacerdote que podría ser quitado, y esto nos recuerda lo maravilloso que es tener un Sumo Sacerdote que no puede cambiar, y el cual nunca podrá ser llevado lejos de nosotros. El ejército de la tribu de Dan se rehúsa a dar a Micaía su dios de regreso, así que Micaía se va a su casa con las manos vacías. Este evento y estas palabras ilustran el desorden generalizado en Israel durante este largo periodo de los Jueces.

A Lais, al pueblo tranquilo y confiado . . . no hubo quien los defendiese: Esto esta escrito en una manera para hacernos al menos un poco compasivos con el pueblo de Lais. El pueblo de Israel fue instruido a tomar la tierra de los Cananeos, pero esto parecía un ataque sin escrúpulos de parte de hombres inicuos de la tribu de Dan. Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan: La ciudad de Dan se convertiría en la ciudad norteña más prominente en Israel. La frase “de Dan a Beerseba” (Jueces 20:1, 1 Samuel 3:20) se convertiría en una expresión que significa, “del norte al sur de Israel” indicando todo Israel.

Los hijos de Dan levantaron para sí la imagen de talla: Este era el principio de una idolatría establecida en Israel en la Tierra Prometida. Había idolatría individual en Israel mucho antes que esto, pero esto fue una idolatría oficial. A través de una extraña cadena de eventos, esto comenzó con un hijo que robó 1,100 siclos de su madre (Jueces 17:1-2). Y terminó con una tribu entera de Israel dirigida hacia una idolatría establecida. Podemos suponer que Micaía no tenía idea de que tan lejos alcanzarían los efectos de su pecado. Su idolatría personal se convirtió en la idolatría de una tribu entera, estableciendo un centro de adoración rival entre la la casa de Dios en Silo. Ya sea que fue intencional o no por parte del escritor, hay un toque de sátira en esta declaración. Allí, en Silo, estaba el verdadero centro de la vida nacional, la casa de Dios. Sin embargo, en Dan juntaron lo falso, y se entregaron a una adoración que fue destructiva.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.