Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo: Juan no se refería a que el Verbo da esta luz a todos en el sentido definitivo de salvación. Él se refería a que la razón por la que alguien nace en este mundo con siquiera algo de amor, atención o bondad es por la luz verdadera y la luz que Él da al mundo. Dios vino al mismo mundo que creó, a las creaturas que creó a su imagen, y, sin embargo, el mundo no le conoció. Esto muestra cuán profundamente la naturaleza caída del humano rechaza a Dios, y que muchos rechazan a la palabra de Dios y la Luz.

Podríamos traducir las palabras introductorias como: “él vino a casa”. Es una expresión exacta utilizada para el discípulo amado cuando, en respuesta a las palabras de Jesús desde la cruz, llevó a María “a su casa”. Cuando el Verbo vino a este mundo no vino como un extraño. El vino a casa. Se dice de los “suyos” que no lo conocieron, pero tampoco lo recibieron. Y en la parábola del Labrador Malvado nuestro Señor los representa como que mataron a su heredero no en ignorancia sino porque le conocían. Este mundo no conocía a Cristo, pues Dios lo había ocultado bajo el hijo del carpintero; su gloria estaba hacia adentro, su reino no llegó por observación.

Aunque algunos rechazaron esta revelación, otros lo recibieron y, por lo tanto, se volvieron hijos de Dios a través de un nuevo nacimiento, por ser engendrados de Dios. El final de la historia no es la tragedia del rechazo, sino la gracia de la aceptación. La idea de “recibir a Jesús” es bíblicamente válida. Necesitamos aceptarlo y recibirlo en nosotros. Más a todos los que le recibieron solo es otra forma de decir a los que creen en su nombre. La fe es descrita como recibir a Jesús. Es la taza vacía colocada bajo la corriente que fluye; la mano pobre tendida por limosnas del cielo. Los creyentes son los pequeñitos de Dios, emparentados con él por nacimiento.

Juan nos recuerda de la naturaleza del nacimiento. Los que lo recibieron son nacidos de Dios, no de esfuerzo o logro humano. Son “no de sangres”. El plural es curioso. El plural aquí podría señalar a la acción de ambos padres, o podría referirse a la sangre como conformada por muchas gotas. Esta es la declaración de Juan más sorprendente hasta el momento. Habría sorprendido a los pensadores tanto en el mundo judío como en el griego el escuchar que aquel Verbo fue hecho carne. La expresión más general de la gran verdad de que Él se volvió hombre. Él se volvió eso, de lo cual está compuesto el cuerpo del hombre.

Los griegos en general tenían un concepto muy bajo de Dios. Para ellos Juan escribió: aquel Verbo fue hecho carne. Para las personas en la antigüedad, los dioses como Zeus y Hermes eran simplemente superhombres; no eran iguales al orden y a la razón del Logos. Juan les dijo a los pensadores griegos, El Logos que ustedes saben que creó y ordeno al universo fue hecho carne.

Por el contrario, los judíos tenían en general un concepto muy alto de Dios. Para ellos Juan escribió: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros. A los judíos en la antigüedad se les dificultaba aceptar que el gran Dios revelado en el Antiguo Testamento pudiera tomar forma humana. Juan les dijo a los pensadores judíos, “La Palabra de Dios fue hecha carne.” Dios se ha acercado a ustedes en Cristo Jesús. No tienen que batallar para encontrarlo; Él vino a ustedes. Cristo entró a una nueva dimensión de existencia a través del portal del nacimiento humano y fijó su residencia entre los hombres. La idea detrás de esta frase es más literalmente, habitó como en una tienda entre nosotros. Por el sentido y el contexto, Juan conectó la llegada de Jesús a la humanidad con la venida de Dios y su morada con Israel en la tienda del tabernáculo. Se podría afirmar, y moró entre nosotros. Correctamente, el verbo significa: montar una tienda. Juan testificó de esto como un testigo, incluso como lo hizo Juan el Bautista. La gloria de Jesús no era principalmente una descarga de adrenalina y ciertamente no era algo secundario. Estaba llena de gracia y de verdad.

El testimonio de Juan el bautista estaba arraigado en su comprensión de la preexistencia de Jesús. Él sabía que Jesús era antes de él en todos los sentidos. En la antigüedad era ampliamente sostenido que la prioridad cronológica significaba superioridad. Los hombres eran humildes acerca de su propia generación, y realmente pensaban que sus padres eran más sabios que ellos – ¡por increíble que esto pueda sonar para nuestra generación!

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia: Este nuevo orden tiene una fuente inagotable de gracia sobre gracia. Literalmente significa “gracia en vez de gracia”. Evidentemente, Juan tenía la intención de dar algo de énfasis a la idea de la gracia. Probablemente, también significaba que cuando una pieza de gracia divina; por así decirlo, retrocede es reemplazada por otra. La gracia de Dios para su pueblo es continua y nunca se agota. La gracia no conoce límite ni interrupción. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. En los escritos de Pablo, Cristo desplaza la Ley de Moisés como el centro de la revelación divina y la manera de vivir. Jesús, el Verbo, es la declaración perfecta del Dios invisible. El Padre y el Hijo pertenecen a la misma familia, y ha dado a conocer la naturaleza del Dios invisible al hombre. No tenemos que preguntarnos acerca de la naturaleza y la personalidad de Dios. Jesús la ha dado a conocer con sus enseñanzas y su vida. El sustantivo Dios (theon) no tiene artículo en el texto griego, lo que indica que el autor está presentando a Dios en su naturaleza de ser más que como una persona. ‘Deidad’ podría ser una representación más precisa. El significado es que ningún humano ha visto nunca la esencia de la Deidad.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.