Job sintió que su vida estaba girando y corriendo totalmente fuera de control y que sus días terminarían y Dios dejaría todo este asunto sin resolver. Se cuenta de San Ignacio, que cuando escuchaba al reloj sonar, decía: he aquí otra hora más por la que debo rendir cuentas. Job sintió que ya había sido juzgado y condenado por Dios, y que incluso no le haría bien purificarse delante de Dios. Si lo hacía, creía que Dios solo lo hundiría en el hoyo otra vez. La experiencia de Job le decía que algunas veces Dios destruye al inocente sin ninguna razón. Nosotros que tenemos el privilegio de ver este drama desde la perspectiva divina sabemos que Job era inocente y que Dios sí tenía una razón, una razón más allá de del alcance de Job, una razón que no podía ser revelada a Job en ese momento.

Spurgeon vio el lavarse con aguas de nieve como una descripción de las cosas vanas que hacen los pecadores para justificarse de su pecado. El agua de nieve es difícil de conseguir, y es por lo tanto considerada más valiosa, tiene reputación de pureza, y por lo tanto se piensa que es más capaz de purificar, baja de los cielos y no sube de la tierra, y se piensa que es más espiritual. Aguas de nieve y limpieza misma cada uno habla de un gran esfuerzo por ser puro. Uno puede usar el agua más pura y el jabón más fuerte, pero aun así sigue siendo imposible que uno mismo pueda limpiar sus propios pecados. Mientras más consideraba Job la grandeza de Dios, más se sentía arrojado dentro de un hoyo de depravación. Dios puede arrojar a un hombre en el hoyo para ver su verdadera pecaminosidad de muchas maneras diferentes. Él puede traer el recuerdo de antiguos pecados a la memoria, permitir al hombre ser grandemente tentado y por lo tanto conocer su debilidad, revelar al hombre cuán imperfectas son sus obras, hacer entender al hombre el carácter espiritual de la ley y mostrar al hombre su gran santidad.

Las palabras de Job no son tan fuertes: Mis propias ropas me aborrecen. Tal vez usted algunas veces haya aborrecido sus ropas porque estaban tan sucias que se avergonzaba de que lo vieran en ellas. Pero usted debe estar realmente sucio para que sus ropas se sientan avergonzadas de estar sobre usted. Esto es lo que siente, el que está convencido de su pecado; que él es tan repugnante que sus mismas ropas parecen avergonzarse de él, como si ellas hubieran preferido estar en la espalda de cualquier otro que, en la espalda de un pecador tan sucio como él.

Porque no es hombre como yo, para que yo le responda: Aquí Job sentía profundamente la distancia entre él y Dios. Sentía que era tratado injustamente, sin embargo, sentía que no había manera de encarar el problema. Dios no podía ser confrontado con las circunstancias inexplicables de Job, así que Job había perdido la esperanza de alguna vez encontrar una respuesta satisfactoria a su problema. Job necesitaba alguien que resolviera las diferencias entre él y Dios. Su antiguo sistema de creencias no hacía eso; tampoco lo hacía su experiencia, ni el consejo de sus amigos. Ahí estaba Job clamando por alguien que pudiera estar con toda autoridad entre Dios y él, y así crear una manera de reunirse, una posibilidad de contacto. Este clamor era algo bueno. Mostraba a Job buscando fuera de sí mismo por respuestas. Sin embargo, fue el dolor lo que llevó a Job a este lugar, y el dolor es la única cosa que lo hará; el gozo no lo hace, tampoco la prosperidad, pero el dolor sí. Nosotros tenemos una gran promesa de un Mediador que Job aún no conocía: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. 1 Timoteo 2:5. Lo que Job anhelaba es cumplido en Jesús. Él cumple todos los requerimientos para un mediador, alguien que se ponga entre las dos partes en desacuerdo: El mediador debe ser aceptado por ambas partes, debe tener la autoridad de resolver completamente el caso, ser alguien capaz de relacionarse con ambas partes y tener el deseo de ver un acuerdo feliz.

Job inició este capítulo con el lenguaje de la corte de la ley- (Si quisiere contender con él, Job 9:3), y aquí termina con la imagen de un mediador que termine la disputa. El final de la disputa de Job no llegará hasta después, pero el final de nuestra disputa con Dios ahora está disponible en Cristo Jesús. Pero lo que es aún más maravilloso, las dos partes han ganado en la demanda. Jamás hemos escuchado de una demanda como esta, en las cortes humanas. Como vara significa también cetro o la insignia de la realeza, Job podría referirse aquí a Dios sentado en su majestad en el trono del juicio, y esta imagen lo horrorizaba tanto que, lleno de terror, era incapaz de hablar. Como no tenía un mediador, Job sentía que no podía hablar con Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.