Respondió entonces Job, y dijo: los amigos de Job fueron lo suficientemente amables como para sentarse con él en solidario silencio por siete días. Job rompió el silencio con su angustioso discurso, y Elifaz le respondió con una poética llamada al arrepentimiento. Ahora Job responderá a las palabras de Elifaz el temanita. La primera respuesta de Job a las palabras de Elifaz fueron una queja sobre la grandeza de su sufrimiento, porque Elifaz solo empeoraba su sufrimiento con su bien intencionado pero incorrecto análisis del problema de Job. Esto no solo era el sentimiento de Job; también era el juicio de Dios, como se revela más adelante en el capítulo 42.

Cuando Job estalla y pronuncia su discurso en Job 3 no maldice a Dios, pero sí se acercó. Aquí Job admite que sus palabras fueron ciertamente precipitadas, pero explicó que fue debido al excesivo peso de su pena. Job explicó por qué su sufrimiento era tan profundo y sus palabras tan precipitadas. Fue porque sentía que el mismo Dios lo había atacado y maldecido. Sentía que Dios le había arrojado saetas; había enviado veneno contra él; desplegado sus terrores en su contra. Job abrió y cerró este discurso con la imagen de Dios arrojándole flechas. Hay una evidente referencia aquí a las heridas provocadas por flechas envenenadas, y a la ardiente fiebre que provocan, produciendo una sed tan intensa y reseca, que seca toda la humedad en el sistema, detiene los conductos salivales, espesa e inflama la sangre, induce a la putrescencia, y termina en una obsesión furiosa, produciendo las imágenes más aterradoras, de las que el paciente es aliviado solo con la muerte.

Flechas; tan adecuadamente llama a sus aflicciones, porque, como flechas, vinieron sobre él rápida y repentinamente, una tras otra, y desde lo alto, hiriéndolo profunda y mortalmente. Job describió cómo le “supieron” las palabras de Elifaz. Fueron débiles e insípidas, y ciertamente no le dieron a Job ninguna salud o fortaleza. El discurso, el cual Job escuchó de la boca de Elifaz el temanita, tampoco puso mucha dulzura en su boca; ya que carecía de compasión y consuelo. Si usted lo lee en casa. Verá que será digno de ser el primero de una singular selección de mortificantes declaraciones. Él había hablado tan dura y severamente como si fuera un juez dirigiéndose a un criminal que sufría no más de lo que merecía. Job insistía en que tenía razón para su pena. El asno no gime y el buey no muge cuando tienen suficiente comida; en la misma analogía, Job no se queja sin razón. El gemido siempre es evidencia de un deseo. El asno salvaje no gime cuando tiene pasto, tampoco lo hace el buey sobre su forraje.

Job regresa al tema de su queja en Job 3, donde lamentaba el día de su nacimiento y creía que sería mejor que ese día no existiera. Aunque Job no parece nunca haber contemplado el suicidio, deseaba que el mismo Dios terminase con su vida. Cuando la respuesta no llega, cuando en vez de la liberación del final, tenemos la continuidad del dolor, y un gran silencio, entonces déjenos recordar esta historia: y permanecer confiados de que hay alguna explicación, y que cuando llegue, agradeceremos a Dios que no nos haya concedido nuestra petición.

Que soltara su mano, y acabara conmigo: La idea puede contener a Dios una vez más como a un arquero disparando flechas a Job. Él ruega porque Dios simplemente pudiera arrojar más flechas y acabara con su vida. Que yo no he escondido las palabras del Santo: Aquí Job insiste otra vez en su inocencia básica ante Dios. La calamidad en su vida no era debido a algún pecado como esconder las palabras del Santo (tal vez mejor traducido como que no he negado las palabras del Santo, como en la NVI).

Si Job sentía la responsabilidad de no negar o esconder las palabras del Santo, nosotros tenemos una más grande responsabilidad aún. ¿Escuchaste ese espléndido sermón? ¡Qué retórica! ¡Qué oratoria! Pero esas pobres personas en los pasillos no entendieron ni una palabra, o si lo hicieron solo comprendieron oraciones desconectadas, y perdieron el alma del discurso. ¿Es esto correcto? ¿Va esto de acuerdo con la idea escritural de predicar? Si la siguiente generación se volviera más perversa que la presente, aun así más ignorante del evangelio, el hecho será cargado sobre aquellos que ocultan las palabras de Dios hoy. Job reflejaba el sentido de desesperanza del que sufre severa y crónicamente. Sin fuerza interna para enfrentar los desafíos presentes y futuros, él no sentía esperanza alguna.

Podemos sentir la profundidad de la angustia de Job: ¿Es mi fuerza la de las piedras, o es mi carne de bronce? No debemos pensar que Job es como un orador de autoayuda que se alienta a sí mismo buscar dentro de sí por una fuente oculta de ayuda. Más bien, estas palabras del hombre sacudido por el dolor que se sienta en un lugar quemado en el vertedero de basura indica el sentido absoluto de impotencia de Job. Si su única ayuda está dentro de él, entonces no tiene ninguna. Ciertamente todo auxilio le ha faltado. La traducción NVI de Job 6:13 es útil: ¿Cómo puedo valerme por mí mismo, si me han quitado todos mis recursos? Las palabras de Job pueden traer consuelo inmenso por la simple razón de que muchos que sufren han sentido ira, pero se han sentido demasiado avergonzados como para expresarla.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.