Job no tenía conocimiento de estos hechos de la naturaleza; mucho menos tenía poder sobre los animales. Estas cosas pertenecían a Dios y no a Job. Uno de los animales más admirados del mundo del Antiguo Testamento era el asno montés. Fue un cumplido y una promesa de una libertad envidiable cuando un ángel declaró que Ismael se convertiría en un asno montés. La criatura era admirada por su libertad y por su capacidad de sobrevivir bajo las condiciones más difíciles. Dios sabía cómo vivía y se le proveía al asno montés; Job evidentemente no. Del por qué una criatura tan débil e inofensiva como el asno montés debe ser indomable, cuando la mayoría de los salvajes leones y los tigres han sido domados, y cómo llega entonces a haber una diferencia tan grande entre el asno montés y el domesticado, usted no puede dar una explicación.

Nadie dudaría de que Job era más listo que un búfalo; sin embargo, un búfalo no le serviría. Job carecía de conocimiento y de dominio sobre el mundo natural. Búfalo no es una traducción muy buena; ni tampoco la traducción de la Versión King James en inglés de “unicornio”. Este animal en realidad es un imponente y poderoso animal extinto conocido como el aurochs. El aurochs, extinto desde 1627, era un enorme animal y el más poderoso de todos los animales ungulados, excedido en tamaño solo por el hipopótamo y el elefante, Es el símbolo común de fuerza en el Antiguo Testamento, donde es mencionado nueve veces. Comprendiendo la imponente naturaleza de este antiguo búfalo, Dios crea aquí una imagen graciosa para Job. Uno podría fácilmente imaginarse a Job utilizando un rinoceronte para arar su campo o poniéndolo en su granero.

Dios hablaba del orgulloso agitar de alas del avestruz. Tal vez Job podía explicar por qué un ave que no podía volar tiene alas, o por qué una creatura alada no puede volar. Es lo que es, un ave tonta, porque Dios la hizo así. ¿Por qué? El cómico relato sugiere que en medio de la profusión de creaturas algunas fueron hechas para serle útiles al hombre, pero otras están ahí solo para el entretenimiento de Dios y el nuestro. Este pasaje es notable en que continúa con el primer y único humor real en el Libro de Job. Dejémosle a Dios sacar una trampa como esta, sacándole una sonrisa a Job cuando el pobre hombre ha sido tan intenso en su miseria. Dios le recordaba a Job que Él es el que da la sabiduría; él da o priva como le plazca. Fue a través de ejemplos maravillosos y extraños como el avestruz que Dios enseñó y entretuvo a Job. Acostúmbrate a mi ridiculez, y vive por fe, no por vista. Sé cómo el avestruz: aunque no puedas volar, ¡aún puedes agitar tus alas alegremente!

Como muchos, Job podía impresionarse con la majestuosa fuerza del caballo. Sin embargo, no tenía fuerza para dar al caballo; esta venía de Dios y no de Job o algún otro hombre. ¿Puedes hacer un animal como este? ¿Puedes controlarlo? Incluso la montura bien domesticada y bien entrenada rompe las restricciones del jinete más hábil, de tal manera que incluso el único animal domesticado de esta lista no está completamente bajo el control del hombre. Job no podía dar explicación para la naturaleza guerrera de un caballo, la cual opera contra la razón y el interés propio del caballo. En esta creatura tenemos, por lo tanto, un ejemplo claro del maravilloso poder y la sabiduría de Dios. Si el caballo es tan fuerte y beligerante ¿qué es el Omnipotente, ese hombre de guerra?

Después de considerar a varios animales terrestres y la sabiduría y el misterio que los rodea, ahora Dios se vuelve hacia un ave majestuosa – el gavilán. Job no podía explicar, mucho menos crear las mecánicas de vuelo para esta noble ave. El creador de todas las cosas está asombrado ante las cosas que él mismo ha hecho. Job era igualmente incapaz de explicar al águila y sus formas, muchos menos darle órdenes. Pudiera parecer que Dios estaba siendo duro con Job; pero uno debe comparar lo que Dios le dijo a Job con lo que los acusadores de Job pensaban que Dios debía decirle. Dios no vino a Job como juez, ni siquiera como policía; vino a Job como un maestro – un maestro amoroso, encantador, alegre, poderoso, y con sentido del humor. Dios estaba una vez más con Job (en su relación apropiada, por supuesto), y eso era suficiente para Job. Lo que estos discursos no contienen es casi tan importante como lo que sí. Los discursos no revierten la opinión de Dios en el Prólogo sobre Job. Satanás estaba equivocado al impugnar las razones internas de Job para ser recto, y los amigos de Job estaban equivocados sobre que la conducta externa de Job fuera la razón de su sufrimiento. Job no recibió ni la formulación de cargos ni tampoco el veredicto de inocencia que deseaba. Pero tampoco fue humillado con una lista de pecados que hubiera cometido por los que estuviera siendo castigado. Si nos parece exasperante que Dios nunca le da a Job ninguna razón para su prolongada y dolorosa experiencia, entonces nos habremos perdido el punto de estos capítulos finales. Mientras que es verdad que la respuesta del Señor para Job no es ni lógica ni teológica, no es lo mismo que decir que no le da respuesta alguna. El Señor sí da una respuesta. Su respuesta es Él mismo.

Bradley concluyó en este punto: “Un pensamiento, y solo uno, es traído al primer plano. El mundo está lleno de misterios, extraños, inaccesibles, misterios abrumadores que no podemos entender. Confía, confía en el poder, y en la sabiduría, y en la bondad de Él, el Omnipotente, que lo gobierna.” Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.