Eliú continuó con el tema de la justicia perfecta de Dios. Aquí hizo énfasis en la idea de que nada de lo que el hombre hace está oculto a los ojos de Dios. ¡Qué verdadero es todo esto, y qué importante, que deberíamos poner todo esto en el corazón! Pero cuán completamente fracasó en explicar el problema de los sufrimientos de Job. Una vez más tenemos que decir que todo es verdad, incluso sobre Job, pero no era toda la verdad. Además, dijo esto como una advertencia para Job que, el juicio de Dios era tan perfecto que Él juzgaba a los reyes y príncipes de este mundo sin parcialidad. Por lo tanto, si Job no se arrepentía del pecado que provocó su crisis y su pecaminosa respuesta a éste, podía estar seguro de que Dios lo juzgaría como a uno de los que se apartaron de él.

Eliú mencionó las palabras de humilde arrepentimiento que él pensaba que Job debió haber dicho. Job era ese alguien que Eliú tenía en mente. Él valientemente debió haber tomado el castigo, debió haber prometido que no ofendería más, habiendo por lo tanto aceptado su anterior culpa, debió haberse sometido humildemente, pidiéndole a Dios que le enseñara. Eliú no vio nada de esto en Job y lo ofendía y lo enojaba. Por lo tanto, presionaba a Job a hacer lo que él consideraba correcto. Eliú criticaba lo que él consideraba la arrogancia de Job. “¿Debe Dios solo ser lo que tú crees que debe ser, y solo hacer lo que tú crees que debe hacer?” La pregunta en el versículo 33 podría llevar la intención de asustar a Job. ¿Debe Dios recompensarlo por un trato injusto? Evidentemente no. Como los otros, Eliú está atascado en la misma inevitable conclusión: Job tiene la culpa. Y su culpa es medida por la escala de sus sufrimientos.

El joven Eliú intentaba persuadir a Job con ultimátum y presión que los tres amigos de Job no utilizaron. Presionaba sus puntos sobre Job con gran vigor. Es doloroso ver a este joven y descarado Eliú hablarle al piadoso Job de esta manera. Sin embargo, recordamos que hay poca duda de que Eliú tenía las mejores intenciones. Él realmente creía que estaba ayudando a Job. Él hace esto por un instinto especial por el bien de Job, y no por ningún deseo de venganza. Según Eliú, era de la opinión común de los hombres inteligentes y del hombre sabio que viera la situación de Job. Todos estaban de acuerdo en que él no tenía verdadera sabiduría o entendimiento en su situación. El joven pensaba que Job no había sufrido suficiente. Pensaba que un poco más de sufrimiento (probado ampliamente) tal vez podía llevar a Job al arrepentimiento. Este es un deseo muy duro: pero todo el capítulo lleva el mismo espíritu; casi desposeído de bondad y compasión. ¿Quién podría suponer que tales argumentos podrían salir de la boca del amante Salvador de la humanidad? Nosotros sabemos por Job 1 y Job 2 que Job en realidad era un hombre perfecto y recto que hablaba desde la niebla y el dolor de su crisis y en la presencia de sus amigos que lo malinterpretaban. Eliú pensaba que los problemas de Job comenzaron con su pecado, y empeoraron cuando a su pecado añadió rebeldía, cuando despreció el buen consejo de sus amigos y cuando contra Dios multiplica sus palabras.

El versículo 37 es muy directo en su acusación. La anterior irreverencia de Job fue atribuida a su estupidez en vez de a su perversidad. La primera puede ser corregida con instrucción en sabiduría. La cura de la última es más difícil, especialmente cuando es obstinada y repetida. Él termina el capítulo reprendiendo a Job una vez más con una rígida severidad que excede incluso a la de sus amigos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.