Job era torturado por la ironía de todo. Los hijos de los hombres que Job ni siquiera pondría con los perros de su ganado ahora eran los que se burlaban de él y lo criticaban. Él está diciendo: “Así eran las cosas antes, pero ahora estos pícaros vienen a burlarse y arrojarme piedras. Yo ya no les sirvo para nada”.

No eran lo suficientemente confiables como para ser pastores, cuidadores de asnos, o guías de camellos; ni siquiera para tener el cuidado de los perros que cuidaban del ganado. El dicho es lo que llamamos una expresión de gran desprecio.

Los perros se mencionan con menosprecio en todas partes aquí, como sucios, improductivos, y criaturas malditas; como en 2 de Samuel 16:9; 2 de Reyes 8:13.

Job comenzó a ridiculizar a aquellos sinvergüenzas que en ese momento ya no le necesitaban. Él pensaba sobre los despreciables hombres que ahora eran sus críticos, lo injusto que era todo ello. Esta larga descripción de estos buenos para nada, es un estilo especial de retórica. Definir cada faceta de su libertinaje, el declararlo de seis maneras diferentes, no lleva la intención de gloriarse en ello, sino de elevar la naturaleza patética de su deshonor. Estos malvados le ridiculizaban por medio de chistes, refranes y canciones. Job supo lo que era verse como objeto de burla por parte aquellos jóvenes matones.

Job no se escabulló de la ciudad; fue abandonado en una vía. ¿Por qué otra razón estaría sentado en un montón de cenizas y rascándose sus lesiones con una teja de barro? Evidentemente, sus vecinos lo habían llevado a la fuerza para ponerlo en cuarentena en el basurero del pueblo, en donde habría estado más expuesto a enfermedad, a los elementos, a las ratas y piojos; y peor aún a más humillación pública.

Job lloraba la agonía de su estado presente de ser despreciado entre los hombres, cuando antes era respetado y honrado. Su honor y prosperidad se han esfumado. El versículo 14 es muy vívido. Job se veía a sí mismo como una ciudad con una amplia brecha en su muro. Caen las piedras y se estrellan, y entre los escombros de los instrumentos del sitio de guerra pasan rodando. La tranquilidad y la dignidad de las que había disfrutado se ha esfumado como una nube.

Produce cierto cansancio escuchar a Job. Primero se jactaba de haber sido un hombre tan destacado. Y en este momento, estaba implorando compasión y diciendo “Yo era un hombre muy importante y ahora, mirad la condición en que me encuentro”. ¿Y a quién le echó la culpa? Pues nada menos que a Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.