Job continuó con su queja desde su lugar de miseria. Utilizando la exageración poética, Job poderosamente comunicaba su dolor presente y el sentimiento de que sería mucho mejor si nunca hubiera sobrevivido a tal catástrofe. Es fácil– Pero muy, muy equivocado– pensar que Job era un pecador porque era tan emocional. Pero la Biblia no nos presenta un enfoque estoico y sin emociones a los problemas de la vida. No se puede enfatizar lo suficientemente fuerte que los alarmantes sentimientos expresados en este discurso no significan que Job ha tenido un colapso mental. La prueba del Señor no es descubrir si Job puede quedarse sentado sin moverse como una pieza de madera. Job estaba equivocado en su comprensión de la vida después de la muerte, tal vez creía algo similar a la doctrina moderna de las almas dormidas, que dice que todos los muertos yacen en la tumba en una especie de estado suspendido hasta la resurrección del día final. La idea de las almas dormidas es errónea por lo que Pablo claramente escribió en 2 a los Corintios 5:6-8 – que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor. Pablo entendió que, si no estaba vivo en esta tierra, estaría en la presencia de Dios y no en un estado suspendido en una tumba. Pablo también entendió que si moría sería ganancia inmediata (Filipenses 1:21), lo cual también argumenta contra la idea de las almas durmientes. Entendemos que de ninguna manera esto aleja de la verdad de la Biblia al Libro de Job. Lo que es verdad es que Job sí dijo esto y realmente lo creía, la verdad de su afirmación debe ser evaluada de acuerdo al resto de la Biblia. Sin embargo, entendemos que Job no apuntaba a la certeza teológica ni deseaba explicar la vida después de la muerte. Él derramaba la agonía de su alma.

Job se preguntaba por qué Dios permitía a aquellos en una miseria como la suya continuar viviendo, y por qué les daba vida a los de ánimo amargado. Es una expansión conmovedora y poética de la idea expresada en el pasaje anterior, especulando que la muerte era mejor que la miseria presente. Job se encontraba entre esos que esperan la muerte, y ella no llega. Sin embargo, él no se suicidó ni tampoco pareció considerarlo seriamente. Una vez más, esto era el flujo de un alma honesta y agonizante. Los problemas de Job no llegaron porque hubiera perdido su fe en Dios. Él sentía y temía que Dios había perdido fe en él. Él pregunta, ¿Por qué continuar viviendo si no puedo ver el camino y Dios me ha atrapado en este lugar? Su preocupación de inicio a fin es Dios; no su riqueza ni su salud, sino su vida con Dios. Esto es porque parece que el haber perdido a Dios es la razón por la que está en semejante tormenta. Nunca se queja ni llora de que el Señor se ha llevado a sus hijos, sus criados, sus camellos, y su edificio. Lo que Job realmente se duele es que siente la pérdida de su conexión espiritual, de lo que realmente se lamenta es de la pérdida de su paz con Dios – la pérdida de comunión ininterrumpida con su Creador, la pérdida de cualquier sensación de amistad y aprobación del Señor. Dios le permitió a Job continuar viviendo para enseñarle una lección a los seres espirituales, para enseñarle una confianza especial en Dios, para enseñarle a no darle tanta importancia a la sabiduría del hombre, para vindicarlo delante de otros hombres, para enseñarle una lección para toda la eternidad y para darle más de lo que alguna vez tuvo.

Job nos recuerda que antes de que el desastre llegara a su vida, no vivía una vida feliz y libre de preocupaciones. Él estaba preocupado de que los problemas pudieran llegar a él o a su familia, así que tomaba precauciones delante de Dios para prevenir (Job 1:5). Mientras estuve en prosperidad pensaba que la adversidad podía llegar, le temía grandemente. Temía la pérdida de mi familia y de mi propiedad, y ambas ocurrieron. No fui alzado: yo sabía que lo que poseía lo había obtenido por providencia divina, y que el que dio podía quitarlo. No me fue quitado todo como castigo por mi autoconfianza. No he tenido paz, ni me aseguré, ni estuve reposado; no obstante, me vino turbación: Con estos últimos cuatro golpes del martillo, Job termina su primer discurso. A lo largo de todo este él nos muestra que incluso un gran hombre de fe puede caer en gran depresión y desesperanza.

¿En qué parte del mundo encontrará un tipo de lamentación más desesperada, incontrolada e inquebrantable? Sin embargo, como dijo Morgan: “Tal derramamiento es algo mucho más sano para el alma que la oscura y silenciosa melancolía.”

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.