Job no solo anhelaba los días antes de que perdiera a sus hijos, su salud y su riqueza; él anhelaba especialmente los días antes de que perdiera su sentido de la cercanía de Dios. Hubo un tiempo donde sentía que Dios lo guardaba; y esos días habían terminado. Se descubre su pena más profunda. Era esa del sentimiento de que, de alguna manera, y por alguna razón, Dios ya no cuidaba de él. Probablemente, después de una pausa, Job reanudó su discurso. Esta segunda parte no era tanto una respuesta para sus amigos, sino más bien una declaración de todo su caso como él lo veía.

Job cariñosamente recordaba los días en los que parecía que Dios estaba con él en vez de contra él. Nos recuerda el hecho de que la gran crisis de Job después de sus catastróficas pérdidas era principalmente espiritual, en que no sentía el apoyo ni el auxilio de Dios en las consecuencias de sus pérdidas. Es algo grandioso para el hombre el estar cerca de Dios; es un privilegio muy selecto el ser admitido en el círculo íntimo de la comunión, y volverse un amigo íntimo de Dios. Así como es grande el privilegio, lo es la pérdida. Ninguna oscuridad es tan oscura como la que cae sobre los ojos que estaban acostumbrados a la luz.

Spurgeon describe las formas en las que Job sentía esta gran pérdida de Dios. Primero, se queja de que ha perdido la consciencia de la preservación divina (Como en los días en que Dios me guardaba). Job también había perdido la consolación divina, porque ve atrás con lamentación al tiempo en el que la lámpara de Dios brillaba sobre su cabeza (Cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara). Además, Job deploraba la pérdida de la iluminación divina. ‘Por su luz,’ dice, ‘yo caminé por la oscuridad,’ es decir, la perplejidad dejó de ser perplejidad. Adicionalmente, Job había perdido su comunión divina: eso parece, pues lloraba los días de su juventud, cuando el secreto de Dios era su tabernáculo.

Job pintó una imagen hermosa (si no exagerada) de su antigua vida feliz. Él genuinamente sentía que estaba en comunión con Dios y que la bendición fluía en cada área de su vida. Cuando yo salía a la puerta a juicio, Y en la plaza hacía preparar mi asiento: En este y en los siguientes versículos Job recordaba cuán grandemente era respetado en la comunidad. Tenía una posición de liderazgo y era respetado por los jóvenes y honrado por los ancianos. Incluso príncipes y principales guardaban silencio y lo escuchaban. No tenemos idea de que ciudad era, pero cualquier ciudad que tuviera una puerta y una plaza pública era un centro urbano principal.

Job no solo obtenía la atención de la gente y los líderes de la ciudad en días pasados, también les agradaba y les gustaba lo que tenía que decir. Él era bienaventurado y los que lo escuchaban daban testimonio de él. Él describía como su reputación de sabiduría y bondad era merecida. Era un hombre lleno de obras buenas y nobles, especialmente para los pobres y los desamparados. Nos recuerda que, aunque Job era un hombre de gran riqueza e influencia (Job 1:1-3), usaba su riqueza e influencia para hacer el bien en vez de simplemente ser avaro y egoísta con sus bienes.

En la consciencia de Job, pecado no son solo las cosas malas que hace la gente, desobedecer leyes de Dios o de la sociedad, el no hacer el bien a ningún otro ser humano, de cualquier rango o clase, sería una ofensa grave para Dios. No era ambición, popularidad, ni interés propio lo que puso a Job sobre estas buenas prácticas y medidas, y las que les siguieron, sino el cuidado que tenía de cumplir con su confianza, y el amor puro que le tenía a la justicia y al trato justo. Esta es la primera vez que hace mención de sus buenas obras como evidencia de su fe, aunque más bien ha tomado su posición honestamente solo sobre la fe y no sobre obras. El hecho de que Job esperara tanto para mencionar cualquier evidencia sólida a este debate muestra gran control de su parte.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.