Job establece el punto que había estado construyendo en los versículos anteriores. Los hombres buscan arduamente y están dispuestos a soportar peligro por el bien de las riquezas de esta tierra; pero todo eso es fácil comparado con la búsqueda de la sabiduría. El hombre no ve esta sabiduría sino solo hasta donde Dios se sienta complacido de revelársela, y, por lo tanto, no puede declararla a otros; el hombre no prepara, ni ordena, ni la elabora, y, por lo tanto, no es de sorprenderse si no puede buscarla.

Job hablaba de cuán rara es la sabiduría, haciéndola aún más valiosa entre los hombres. Ciertamente, esta no se dará por oro y es, por lo tanto, más valiosa que todos esos metales preciosos. La lógica de decir en un aliento, No está aquí, pero, incluso si estuviera, no podrías comprarla, es encontrada con frecuencia en la Biblia.

Job explicaba qué difícil era encontrar sabiduría, y luego hizo la pregunta lógica. Job sabía que él necesitaba esta preciosa sabiduría, y ciertamente sabía que sus amigos necesitaban esta sabiduría. Es seguro que el hombre, no conoce ni el precio de la sabiduría divina, pues es invaluable; ni el lugar donde se encuentra, pues no es investigable; ni el orden de esta, pues es inalcanzable hasta que lleguemos al cielo.

Parece decir que, aunque los hombres exploren los lugares profundos de la tierra con toda la diligencia de los mineros que buscan oro y plata, que, aunque ejerzan todo su poder mental, como los mineros usan su vigor muscular, y aunque empleen toda la maquinaria dentro de su alcance, como hacen los hombres para atravesar las rocas en la búsqueda del precioso tesoro, no está dentro del alcance de la labor y habilidad humana el alcanzar la sabiduría. Esa solo puede ser encontrada por otro y por un método más elevado; debe llegar a nosotros por revelación de Dios, pues no podemos encontrarla con nuestros propios esfuerzos.

Job conocía la respuesta a su propia pregunta; él sabía que Dios entendía la sabiduría y su fuente. Esto es, en efecto, en el momento nuestra confianza y consuelo – ‘Dios entiende.’ Las cosas que nos dejan perplejos, no lo asombran; los misterios que nos rodean, no son misterios para Él. Habiendo mostrado a Dios como la fuente de la sabiduría, el autor hace ahora su aplicación al hombre. El hombre debe buscar a Dios por sabiduría. El hombre puede tener parte de ella solo a través del conocimiento de la mente revelada de Dios. El mismo Dios que domina el mundo natural tiene las riquezas de la sabiduría a su disposición. Él ha demostrado su propia sabiduría a través del diseño del mundo natural.

Job concluyó este gran discurso regresando al punto de referencia de la revelación. Como la verdadera sabiduría viene de Dios, es encontrada estando en una buena relación con Él (el temor del Señor), y es mostrada por una vida que se aparta del mal.

Job entendió lo que el posterior salmista también entendió: El principio de la sabiduría es el temor de Jehová (Salmos 111:10), una idea que se repite también en Proverbios 9:10 y 15:33. Si la verdadera sabiduría puede ser ganada por el simple esfuerzo humano, energía, e ingenio (como los metales raros y preciosos de la tierra), entonces el temor del Señor no es esencial para obtener sabiduría. Pero si esta viene de la revelación de Dios, entonces una buena relación con él es la clave de la sabiduría.

Adam Clarke dijo: “Esto probablemente se refiere a la revelación de su voluntad que Dios dio a Adán después de su caída. Él antes había buscado sabiduría de una manera prohibida. Cuando él y Eva vieron que el árbol era agradable a los ojos, y que era un árbol deseable para adquirir sabiduría, lo tomaron y sí lo comieron, Génesis 3:6. Por lo que perdieron toda la sabiduría que tenían, al no conformarse con el temor del Señor delante de sus ojos, y se volvieron necios, perversos, y miserables. Escuchen, entonces, lo que Dios prescribe como un remedio apropiado para esta terrible enfermedad: El temor del Señor, esto es la sabiduría; es tu única sabiduría ahora el poner a Dios siempre delante de tus ojos, para que no vuelvas a pecar.”

Adquirir sabiduría requiere el sacrificio total de nuestra posesión más preciada: nosotros mismos. Más específicamente, lo que se requiere es que rindamos nuestra voluntad.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.