Parece que Job esperaba que sus amigos respondieran – era, después de todo, el turno de Zofar. Pero se quedaron callados, tal vez por cansancio o por frustración con Job; así que Job continuó. No es que hayan perdido el debate; más bien, lo que han perdido es la paciencia con Job. Se han rendido con Job como un caso perdido. De ahora en adelante su único argumento será el argumento del silencio, de llevarse las manos a la cabeza en indignación. ¿Qué puedes hacer con un hombre que es tan testarudo e incorregible?

En el capítulo anterior Job alabó el poder de Dios, pero también reconoció que necesitaba algo más que el poder de Dios. Necesitaba rescate de aquel que amargó el alma mía. Job había apelado a Dios muchas veces. Ahora jurando por la vida de Dios, utiliza la medida más fuerte posible para forzar la mano de Dios. La aproximación es discordantemente irónica. Incluso cuando Job confiesa su fe en el Dios viviente, directamente acusa a este Dios de desertarlo, de dejarlo tirado. Job no dice, “vivo yo,” sino “vive Dios,” a pesar de que este Dios ha ocultado su rostro y le ha negado justicia. Él sentía que Dios le había negado justicia, pero inconsistentemente aún sabía que de alguna manera Dios era justo; así que podía jurar por su vida. Esta misma incongruencia aplica también a sus fantasías anteriores, cuando con palabras altamente emocionales vio a Dios como su enemigo.

Si ha sido el Omnipotente quien nos ha causado problemas, ciertamente también puede consolarnos. Él que es fuerte para hundir también es fuerte para salvar. Si él es Omnipotente para amargar, también debe ser Omnipotente para endulzar. ¡Oh sí, esa palabra ‘Omnipotente’ corta para ambos lados! Nos hace temblar, así que mata nuestro orgullo: pero también nos hace tener esperanza, así que destruye nuestra desesperanza. En su osada y directa manera de hablar delante de Dios y sus amigos hasta este punto, uno podría pensar que Job ha hablado iniquidad. Sin embargo, Job no pensaba que lo hubiera hecho, e insistía en que no lo haría. Él se quejaba

Sea como el impío mi enemigo: Aquí Job, en términos bastante fuertes, está pidiendo que el mismo castigo que sus amigos piensan que él merece caiga sobre sus propias cabezas, por sus falsas acusaciones. En la ley israelita la pena por acusación maliciosa del inocente era el castigo que conllevaba el delito por el que se había sido erróneamente acusado. De ahí el rechazo de Job hacia los cargos con el juramento. Que el que me odia sea tratado como la persona impía que deshonestamente dice que soy. Job era acusado por sus amigos de ser un impío; de aferrarse a pecado oculto en vez de confesar y arrepentirse. Aquí Job está de acuerdo en que la esperanza del impío era vana. Él estaba en una situación difícil delante de sus amigos. Estaba de acuerdo en que Dios no escuchaba el clamor del impío; pero tenía que soportar su propia temporada de silencio de parte de Dios. Job podía consolarse en el entendimiento de que él sí invocaba a Dios mientras que un impío no.

Una señal segura del impío es que él no invocará a Dios en todo tiempo. Podría por sus aflicciones ser llevado a orar; pero si Dios no le responde rápidamente, cae en desesperanza, y abandona a Dios y a la oración; mientras que yo constantemente continuo en oración, a pesar de la penosa y larga continuidad de mis calamidades. Job estaba profundamente frustrado ante la falta de entendimiento de sus amigos. Ellos conocían ciertos principios sobre Dios y Su camino en el mundo, pero aplicaron mal esos principios a la situación de Job.

Job estaba diciendo: ¿Debo enseñarles acerca del poder de Dios para castigar? Es verdad, nunca podría ocultar de ustedes un tema sobre el cual han expuesto con mucho detalle. Los amigos de Job afirmaban conocer a Dios y sus caminos, sin embargo, analizaban la crisis de Job de una manera absurda.

Reuniendo toda la fuerza de su fe, declaró que les enseñaría a sus oponentes “acerca de la mano de Dios,” y ahora tomó prácticamente todo lo que ellos habían dicho acerca de la inspección de Dios sobre los impíos, y lo regresó sobre ellos como un anatema.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.