¡Cuántas veces apagada es la lámpara de los impíos y sobre ellos viene su quebranto, y Dios en su ira les reparte dolores! En la pregunta retórica de Job, él respondería “No lo suficiente.” Y no le provocaría a Job ninguna satisfacción escuchar que el juicio más bien vendría sobre la descendencia del hombre impío. Si el castigo es retrasado, los amigos pueden caer otro paso y decir que los hijos pagarán por los pecados de sus padres. Job considera esto como monstruoso, que alienta a más depravación, como si dijeran: ¡Podemos pecar, nuestros hijos pagarán! Al pensar sobre la aparente comodidad del impío, Job casi desespera. Clamó a Dios para que trajera quebranto sobre los impíos en su propio día, y no en el tiempo de su causa después de sí. Job reconocía que la impiedad nunca fue recompensada y siempre era castigada al final. El problema para Job era que nunca parecía ser lo suficientemente pronto que los impíos bebieran de la ira del Todopoderoso. Job sufría en el ahora, y muchos de los impíos no.

En el contexto más amplio, Job ciertamente está cuestionando los caminos y la sabiduría de Dios al no traer juicio más pronto sobre el hombre impío. Al mismo tiempo sentía que esto estaba mal, así que se corrigió a sí mismo con su propia pregunta retórica en este punto. Dios se complace de hacer cosas maravillosas y contradictorias a la razón del hombre; para que así confesemos una incapacidad de buscar en sus caminos. En esta obra de él, la razón humana es más ciega que la de un topo. Job se encuentra claramente incómodo en cuestionar los caminos y la sabiduría de Dios, sin embargo, al mismo tiempo simplemente parece muy injusto que el bien y el mal parecieran tener el mismo destino

Todas estas diferencias terrenales terminan con la muerte, y yacen en la tumba sin ninguna distinción. Para que ningún hombre pueda decir quién es bueno, quién es malo por ningún evento que recaiga sobre ellos en esta vida. Job está agonizando sobre estas preguntas, pero en realidad está agonizando de una manera positiva. Dios preferiría que nos quejáramos a que fuéramos indiferentes hacia él o que manejáramos sus verdades tan arrogantemente como para reducirlo a máximas muertas. La angustia de Job sobre no entender lo que Dios estaba haciendo es prueba de que no era ni arrogante ni indiferente. Cuando Job se atrevió a cuestionar a Dios de esta manera, pudo ver la reacción en los rostros de sus tres amigos. Se sentían horrorizados de que hablara de tal manera en contra de Dios y su justicia. Tanto Job como sus amigos no comprendían los caminos de Dios. Sin embargo, había dos diferencias significativas entre ambos. Primero, sus amigos confiadamente afirmaban que sí entendían, mientras que Job admitía su perplejidad. Segundo, para los amigos de Job estos eran asuntos de teoría moral y teológica e interesantes temas de discusión; para Job, que sufría duramente, estas eran preguntas de vida o muerte.

¿Qué hay de la casa del príncipe, Y qué de la tienda de las moradas de los impíos? Job puso estas palabras de objeción en las bocas de sus amigos. Ellos pensaban que todo era tan sencillo de analizar; uno solo necesitaba ver la casa del príncipe y la tienda de los impíos para ver que la justicia era recompensada y la perversidad castigada por el orden moral de Dios. Sin embargo, Job ha intentado mostrar que el asunto no era tan simple. Él estaba diciendo que era imposible extraer una ley justa de retribución de lo que observamos en este mundo presente.

Job sabía que el impío enfrentaría un desagradable destino final; él se encontraba más molesto de que no parecía suceder lo suficientemente rápido. Él creía que este conocimiento era tan común que uno podía preguntar a los que pasan por los caminos y recibir una respuesta correcta. El destino final de los impíos podía ser malo. Pero ¿quién los confrontará ahora? ¿Por qué se pueden salir tanto con la suya ahora? Tal vez pueda haber un orden moral final para el universo ¿pero por qué toma tanto tiempo en cumplirse? Job entendía que los impíos ciertamente morirían, pero muchos de los impíos disfrutan de honorables funerales e incluso su muerte es un poco de dulzura para ellos. Simplemente no parecía del todo justo. La complejidad de la situación de Job estaba lejos de la capacidad de sus amigos de analizarla apropiadamente. Ellos no tenían consuelo para él con sus palabras vanas y sus respuestas en falacias. En los argumentos de sus amigos no había consuelo para él, es igualmente verdad que en sus respuestas él no les traía convicción. Todo esto es extrañamente sugestivo. Cuando los hombres discuten la vida humana, es casi seguro que cometerán errores cuando intenten explicarla.

Este capítulo podría ser llamado el triunfo de Job sobre las insinuadas calumnias, y especiosas pero falsas doctrinas de sus oponentes. Ya no aparece la irritabilidad de su temperamento: desde el momento en que llegó a ese glorioso descubrimiento de su Redentor, y la gozosa esperanza de una herencia eterna etc. No encontramos más murmullos ni quejas insatisfechas. Ahora está en total control de sí mismo, y razona concluyentemente, porque razona fríamente.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.