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Debido a la manera en que los amigos de Job seguían repitiendo lo mismo, dándole los mismos argumentos, era fácil para Job sentir que ellos simplemente no lo estaban escuchando. En este discurso conclusivo del segundo ciclo, Job estaba determinado a probar que había escuchado los que sus consejeros habían dicho. Hizo esto citando, o por otra parte aludiendo sus palabras y refutándolas. Esto indica que la dureza de Job hacia sus amigos no ha disminuido en absoluto; tampoco la dureza de ellos hacia él. Ellos hablan con palabras mordaces y sarcásticas el uno al otro.
Una vez más que el verdadero punto de crisis de Job era su conflicto con Dios, no con el hombre (especialmente sus amigos). Su crisis era fundamentalmente espiritual en naturaleza, mucho más que ser una crisis médica, una crisis económica, una crisis social, o una crisis familiar. Su lucha era contra Dios, y se preguntaba dónde estaba Dios en medio de este tiempo tan oscuro. Hasta ese momento los amigos de Job lo veían y en su mayor parte lo acusaban y lo condenaban. Él quería que dieran un paso atrás (por así decirlo) y se espantaran ante lo que le había sucedido a este hombre bueno y piadoso.
Job desafió el orden moral del universo como lo entendían anteriormente los amigos de Job. Él los desafiaba a ver que si era posible que un hombre impío fuera aparentemente bendecido, entonces tal vez un hombre justo como Job podía ser aparentemente maldecido. Zofar dijo que los impíos morían prematuramente; Job insistía en que más bien viven los impíos, y se envejecen. De algunas creaturas solíamos decir, que tienen nueve vidas; de algunos hombres impíos se podría pensar lo mismo, hacen el mal cientos de veces, y sin embargo sus vidas son prolongadas.
Manasés tuvo un reinado más largo que cualquiera de los reyes de Judá. El papa Juan XXII (ese monstruo) vivió más que cualquier papa, y murió rico. Dios da riqueza, salud, y larga vida a muchos impíos. En el verso ocho y en los siguientes versículos Job explica muchas de las bendiciones que parecen llegar sobre muchos de los impíos, incluso cuando rechazan a Dios.
Bildad dijo que los impíos no tenían hijos ni descendencia que los recordara; Job replicaba que su descendencia se robustece a su vista, y sus renuevos están delante de sus ojos. Vemos por debajo del simbolismo oriental, la imagen de la familia próspera y poderosa en todas las tierras y épocas, fundada en violencia, o por fraude y mal. ‘Ellos no ven a sus niños morir,’ dice el padre sin hijos. Ellos no se retuercen debido a un dolor prolongado, dice el leproso torturado.
Es imposible perder el contraste aquí. Todas las ventajas que muchos de los impíos parecen tener, Job fue privado de ellas. Job es el hombre cuya descendencia fue maldita y no robustece, cuya casa fue sujeta al temor, con el azote de Dios sobre él, cuyo ganado ha muerto, cuyos hijos ya no andan saltando.
Job estaba perturbado por la aparente injusticia de todo. Como habrán notado el libro de Job no trata el asunto del futuro juicio final que arreglará las tablas de la justicia. Tal revelación llegará después. Job, por lo tanto, sentía que el castigo inmediato para los impíos sería el único procedimiento justo; pero solo encontraba lo contrario en la vida.
Los impíos le dicen a Dios, apártate de nosotros: Este es el lenguaje de su conducta, aunque no directamente de sus labios. Déjanos en paz; no nos molestes. Tus caminos son dolorosos; a nosotros no nos gusta llevar la cruz. Tus caminos son espirituales; queremos vivir conforme a la carne. Hemos aprendido a hacer nuestra propia voluntad; no deseamos estudiar la tuya. En su reclamo les recuerda a sus amigos la conducta de ellos.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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