Job le respondió a Bildad con una queja familiar, de que sus amigos eran indolentes atormentadores de su alma. Ellos lo golpean con sus duras palabras, como si estuvieran rompiendo rocas al lado de la carretera. Debemos ser muy cuidadosos con lo que decimos a los que están sufriendo aflicción o pruebas, porque una palabra, aunque parece ser algo muy pequeño, a menudo cortará mucho más profundo y herirá aún más terrible que una navaja de afeitar. Los amigos de Job han sido, por consenso general de la posteridad, relegados a la infamia interminable.

Job se mantenía firme en negarse a estar de acuerdo con sus amigos en que él había provocado su crisis por algún pecado notable, y su negativa a arrepentirse. Él insistía a sus amigos en que no era una víctima culpable delante de un Dios justo. Si Dios había enviado o permitido esta calamidad en la vida de Job, se podía decir que Dios había derribado a Job, porque la calamidad no era solamente un castigo por algún pecado en Job. Y por supuesto, entendiendo el aspecto emocional de este doloroso discurso, entendemos cómo Job podía decir, “Sabed ahora que Dios me ha derribado.” Él tenía razón para pensar esto, y dejar fluir sus honestos sentimientos delante de Dios y sus amigos. En un sentido el acusador estaba actuando como la mano de Dios, pues había dicho a Dios, “Pero estira tu mano y golpea su carne”. Y Dios había respondido “Muy bien, entonces, él está en tus manos”. Así que Job no estaba totalmente equivocado cuando dijo, “La mano de Dios me ha derribado”

Job se quejaba de lo que era el núcleo de su crisis. Él estaba acostumbrado a encontrar consuelo y cierto sentido de una respuesta de Dios en sus pruebas anteriores. Sin embargo, ahora clamaba al cielo y no escuchaba respuesta. Nada es más natural y usual que un hombre miserable clame por ayuda. La grande pena de Job era, que ni Dios ni hombre tomaban en cuenta sus sollozos ni lo liberaban de la red. Cercó de vallado mi camino, y no pasaré: Esto nos recuerda a una queja de Job en Job 3:23, donde tristemente dijo que él era alguien a quien Dios ha encerrado. Con un estilo poético profundamente conmovedor, Job describía como sentía que Dios lo había llevado bajo. Él era como un rey sin corona, como una casa con sus paredes destruidas, y como un árbol arrancado. Aunque Job no podía comprender (ni se podía esperar que lo hiciera), Dios aún lo tenía en un favor y cuidado especiales. Dios puso a Job en un lugar donde se esperaba que creyera a pesar de lo que parecían ser circunstancias irrefutables y sentimientos personales. Job narra la progresión invertida de un sitio antiguo y la conquista de una ciudad; sin embargo, la ironía era que Job no era como una ciudad poderosa, sino solo como una tienda humilde. Podemos ver la progresión invertida comenzando en Job 19:8: · Cautividad (Cercó de vallado mi camino, y no pasaré; y sobre mis veredas puso tinieblas). Destronamiento (Y quitado la corona de mi cabeza)· Ser como un muro derribado (Me arruinó por todos lados)· Ser como un árbol arrancado (Y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado)· Que pongan un sitio a su alrededor (Vinieron sus ejércitos a una, y se atrincheraron en mí) · Siendo rodeado (Y acamparon en derredor de mi tienda)

Revirtamos este orden y tendremos una descripción paso a paso de lo que sucede en un sitio de guerra. Las tropas de Dios lo sitiaron como si Job fuera una ciudad fortificada; pero, ay, era solo una tienda. Job probablemente se refería a sus tres amigos (Elifaz, Bildad, y Zofar) quienes alguna vez los consideró como hermanos cercanos, pero ahora sentía que lo habían abandonado y se habían puesto en su contra. Antes de su crisis. Job era un hombre rico e influyente. Sin embargo, ahora sus propios criados no lo obedecían ni lo respetaban. Job se encontraba en un estado tan miserable tanto física como espiritualmente, que su esposa no quería tener nada que ver con él. Los hijos a los que Job se refiere aquí deben ser los nietos de los que eran simbólicamente sus hijos; parece que todos los diez hijos de Job murieron en el trágico accidente. Sin embargo, Adam Clarke tiene otra sugerencia: Pero la mención de sus hijos en este lugar puede sugerir que aún le quedaban algunos; que podían haber estado jóvenes, quienes, no teniendo la edad suficiente para ir al festín de sus hermanos y hermanas mayores escaparon de la triste catástrofe. En cualquier sociedad nada duele más que el rechazo por parte de familia y amigos, pero ¿qué podía ser peor en una sociedad patriarcal que tener hijos que ridiculicen al patriarca? Para colmo, la corrupción de sus entrañas (además de la asquerosidad de sus úlceras externas) hacían que su aliento fuera fuerte e insalubre. Job aquí se refería a su condición enfermiza y su aspecto demacrado, y qué tan cerca estaba de la muerte física. Sus huesos casi perforan y se ven a través de la piel, dando la apariencia de adherirse a esta. No hay piel sobre los dientes, o apenas alguna, y, por lo tanto, Job intenta decir que casi no quedaba nada de él, como la piel de sus dientes. El comentador puritano John Trapp tenía otra idea: “Lo único que me queda íntegro es la piel de mis dientes; esto es, de mis encías, en las cuales mis dientes están injertados; el resto de mi cuerpo está cubierto por una costra”. Job no tenía nada más que el instrumento de su discurso. Estos, dicen algunos, el diablo deliberadamente dejo intactos, como esperando que con los mismos blasfemara contra Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.