Job rogaba a la creación que no borrara su vida. Si iba a morir en su crisis, Job por lo menos quería que su sangre permaneciera como evidencia a su testimonio. Con un grito de valor casi desconcertante, apela a su madre tierra, de la cual la sangre del justo Abel una vez clamó a Dios, no para cubrir su sangre, cuando llegue el final, sino para dejar que el grito de su injusta vida suba de su seno, y no encuentre descanso hasta que haya atravesado el oído de Dios.

Vemos la lucha mental y espiritual que se lleva a cabo en Job. Unos cuantos versículos antes él creía que Dios peleaba contra él con toda su fuerza y habilidad divina. Sin embargo, Job también creía realmente que tenía un testigo justo en los cielos que lo vindicaría cuando se revelara toda la evidencia. En medio de todo este esfuerzo del alma. Su fe triunfó sobre su duda. Él creía que Dios sabía la verdad sobre él, y sería su testigo. Por testigo él se refería a un observador, que sabe y conoce todo. Él estaba rodeado de hombres que eran perfectamente honestos, y que eran sus amigos, pero que fracasaron en lo que le decían, porque no lo sabían todo. Ellos pensaban que lo hacían. En medio del sufrimiento de este malentendido, declaró su convicción de que solo había Uno en el cielo observando, entendiendo, sabiendo todo.

En una oración poderosa y poética, Job describió su presente agonía. Él estuvo algunas veces confiado en su futuro y en su vindicación final, sin embargo, también vivía la agonía de su momento. Job reconocía que lo que necesitaba era un verdadero defensor en el cielo; alguien que pudiese disputar su caso delante de Dios. Job anticipó la necesidad que sería satisfecha en Cristo Jesús, que es nuestro mediador (1 a Timoteo 2:5) y nuestro abogado (1 de Juan 2:1) en el cielo delante de Dios el Padre. Está claro que el misterio de la redención del hombre por Cristo era sabido por los patriarcas antiguos, como ha sido señalado antes, y a Job entre otros. Job sabía que necesitaba un mediador, alguien que llenara el hueco entre él mismo y un Dios santo y grande. Job también sabía por fe que tal persona existía y se podía confiar en ella. Esto hacía a Job un creyente de Jesús antes de que Jesús anduviera alguna vez en la tierra; él tenía fe en el Mesías de Dios que vendría.

Esto nos recuerda que, si bien el consuelo de la fe en la mano invisible y en el plan de Dios estaba disponible para Job, está aún más disponible para nosotros a la luz de la obra terminada de Cristo Jesús y su exaltación a la diestra del Dios Padre en el cielo. Job no viviría tanto como para ver su anhelo cumplido en Jesucristo, sin embargo, eventualmente sería consolado por la anticipación de ese cumplimiento. Tal vez es suficiente encontrar aquí otra expresión del pensamiento de que la corta vida útil del hombre no da suficiente tiempo para resolver los problemas de la vida. Con creciente claridad Job está viendo que se pueden obtener respuestas satisfactorias solo cuando se tiene tratos más directos con Dios después de la muerte.

Job continuaba con el mismo sentido de derrota y quebrantamiento descrito en el capítulo anterior. La falta de empatía y ayuda de parte de los amigos de Job – que habían empezado como víctimas empáticas, pero se volvieron escarnecedores cuando Job no respondió a su sabiduría como ellos consideraban que debía hacerlo – era un aspecto particularmente doloroso de esta crisis.

Job ruega al cielo que lo sostenga y lo apoye. Él sentía – con justa razón, según sus circunstancias – que el cielo estaba en su contra. Aquí él ruega por un acuerdo de paz entre él y el cielo. La traducción NVI de Job 17:3 es útil: Dame, oh Dios, la fianza que demandas. ¿Quién más podría responder por mí? La idea es que Job clamó a Dios y dijo, Tú tendrás que solucionar esto, Dios, hacerlo está fuera de mis manos. Esto es especialmente significativo a la luz de la idea principal de los amigos de Job, que era su responsabilidad arrepentirse y arreglar las cosas entre él y Dios. De una manera pequeña, Job captó el tono completo de la salvación bajo el Nuevo Pacto: Dios ha hecho la expiación y la reconciliación; no tenemos que hacerlo nosotros mismos.

Job entendía que, si Dios quería informar los corazones de sus amigos, era totalmente capaz de hacerlo. Finalmente, incluso el indolente trato de sus amigos fue un aspecto de la crisis de Job que fue permitido por Dios. Al mismo tiempo, los amigos de Job eran responsables por su falta de inteligencia. Que Dios los privara de inteligencia era una evidencia de su desagrado hacia ellos. Job parece justificar sus duras palabras hacia sus amigos. Reconoce que sería un mal reflejo de su carácter si solamente decidiera adularlos. El versículo 5 es un proverbio. Job les estaba recordando a sus consejeros de las consecuencias extremas de la difamación.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.