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Anteriormente, Job le había dicho a Dios que solo quería que lo dejaran en paz. Ahora muestra que ese sentimiento era solo un sentimiento, y que en realidad no quería que Dios apartara de él su mano. Esto muestra que al menos en un sentido pequeño, Job entendía que la mano de Dios lo sostenía en medio de esta gran prueba. Entendemos su sentimiento de abandono; sin embargo, Job de mala gana admite que la mano de Dios ha estado con él en el fuego de la aflicción. Job nunca se ha ocultado de Dios y no tiene intención de hacerlo. Por el contrario, es el hecho de que parezca que Dios se le oculta lo que lo horroriza. Las palabras idénticas de Caín en Génesis 4:14 describen su expulsión de la compañía de Dios. Esto es lo que Job piensa que le ha sucedido, claramente es acción de Dios, y él no puede ni entenderlo ni soportarlo.

Y no me espante tu terror: Aquí sentimos el valor que Job ponía sobre su conexión personal con Dios, y se preocupaba de que esta temporada presente lo destruiría. Job quería una comunicación. El temor del cual se preocupaba Job no era el bueno y apropiado temor de Dios; más bien, este era motivado por el terror. El tipo de temor de Dios equivocado teme que Dios vaya a lastimarnos; el tipo correcto teme que nosotros lo lastimemos.

Job se ha aferrado firmemente a su propia inocencia, en el sentido de que no había ningún pecado especial ni severo que provocara su reciente cataclismo, a pesar de las elocuentes súplicas de sus amigos. Al mismo tiempo, él permitirá la posibilidad de estar equivocado. Por lo tanto, hizo esta maravillosa oración, pidiéndole a Dios que le muestre iniquidades y pecados. Las palabras de Job aquí atrapan la actitud del salmista: “examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí, camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Una vez más, sentimos la agonía de Job. Él anhelaba una comunicación y comunión restauradas con Dios, pero sentía como si Dios se estuviera ocultando de él y lo considerara como su enemigo. A la hoja arrebatada has de quebrantar: Es una figura común que utiliza, esa de la hoja que es dirigida por el viento que sopla sobre ella. Fuertes ráfagas de viento, puede ser en el otoño cuando las hojas aún cuelgan, pero ligeramente de los árboles, las mandan cayendo como regaderas a nuestro alrededor, revoloteando en el aire de un lado a otro, como aves aladas incapaces de mantener su propio curso, si no que son dirigidas por cualquier ráfaga de viento que sople sobre ellas, finalmente se hunden en el fango, para ser pisadas y olvidadas. Con ellas se compara Job; una cosa indefensa, desesperada, sin valor, débil, despreciada, agonizante.

¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi juventud?: Este es otro ejemplo de la verdad de que Job no se consideraba a sí mismo sin pecado. Más bien, reconocía los pecados de su juventud y temía que ahora Dios estuviera presentando estos pecados en su contra. Se ha hecho la sugerencia de que Dios es un doctor, escribiendo una prescripción por una medicina amarga; o un juez prescribiendo un castigo amargo; o registrando los amargos crímenes de Job. La escritura es el decreto asignando cosas amargas a Job. Pones además mis pies en el cepo: Como sentía que Dios estaba en su contra, Job se sentía completamente obstaculizado y encerrado por Dios. Sentía como si sus pies estuvieran limitados y sus caminos estrechamente vigilados. Trazando un límite para las plantas de mis pies: Esto es literalmente, Tú grabas una huella en mis pies. Como los dueños de ganado y camellos, que ponen su marca sobre la pezuña, para poder reconocerlos y rastrearlos.

La elocuente meditación de Job sobre la grandeza de Dios (especialmente en Job 12, anteriormente en el mismo discurso) ciertamente elevaba a Dios. Pero también hacía que el hombre, en comparación se viera como una polilla. Job esencialmente está de acuerdo con el entendimiento de Zofar sobre la depravación del hombre; su desacuerdo fue con la aplicación de Zofar de esa doctrina sobre sus circunstancias. La declaración de Job era más que una descripción poética de la depravación del hombre en general; era un desanimado suspiro sobre su propia condición. Job era el que se iba gastando como de polilla; Job era como un vestido que roe la polilla. Zofar podía hablar sobre ello; Job lo estaba viviendo.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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