Zofar, este amigo de Job es el que menos habla de todos, pero tal vez es el que le habla a Job de manera más arrogante y confrontadora. Zofar era un hombre severo. Como Bildad, carecía de compasión y era despiadadamente moralista. Él es el más crónico de los acusadores de Job, y generalmente habla sin emoción o compasión. En su piedad amarga, sobrepasa a los demás. Este capítulo y el veinteavo comprenden todo lo que dijo. Él era demasiado torcido como para hablar mucho en verso mesurado. Zofar tuvo suficiente de las protestas de inocencia de Job. En su mente, toda la elocuente queja de Job le demostró que este no era nada más que un hombre que habla mucho, uno que no debía ser justificado. Por lo tanto, Zofar continuará con una reprensión para Job. Sentimos que los amigos de Job están perdiendo la paciencia con él. En una notable muestra de amistad se sentaron con él por siete silenciosos días. Solo hablaron en respuesta a la agonía de Job registrada en Job capítulo 3. Ellos intentaron hacer ver a Job que debía haber algún pecado de su parte que había provocado esta gran calamidad en su vida, pero Job se negaba a verlo. Mientras más insistían, más neciamente Job lo negaba, y se iban sintiendo más frustrados.

Claramente la discusión se está calentando. Tal vez estaba en la naturaleza de Zofar el ser mordaz y brusco, o simplemente podía ser que las cosas habían llegado a tal callejón sin salida que todos los amigos ahora se preparaban para hacer acusaciones directas contra Job. La perplejidad y los arrebatos de Job son naturales; en ellos encontramos su humanidad, y la nuestra. Zofar separa las palabras del hombre, y las escucha solo como habladurías y mofas. Zofar no representó con veracidad las palabras de Job. Job no afirmaba ser puro y limpio, como si no tuviera pecado y fuera perfecto; pero en defensa de Zofar, debemos decir que Job afirmó estar en lo correcto y esto era prácticamente una afirmación de ser puro y limpio en este asunto. Job sabía que no había ningún pecado especial o específico de su parte detrás de la pérdida de sus hijos, criados, y riqueza material. Aun así, Job sabía que era un pecador en general y no podía ser considerado justo comparado con Dios. Por lo tanto, entendemos que las afirmaciones de Job de ser íntegro se refieren al hecho de que ciertamente no había ningún pecado especial o particular de su parte que hubiera provocado su gran sufrimiento. Ciertamente, incluso Dios reconocía a Job como perfecto y recto en este sentido.

En el pensamiento de Zofar, no solo Job estaba equivocado al afirmar que era puro o limpio, sino que en realidad era tan culpable delante de Dios que se merecía algo mucho peor de lo que había sufrido. Aquí Zofar suena como un hombre que ha estudiado cuidadosamente una idea teológica particular (especialmente en Teología Reformada) conocida como Depravación total. En esta idea, la pecaminosidad del hombre – La que fue heredada de Abraham y la que realmente es practicada por el individuo – es tan grande que uno pudiera decir de cada sufrimiento de la vida, “conocerías entonces que Dios te ha castigado menos de lo que tu iniquidad merece.”

Bradley captura la idea de Zofar: Lejos de ser injusto y cruel, Dios te ha librado de la medida total de lo que mereces. Él propone, esto es, por primera vez en su fuerza desnuda, la total y lógica conclusión del credo el cual él y sus amigos sostienen como principio esencial de su fe. Desafortunadamente, Zofar se encuentra entre los consoladores molestos que en realidad estaban bastante errados en su análisis y cualesquiera que fueran los méritos de la idea teológica de la depravación total, no les hablaban a las circunstancias de Job en absoluto. Después de instruir a Job en la doctrina de la depravación total, Zofar continuó enseñando a Job sobre la trascendencia de Dios. Por lo tanto, en el pensamiento de Zofar, Job estaba mal al cuestionar a Dios.

La siguiente lección en la teología de Zofar era la soberanía de Dios. Zofar creía que lo mejor que Job podía hacer era aceptar el castigo de Dios en vez de protestar la injusticia de este. En la mente de Zofar, el castigo de Job era justo y en realidad Dios le estaba dando a Job menos de lo que merecía, Zofar insinuaba que lo que Job quería era que Dios desviara su mirada de la justicia. Zofar quería que Job supiera que eso estaba mal – y era perverso – desear que Dios no haga caso al engaño y la perversidad del hombre; en este caso, el engaño y la perversidad de Job.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.