Dios comisionó a Babilonia para traer juicio sobre Judá y Él personalmente escogió a Nabucodonosor como Su siervo para llevar a cabo la tarea de aleccionarlos. Dios hizo eso porque Judá fue infiel en su relación con Él, como representantes del reino de los cielos. Sin embargo, aunque Dios quiso que Babilonia trajera este juicio sobre Su pueblo, eso no significaba que Babilonia no fuera culpada de cometer pecado. Históricamente, los babilonios se alegraron en la destrucción de Judá, y eso es realmente una cosa horrible. Dios nos advierte en su palabra acerca de no estar “alegres en la calamidad”.

Dios se presenta a Si mismo como el Redentor y usa el nombre poderoso de Jehová de los ejércitos para dar a entender a los caldeos que no se enfrentan a cualquier Dios sino al único y verdadero, poderoso en batallas al cual no hay ejercito que pueda hacerle frente. Al hacer la sentencia Dios está decretando que la misma forma en que ellos usaron para venir contra Judá será la misma receta que recibirán, espada contra los príncipes y sabios. Pero serán ajusticiados también aquellos que conspiraron contra el pueblo de Dios como los adivinos para quienes su propia formula los volverá locos. El juicio de Dios será de tal manera que aún los animales que transportan a los caldeos serán ajusticiados por causa de ellos.

Había toda una conspiración contra el pueblo de Dios así que la orden de Dios es traer justicia sobre todas las cosas y personas, la alusión a mujeres habla de arrasar aun con las que no tienen nada que ver, ya que las mujeres no participan en la guerra, pero en el juicio contra Babilonia pagarán justos por pecadores, aun sobre la tierra misma porque las aguas serán contaminadas. Así como ellos lo hicieron que saquearon los tesoros de la misma manera les sucederá. Será tal la destrucción que la misma tierra no volverá a servir para nada solo para albergar a los depredadores.

Este juicio de Dios solo se compara con la destrucción de Sodoma y Gomorra donde será imposible volver a levantar algo porque la tierra fue totalmente quemada, así será con ellos. Es un juicio severo. Ahora Dios usará a otro pueblo también del norte que serán los Medos y Persas, los cuales se convertirán en la espada de Dios. Babilonia debía temblar porque de la misma manera en que ellos actuaron con todas las naciones que conquistaron, serán conquistados, pero también destruidos.

Cuando Nabucodonosor escuchó la profecía tembló de miedo porque él sabía de lo que Dios era capaz de hacer. El león de la tribu de Judá personalmente se levantará contra Babilonia y los despojará de sus tierras para dárselas a quien el quiera porque él sigue siendo el dueño de todo lo que existe. No habrá nadie capaz de hacerle frente, será el guerrero invencible y a la vez el pastor amoroso. Esta es una hermosa ilustración de esperanza. El enemigo creerá haberse salido con la suya, pero Dios dará la cara por sus hijos y la victoria final estará del lado de ellos.

La determinación de Dios es segura, el juicio está dado y sufrirán aún los inocentes. Esto nos muestra que las acciones de los padres llegan hasta sus hijos, que importante es cuidar nuestras acciones porque los inocentes podrán pagar las consecuencias. Finalmente, cuando Dios proclamó el grito de victoria toda la tierra tembló y todas las naciones se enteraron. Nosotros somos el pueblo amado de Dios. Él ve nuestra aflicción, oye nuestro clamor y es nuestro Salvador, quien nos rescata del sufrimiento. Reconozcamos que los pensamientos de Dios siempre son correctos y sometámonos a Su perfecta y santa voluntad.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.