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Los amonitas vivían en el lado este del rio Jordán, al norte de los moabitas. Sus tierras están dentro de lo que hoy es Jordania, y la capital de Jordania se llama Amón debido a esta conexión. Ellos estaban constantemente en conflicto con Israel: ellos se oponían a Judá durante el reinado de Joaquín y ayudaron en la caída del remanente después de la caída de Jerusalén. Ellos se unieron a la invasión de Judá en el 602 AC.

A través de Jeremías, Dios habló acerca del hecho de que los amonitas ocupaban la tierra que había sido entregada a las tribus de Gad, Rubén, y Manasés. En el nombre de su Dios Milcom ellos habitaban la tierra, actuando como si la herencia de Israel no existiera. En la estimación de Dios esa tierra pertenecía a Israel, no a Amón. Aunque las tribus del norte habían sido llevadas por Tiglath-Pileser III, sus tierras aún les pertenecían y sería heredara por sus hijos. Parece ser que los amonitas, tomaron ventaja del debilitado Israel, e invadieron las tierras de la tribu de Gad, esperando hacerlas suyas para siempre. Pero Dios dice que él protegerá a los descendientes de Israel, y los traerá de regreso a sus tierras.

Pudiéramos decir que es igualmente extraño cuando el pueblo de Dios se olvida de su herencia y no la posee. Bajo el nuevo pacto el creyente tiene una herencia de paz, poder y amor en Jesús; es una herencia que puede ser poseída. Milcom: Mejor conocido como Moloc, él había sido adorado en estas tierras con sacrificios de niños desde antes del tiempo de Moisés. La mención de este Dios como el invasor a la cabeza de su pueblo pone este asunto en un plano superior al político.

Dios promete que la misma devastación de guerra que vino sobre Judá también vendría sobre los amonitas. Sus grandes ciudades como Rabá serán convertidas en un montón de ruinas. Hai no es el Hai capturado por Josué en Josué 8:1-29, sino el Hai amonita mencionado solamente aquí. Dios promete que un día Israel poseerá estas tierras al lado este del Rio Jordán. Como es que Israel retomará estas tierras no está claro. Históricamente esto aún no ha sucedido.

Los babilonios no solo conquistarían la tierra y al pueblo de los amonitas, sino también a su deidad nacional Milcom, junto con sus sacerdotes y sus príncipes. En el mundo antiguo cuando una nación conquistaba a otra era visto como una victoria del dios de la nación ganadora sobre el dios de la perdedora. Hay mucho en los profetas y en las escrituras hebreas en general que muestra que Yahvé, El Dios del pacto de Israel, cuidadosamente demostró que ÉL no solo era el Dios del pacto de Israel; Él era y lo es de toda la tierra. Cuando Babilonia conquistó Amón, uno podía decir que los ídolos babilonios eran superiores. Cuando Babilonia conquistó Judá, era por la dirección misma de Yahvé, a cuyos propósitos servían los babilonios.

Los amonitas pensaban que su geografía los ayudaría a defenderse de los babilonios, pero era una confianza pobremente colocada. Lo mismo podía decirse sobre su confianza en los tesoros. Todo les fallaría en el día del juicio. El día de su juicio sería marcado por el temor y la cautividad (seréis lanzados). Dentro de un siglo, las tribus arábicas que sobrepasaron a Moab y a Amón habrán expulsado a los Edomitas de sus tierras hacia el sur de Judá, y estos invasores serán reemplazados en turno por el poderoso imperio de los nabateos. En medio del juicio, Dios tiene misericordia y da una promesa de restauración incluso a los amonitas. Se cree que los amonitas regresaron junto con los moabitas y los israelitas, con el permiso dado por el edicto de Ciro. La promesa de algún tipo de restauración para otras naciones muestra la misericordia de Dios y un plan que se extiende más allá de Israel. Él también vio que el propósito final de la actividad de la ira es el de la restauración, no solamente en el caso de Israel, sino en el de todas las naciones. El hecho de que para algunas naciones tal restauración no sea predicha, revela la terrible realidad de no solo resistirse a la misericordia de Dios, sino también a sus juicios, tan completamente que no hay posibilidad de restauración. Aprovecharnos de las dificultades de nuestros hermanos es provocar el enojo de Dios. Solo cuando nos arrepentimos de nuestra soberbia y salimos del letargo espiritual para confiar solo en Dios, tendremos paz y no temor.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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