Muchos años después de su victoria en Carquemis, Nabucodonosor envió de nuevo a sus ejércitos, esta vez hasta Egipto mismo. Los nombres de los lugares en el versículo 14 son los pueblos fronterizos en el camino de un invasor del noroeste. El pueblo de Egipto podía hacer lo mejor para prepararse para la próxima invasión de Babilonia, pero no serviría de nada. No era solamente el poder de los ejércitos babilonios el que estaba en acción. Dios también estaba determinado a expulsar a los defensores de Egipto para traer un vasto juicio sobre ellos. Con la invasión de babilonia todos podían ver que el faraón ya no era un gobernante de gran poder y autoridad.

En el verso 16 el discurso de los soldados es escuchado, cuando las tropas mercenarias deciden regresar a sus propios países. Recordemos que el poderoso ejercito de Egipto estaba conformado por mercenarios contratados o tomados en cautiverio de muchas otras naciones. Ellos dicen que el faraón es un fanfarrón, y lo culpan por arruinar su oportunidad de victoria. Por encima de todo está el devastante resumen del faraón en el verso 17 como un ruidoso que deja que se le pase la oportunidad.

En los términos más fuertes Dios declara que esto sucederá. Era tan seguro que el pueblo de Egipto podía escuchar, Hazte equipaje de cautiverio. La palabra profética de Jeremías tenía todo el peso de Dios. Tanto Tabor y Carmel sobresalían en relación al terreno vecino, eran dos montes altos, firmes y seguros. Dios declara que Nabucodonosor sobrepasa en mucho a los otros monarcas, incluso el faraón deberá rendirse ante su poder y majestad. Nabucodonosor, era quien eclipsaba a Egipto en su poder como las altas montañas eclipsan a los valles.

Egipto orgullosamente se veía a sí mismo como fuerte, grande, y hermoso. En el verso 20 Dios dice que eran fuertes y hermosos como una joven becerra, pero lista para el sacrificio. Ellos serían cortados como un bosque. Los mercenarios; literalmente los contratados en medio de ellos eran bien cuidados y se les llama: becerros engordados, pero eran inútiles en la hora del peligro. La referencia a Egipto deslizándose como una serpiente es un comentario sarcástico en la humillación de una de las más veneradas deidades nacionales, y una que era prominente en las insignias reales. Egipto sería avergonzado y entregado en las manos del pueblo del norte (los babilonios) cuando este masivo ejército viniera en contra de ellos Dios castigaría las ciudades y los gobernantes de Egipto. Dios había determinado el castigo para estas ciudades de Amón, de Tebas y de Egipto y no había nada que lo pudiera detener.

Después de que los babilonios conquistaron Jerusalén y Judá, el pequeño remanente que permaneció en la tierra estaba atemorizado por la continua presencia de los babilonios y sintieron que estarían más seguros en Egipto (Jeremías 42-43). Dios quería que no temieran o desmayaran y que confiaran en Él en la tierra. En medio de su ira Dios recuerda la misericordia. Aunque Judá sería destruido, Jerusalén tomada, el templo quemado hasta los cimientos, y el pueblo llevado en cautividad, con todo; la nación no sería destruida. Una semilla sería preservada, a través de la cual la nación renacería. Dios también promete terminar con la cautividad de su pueblo en Babilonia, permitiéndoles regresar a su tierra. Y se cumplirá; volverá Jacob, y descansará. Dios envía a su pueblo al exilio como juicio por sus grandes pecados en su contra. Pero, Él tampoco olvidará sus justos juicios en contra de las naciones de los alrededores. Si las aflicciones de Egipto eran temporales, aquellas de Israel lo serían aún más. El juicio de Dios en contra de las naciones sería diferente que la corrección de su pueblo. Los reinos paganos y sus imperios pueden pasar a la historia, pero a Israel no lo destruirá de todo, porque eran el pueblo del pacto.

Israel podía decir: Él nos ha tomado para hacernos suyos y para darnos lo mejor, entonces, aunque suframos el castigo, no seremos sobrepasados por él: aunque estemos siendo corregidos, disminuidos, y humillados, Dios no nos destruirá del todo: aunque compactados, no seremos cortados hasta la raíz. Incluso podemos mirar con una mente tranquila a los irreversibles desastres que vienen sobre los impíos. Incluso el juicio de Dios sobre su pueblo era evidencia de su gran amor y cuidado por ellos. Como un padre fiel, Él castiga a los suyos y no los deja ir sin castigo. Tanto el juicio sobre Egipto como su restauración dependen de Dios, el Rey de reyes. Es vanidad confiar en los reyes de este mundo; Dios es el único digno de nuestra confianza. La disciplina amorosa santificará a Su pueblo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.