Jeremías trató de razonar con el pueblo. Ellos habían sacado completamente a Dios de su pensamiento, sentían que, si ignoraban a Dios, entonces de alguna manera a Él ya no le importaba. Sin embargo, El Señor aún era importante, seguía siendo el Dios de Israel lo hubieran rechazado o no. Él vio y recordaba sus pecados y su idolatría. Dios fue muy paciente con su desobediente pueblo, pero ellos decidieron considerar su paciencia como señal de desinterés. El desastre no hubiera ocurrido si Israel hubiera obedecido las estipulaciones del pacto, aquí descritos como estatutos, y testimonios. Debemos recordar que muchas veces el abuso de su misericordia se convierte en furia.

Jeremías les dice de la adversidad y del juicio que se avecinan. Una vez más, Dios le habla a su pueblo con los títulos de poder, autoridad, y dominio. Cronológicamente hablando, esta es probablemente la última profecía registrada de Jeremías. Él terminó como empezó: fiel al Señor, confiando en la fidelidad del Señor. Él había visto a su nación declinar de un estado relativamente fuerte e independiente hasta el punto de la casi extinción, y muy poco fruto parecía haber nacido de su ministerio. Aun así, en estas palabras finales, su completa fe en un Dios omnipotente, y su percepción de las verdades fundamentales, están tan claras como siempre.

Jeremías citó al pueblo en su promesa de continuar adorando a la reina del cielo y a otros ídolos. Era una declaración de que Dios había escuchado su desafío claramente. En una poderosa expresión de ironía y repugnancia, Jeremías le dice al remanente que cumplan con sus votos a los ídolos. Él bien pudo estar apuntando a sus libaciones e incienso y a los mismísimos pasteles que estaban cargando. Dios solemnemente declara que él a aquellos que lo rechazaron y escogieron irse a Egipto, aquellos que confiaron en los ídolos más que en Él no les permitirá que vuelvan a mencionar su nombre. Dios les había ordenado que se mantuvieran en la tierra de Judá y que confiaran que Él miraría por ellos, para protegerlos y proveerlos. Al rechazar a Dios y a su promesa, ellos aun tendrán a Dios velando por ellos, pero será para mal y no para bien. Esta era una promesa aterradora, sabiendo que Dios puede ser o el mejor amigo o el peor enemigo que cualquiera puede llegar a tener.

Es posible que la comunidad judía en Egipto escuchara las advertencias de Jeremías y se arrepintiera. Para los tiempos del nuevo testamento, había una grande y fuerte comunidad judía en Egipto. Tal vez ellos eventualmente respondieron en arrepentimiento y fueron librados del juicio. Dios promete que, si ellos persisten en estos pecados, solo un remanente escapara de este juicio que enfrentarán en Egipto. El resto serán consumidos a espada y de hambre, hasta que perezcan del todo. Esto demostraría como cierta la terrible promesa de Dios de velar sobre ellos para mal. Para los apostatas en Egipto el futuro no tenía nada; pero para sus compatriotas en Babilonia quienes estaban aceptando su castigo había la esperanza de libertad.

Una posible nota de pie para su historia ha salido a la luz en el papiro de elefantina, una colección de cartas y documentos del siglo quinto AC para una colonia militar de judíos establecidos en una isla del Nilo en la frontera sur de Egipto. Una referencia a un templo de ellos que había sobrevivido a una amenaza de destrucción desde tan atrás como el 525 AC implica que su colonia debía de haber estado muy bien establecida para esa fecha llevando su origen, de ser así, a los tiempos de Jeremías o incluso antes. Ya fuere que sus fundadores fueran los hombres de nuestro capítulo o un grupo diferente, es interesante el notar que su culto es revelado como una desvergonzada mezcla entre la religión israelita y la cananea, tal y como los oponentes de Jeremías hubieran profundamente apreciado. Dios promete que Nabucodonosor y Babilonia vendrían en contra de Egipto (Jeremías 43:10-13). Aquí Jeremías da una profecía más específica de ese evento.

Hofra fue de hecho derrocado por Amasis, uno de sus oficiales, quien se rebeló en contra de él y después compartió el gobierno con él, por su parte Amasis se rebeló en contra de Nabucodonosor en el 570 AC. Y fue derrotado en el 568 AC. Así que dieciséis años después de la caída de Jerusalén, Hofra fue destronado y estrangulado por algunos de sus súbditos. De nuevo Jeremías fue reivindicado. Tal y como le había pasado a Sedequías, así le pasaría a faraón. Los juicios de Dios demostrarían ser ciertos. Jeremías no especifico que Hofra caería en las manos de Nabucodonosor sino simplemente en las manos de sus enemigos; tal y como Jeremías había perdido su vida así lo haría el faraón Hofra.

Cronológicamente hablando, estas eran las últimas palabras proféticas registradas de Jeremías. La escritura guarda silencio en cuanto a que le sucedió a Jeremías después de los eventos de este capítulo, aunque la tradición ha sido fuertemente activa. Hay muchas leyendas concernientes a su muerte. Una dice que fue asesinado en Tafnes. Otras dicen que el cargo con el tabernáculo, escondiéndolo en las montañas donde Moisés murió. Y otra indica que él vivió junto con Enoc y Elías, esperando regresar como un mensajero del Mesías. Lo cierto es que solo con la obediencia a la Palabra transformamos la calamidad en bendición.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.