Dios de nuevo se presenta a sí mismo con títulos de autoridad, poder, y dominio. Tal y como Dios había prometido antes que estaría en contra de Judá y no a favor de ellos en contra de los invasores babilonios, de la misma manera Él estaría contra aquellos que escogieron el exilio yéndose a Egipto. Egipto no era en sí mismo un territorio prohibido; se convertiría en un importante centro de aprendizaje en la futura dispersión, y sería un refugio para la familia santa. El pecado de los contemporáneos de Jeremías no era geográfico; era un voto de no confianza en Dios. Dios promete que habría muy pocos que lograrían escapar del juicio de la muerte que se acercaba sobre aquellos que escogieron encontrar su seguridad en Egipto en lugar de en el Señor.

Jeremías entregó el mensaje de Dios a una gran audiencia, conformada de la mayoría o de todos los que se habían venido a Egipto desde Judá ya sea por elección o la fuerza. El grupo incluía a todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos. El pueblo sabía que Jeremías les hablaba en el nombre de Jehová, aun así, no les importaba. Ellos rechazaron al profeta, a su palabra, y al Dios que le había dado. Una vez más, era una enorme tristeza para Jeremías el que los suyos rechazaran el mensaje de Dios. Parecería que, en lo que a su exterior se refiere, el profeta Jeremías paso una vida de tristeza sin alivio que tal vez nunca cayó sobre nadie más, con la excepción de nuestro divino Señor.

Estos hombres y mujeres eran directos. Ellos prometen hacer todo lo que querían. Ellos no dejarían que los mandamientos o los juicios de Dios se interpusieran en el camino de lo que querían decir o hacer. Ellos hablaban de los días antes de la caída de Jerusalén y de la conquista de Judá, cuando adoraron al ídolo de Babilonia la reina del cielo con varios rituales. Ellos, sus padres, sus Reyes y príncipes lo hicieron, en todo Judá y Jerusalén. La referencia es probablemente al ídolo asirio-babilonio Ishtar. Ishtar En Canaán es conocida como Astarté; era la diosa de la guerra y el amor. Ella representaba el principio femenino de la fertilidad. Astoret es el hebreo mientras que Astarté es el griego. Esta antigua diosa era llamada Ishtar en Akkadian, Inanna en Sumeria, y Athtart en Ugaritic. Su contraparte en el NT es Artemisa en Hechos 19 y en latín se conoce como Diana. La adoración a esta diosa estaba esparcida en el antiguo oriente. Para los babilonios, la reina de los cielos era una deidad maternal conectada con la luna, con la familia, y la fertilidad. Ellos recordaron los días cuando todos ellos adoraron a la reina del cielo como los buenos tiempos. Ellos clamaban que cuando ellos dejaron de hacer todas estas cosas, ahora nos falta todo y a espada y de hambre somos consumidos. Este es un destello de perversidad espiritual, porque al culpar de todos sus problemas a la reforma en lugar de la maldad que había tratado de expulsar, estos hombres estaban dándole exactamente la vuelta a la verdad. Debido a que la adoración a Baal había sido completamente erradicada durante las reformas de Josías en 2 de Reyes 23, el rebelde remanente culpaba de todos sus infortunios a esta reforma. El pueblo, en contraste, clamaba que las cosas solo habían empezado a ir mal cuando fallaron en adorar a la reina del cielo.

En resumen, el remanente clamaba que la idolatría había hecho más por ellos que El Señor al que Jeremías representaba. Con una mente clara sin el más mínimo entendimiento espiritual, su análisis era una locura. El pecado es constantemente bueno hasta que la paga del pecado llega; la muerte. Las mujeres admitieron que ellas habían jugado una parte importante en la adoración de la reina del cielo de babilonia y a los otros ídolos. Ellas trataron de hacer a sus maridos responsables por sus pecados, en el sentido de que ellos pudieron haberlas detenido si lo hubieran querido. En el primer pecado, el hombre culpó a su esposa por su pecado. Aquí las mujeres de Judá en Egipto les regresaron el favor. Sus esposos sabían muy bien que ellas estaban haciendo pasteles especiales que estaban estampados con la imagen de la diosa. Números 30:3-12 indica que los votos de una mujer solo eran válidos si su esposo los aceptaba. Dado que sus esposos los aprobaban, ¿Entonces porque Jeremías se quejaba de las acciones de ellas? Esto nos recuerda que ellas pecaron, incluso si sus esposos se los ordenaron o les permitieron que lo hicieran. Se suponía que las mujeres debían de someterse a sus maridos, pero no en un sentido absoluto. Si la autoridad dada por Dios les decía que pecaran, ellas debían de obedecer a Dios antes que al hombre.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.