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En este punto, el profeta no tiene en mente la forma en que el Mesías tomó nuestra culpa y la ira de Dios sobre sí mismo. Aquí, él tiene en mente cómo el Mesías tomó nuestro dolor sobre sí mismo. Él hizo suyas nuestras enfermedades y nuestros dolores como si fueran suyos. La imagen es que Él los cargó y los llevó en Su espalda, para que nosotros no tuviéramos que hacerlo. ¿Cuántas personas llevan consigo el dolor que Jesús realmente llevó por ellos? Él nos los quitó, pero para que nos sirva de algo, debemos dejarlos ir. Ciertamente, el Mesías fue azotado. Fue herido por Dios. Fue abatido. El problema no estaba en ver estas cosas, sino en solo ver estas cosas. El hombre vio al Jesús sufriente pero no entendió las razones. Fue por nosotros – por nuestras rebeliones… por nuestros pecados. Fue en nuestro lugar que sufrió el Mesías. Herido es literalmente “atravesado”. El profeta ve a través de los siglos para saber que el Mesías sería golpeado con muchos azotes. Más aún, el profeta anuncia que la provisión para la curación se encuentra en el sufrimiento de Jesús, por lo que por su llaga fuimos nosotros curados. Ha habido mucho debate sobre si Isaías tenía en mente la curación espiritual o la curación física. Como se cita este pasaje en el Nuevo Testamento, vemos algo más de la idea. En Mateo 8 el punto de vista parece ser de curación física. En 1 Pedro 2 el punto de vista parece ser de curación espiritual. Podemos decir con seguridad que Dios tiene en mente ambos aspectos de la curación. Y tanto nuestra curación física como espiritual es proporcionada por el sufrimiento de Jesús.

El profeta describe nuestra necesidad de la obra expiatoria del Mesías. Las ovejas son animales estúpidos y testarudos, y nosotros, como ellos, nos descarriamos. Nos hemos apartado – del camino de Dios. Todos tenemos nuestro propio camino. La tentación constante es condenar tu camino de pecado y justificar mi camino de pecado. Pero cada camino que es nuestro es un camino pecaminoso, destructivo y maldito. Si el Mesías herido fue por nuestras rebeliones, entonces también fue Jehová quien cargó en Él el pecado de todos nosotros. El padre juzgó nuestros pecados cuando le fueron impuestos al Hijo. A pesar del dolor y el sufrimiento del Mesías, nunca abrió su boca para defenderse. Él guardó silencio ante sus acusadores. El profeta repite Su punto anterior, que el Mesías sufrirá sin hablar para defenderse. Cuando Isaías usa la frase como cordero fue llevado al matadero, no debemos tomar esto como una indicación de que Jesús fue una víctima indefensa de las circunstancias y que fue indefenso como un cordero. Todo lo contrario; incluso en Su sufrimiento y muerte, Jesús tuvo el control. El punto de Isaías es que Jesús no abrió su boca, pero no estuvo indefenso.

Por cárcel y por juicio no solo se refiere al confinamiento del Mesías antes de Su crucifixión, sino que también habla del hecho de que el Mesías murió sin hijos. No hubo nadie para contar su generación. Esta es la primera indicación en este pasaje de que el sufriente Siervo del Señor, el Mesías mismo, moriría. Hasta este punto, podríamos haber pensado que solo sería golpeado severamente. Pero no hay duda de este punto, Él será cortado de la tierra de los vivientes. La frase ‘cortado’ sugiere fuertemente no solo una muerte violenta y prematura, sino también el juicio justo de Dios, no simplemente el juicio opresivo de los hombres. Jesús murió en compañía de los impíos, y los que supervisaban su ejecución tenían la intención de arrojarlo con los impíos en su sepultura. A pesar de la intención de otros de echarlo con los impíos en su sepultura, Dios permitió que el Mesías estuviera con los ricos en su muerte, sepultado en la tumba del rico José de Arimatea. La línea, aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca es importante. Muestra que incluso en Su muerte, incluso en Su aceptación de las transgresiones del pueblo de Dios, el Mesías nunca pecó. Él siguió siendo el Santo, a pesar de todo el dolor y el sufrimiento. Como reconocimiento de eso, con los ricos fue en su muerte.

El profeta gloriosa y enfáticamente declara que el sufrimiento del Siervo del Señor fue ordenado por el Señor, fue así como Él quiso. Como dice Pablo en 2 Corintios 5, Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo. El Padre y el Hijo trabajaron juntos en la cruz. Aunque Jesús fue tratado como si fuera un enemigo de Dios, no lo fue. Incluso cuando Jesús fue castigado como si fuera un pecador, estaba realizando el servicio más santo a Dios el Padre jamás ofrecido. Es por eso que Isaías puede decir: con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo. En sí mismo, el sufrimiento del Hijo no agradó al Padre. Pero a medida que logró la obra de reconciliar al mundo consigo mismo, agradó por completo a Dios el Padre. El hebreo habla de una ofrenda específica de sacrificio por el pecado como se describe en el capítulo 5 de Levítico. La idea de una expiación sustitutiva por el pecado no se puede declarar más específicamente. La muerte, el entierro, la ofrenda del Mesías no terminan la historia. ¡El Vive! Vive para ver Su linaje, Sus descendientes espirituales. Vivirá por largos días y no estará bajo la maldición de la muerte. Y la vida que Él vive después de Su muerte y sepultura es gloriosa; Su vida será vivida prosperando en la voluntad del Señor. Jesús nunca podría convertirse en un pecador; Él mismo nunca podría convertirse en un transgresor. Y aun así voluntariamente, en amor, fue contado con los pecadores. ¿Se toma lista de los pecadores? Jesús dice, “Escribe mi nombre junto al de ellos.” Nosotros estaríamos impactados si una mujer piadosa mirara una lista de prostitutas y dijera, “Escribe mi nombre junto al de ellas”. O qué tal si un hombre piadoso mirara una lista de asesinos y dijera, “Cuéntame a mí también entre ellos”. Pero eso fue lo que Jesús hizo por nosotros, solo que a un grado aún mayor.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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