Nada le place más a Jesús que hacer la voluntad de su Padre. Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra. (Juan 4:34) Jesús no se fija en las apariencias, o simplemente en las palabras que alguien dice. Él juzga con justicia. Él no les niega la justicia a los pobres, y si los pobres y los débiles reciben justicia, todos lo harán. Las meras palabras de Jesús tienen el poder de juzgar al impío. Él solamente tiene que anunciar el juicio y está hecho.

…y con el espíritu de sus labios matará al impío: los rabinos vieron en este impío (uno)… al anticristo judío… esta predicción del impío (uno) puede sin lugar a dudas ser aplicada al anticristo, a la luz de 2 Tesalonicenses 2:8: Y entonces se manifestará aquel impío, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida. La Justicia y la fidelidad son tan cercanos a Jesús que es como si fueran dos cinturones en su cadera. Todo lo que Él hace está tocado con justicia y fidelidad.

Cuando el Mesías reine, la naturaleza será transformada. Ya no habrá depredadores entre los animales, y aparentemente todos los animales serán herbívoros (La vaca pacerá junto a la osa… el león, como el buey, comerá paja). El apóstol Pablo en Romanos 8: 19 -22 dice: Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Por tanto, también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. La naturaleza está esperando por la transformación que sucederá cuando el Mesías reine y sus seguidores sean glorificados.

No solamente cambiará la manera en que los animales se relacionan entre ellos, sino como se relacionan con los humanos también. El niño de pecho estará a salvo y será capaz de jugar con el lobo o un leopardo o un león joven o un oso. Incluso el peligro de depredadores como las cobras y las serpientes habrá desaparecido. En Génesis 9:2-3, el Señor le da a Noé, y a toda la humanidad después de él, el permiso de comer carne. Al mismo tiempo, el Señor pone el temor del hombre sobre los animales, para que no se vuelvan presas indefensas ante ellos. Ahora, en el reinado del Mesías, esto es deshecho. Por esta razón, muchos piensan que el reinado del Mesías, el milenio, los humanos volverán a ser vegetarianos, tal y como parece que lo eran antes en Génesis 9:2-3.

El conocimiento del Señor – en un sentido relacional, no simplemente en un sentido intelectual – cubrirá la totalidad de la tierra. ¡El reino milenial del Mesías será glorioso!

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.