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Hasta este punto en el libro de Hechos, los ataques de Satanás contra la iglesia vinieron de diferentes maneras. Intentó muchas formas de oposición directa e intimidación, e intentó corromper a la iglesia desde adentro. Estas estrategias no tuvieron éxito en parar o estorbar el trabajo de la iglesia. Ahora Satanás esperaba “dividir y vencer” levantando un grupo de cristianos contra otro. Ellos ahora tenían que tratar con la corrupción interna, y argumentos y divisiones potenciales. La forma en cómo trataron con todas estas cosas hizo toda la diferencia. La mención del crecimiento nuevamente nos recuerda que la iglesia primitiva era organizada. Sabían cuántos eran salvos; se reunían en lugares y tiempos específicos. El dinero y los bienes eran colectados y distribuidos a los que tenían necesidad. El pecado era confrontado. Todo esto indica algún nivel de organización.

Los hebreos eran aquellos judíos más inclinados hacia la cultura judía y eran principalmente de Judea. Los griegos (helenistas)eran aquellos judíos más inclinados hacia la cultura griega y mayormente venían de la Diáspora (de todas partes del imperio romano). Para simplificarlo, los hebreos solían a considerar a los griegos como personas no espirituales que se manchaban con la cultura griega, y los griegos consideraban a los hebreos como tradicionalistas que se pensaban “más santo que tú”. Ya había un recelo natural entre los dos grupos, y Satanás intentó tomar ventaja de ese recelo ya existente.

La iglesia primitiva tomó su responsabilidad de ayudar a las viudas seriamente porque no tenían otro apoyo; pero también esperaban que estas viudas sirvieran fielmente a la iglesia. El cuidado de las viudas y los huérfanos era una parte importante de la vida judía, y normalmente las autoridades del templo organizaban la distribución a los necesitados. Sin embargo, parece que las viudas cristianas no fueron atendidas por los líderes judíos; probablemente porque no les gustaba el hecho de que los apóstoles seguían predicando a Jesús cuando se les había dicho que pararan. Aparentemente, algunos de los cristianos de origen helenístico creían que las viudas entre los cristianos hebreos recibían mejor atención. A Satanás le encanta usar un error involuntario para comenzar un conflicto. Los hebreos tenían razón en sus corazones, y los griegos tenían razón en sus hechos. Éstas fueron condiciones perfectas para un conflicto que dividiera la iglesia.

Los apóstoles explicaron que debían permanecer fieles a su llamado principal, que era la oración y el ministerio de la palabra. No era bueno para ellos dedicar su tiempo administrando las necesidades prácticas de las viudas. Un pastor no debería tener su tiempo consumido en tareas que esencialmente son servir mesas. Sin embargo, hay algo equivocado con un pastor que considera que tales trabajos están bajo su posición. El hecho de que los apóstoles se ocupaban de la oración y el ministerio de la palabra muestra qué enérgicamente hicieron esas cosas y cuán consumidor es predicar y orar correctamente. Los apóstoles (los doce) hablaron al grupo general de creyentes (la multitud de los discípulos) y buscaron la solución con mucha comunicación y aporte de la gente. Incluso les pidieron a aquellos –a lo mejor especialmente a aquellos que se sintieron perjudicados– que sugirieran hombres de buen carácter para hacer este trabajo. Esta fue una manera maravillosa de resolver el problema. No echaron fuera a los que se habían quejado. No se dividieron en dos congregaciones. No ignoraron a las personas descontentas. No formaron un comité y discutieron el problema hasta el fin.

Las calificaciones descritas por los apóstoles se enfocaban en el carácter de los hombres que debían ser elegidos. Los apóstoles estaban mucho más preocupados con la calidad interna de los hombres que con su apariencia o imagen externa. Posiblemente ellos escogieron siete para que cada uno pudiera supervisar las necesidades de las viudas un día de la semana. Era un servicio sencillo y práctico al que eran responsables; aun así, debían ser bien calificados en el sentido espiritual, especialmente por el peligro de división. Los apóstoles fueron guiados por el Señor, no por la opinión popular. Pero, como todos estaban básicamente de acuerdo, estaban de acuerdo en cómo el Señor guiaba a los apóstoles. La gente (y los apóstoles) mostraron gran sensibilidad hacia los helenistas ofendidos al nombrar a los helenistas para cuidar de la distribución de las viudas. En este caso, la gente nominó a los hombres, y los apóstoles los aprobaron imponiéndoles las manos, después de orar por la dirección y la aprobación de Dios.

En ninguna parte de este capítulo de hechos se les llama a estos hombres diáconos, pero la mayoría considera que ellos fueron los primeros en cumplir el oficio de diácono como es descrito en la carta a Timoteo.   La palabra diácono significa simplemente “siervo”, y estos hombres ciertamente fueron siervos.  Considerando todo lo que pudo haber salido mal cuando Satanás intentó atacar por medio de la división, todos los involucrados merecen mucho crédito. Debido a que esta situación fue manejada con sabiduría y sensibilidad hacia los ofendidos, se terminó un tema potencialmente divisivo, y el evangelio continuó avanzando. Aún muchos de los sacerdotes vinieron a fe en Jesús. Los hombres fueron escogidos para servir a las mesas, para hacer cosas comunes; pero se les encontró haciendo cosas poco comunes: obrando señales y prodigios entre el pueblo.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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