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Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. En cierto sentido, probablemente deberíamos no estar de acuerdo con el juicio de los líderes judíos acerca de Pedro y Juan. Ciertamente no tenían educación en un sentido: ellos, al igual que Jesús, no tenían educación rabínica formal según las costumbres y estándares de aquel tiempo. Más sí eran educados en dos maneras importantes: Conocían las escrituras, y habían estado con Jesús. Sin embargo, es útil recordar que Dios ha usado a muchos que fueron muy educados. Moisés, Daniel y Pablo son todos ejemplos bíblicos. Agustín, Martín Lutero, y Billy Graham son solo algunos ejemplos históricos. Es igual de erróneo pensar que la educación formal descalifica a alguien para un servicio efectivo como pensar que califica automáticamente a alguien para un servicio efectivo.
Cuando uno es un siervo de Dios todopoderoso, no tienen nada que temer del juicio del hombre. La palabra denuedo significa una declaración lúcida y atrevida. En el griego la palabra es parresia: diciéndolo todo. Ningún atributo es más necesario hoy para el testigo de Cristo que la valentía del Espíritu Santo debido a la plenitud del Espíritu Santo. Es interesante notar que los líderes judíos no hicieron ningún intento de refutar la resurrección de Jesús. Si fuera posible hacerlo, este era el momento de hacerlo; pero no pudieron. Si hubiera parecido posible refutarlos en este punto, ¡cuan fácilmente aprovecharía el sanedrín la oportunidad! Si lo hubieran logrado, ¡cuan rápido y completamente se habría derrumbado el nuevo movimiento!
Si no predicáramos otro nombre, también deberíamos hacer evidente que hemos estado con Jesús. Lamentablemente, cuando los cristianos llegaron a ser fuertes y poderosos, y cuando el cristianismo vino a ser una institución, entonces también, con demasiada frecuencia, los cristianos fueron los que arrestaban a personas diciéndoles que se callaran, amenazándoles con violencia y, a veces, cumpliendo sus amenazas contra ellos. Eso no es evidencia que uno haya estado con Jesús. La gente debe ir directamente a Jesús, pero muchas veces no lo hacen. El único Jesús que verán es el que brilla a través de nosotros. Debemos trabajar para que el hecho de que hemos estado con Jesús sea tan obvio en nuestras vidas como lo fue en la de ellos.
Este milagro fue examinado por escépticos y comprobado como un verdadero milagro. Éste no fue un caso en el que la sanación fue “perdida” después de unas horas como unos dicen que sucede hoy en día. Previamente, este hombre era completamente cojo, tenía que ser cargado a dondequiera que fuera. Ahora estaba completamente sanado. Esto contrasta a muchos que se levantan de sus sillas de ruedas en los modernos “servicios de sanación” quienes vienen con una habilidad limitada de caminar, pero que son capaces de caminar mucho mejor por unos momentos debido a la emoción y adrenalina. Sin embargo, salen trágicamente de la arena en su silla de ruedas, habiendo “perdido” su sanación.
Lucas probablemente se enteró de lo que el sanedrín discutió porque un miembro de ese sanedrín después se convirtió en cristiano: Saulo de Tarso. Hechos 26:10 nos da razón para creer que Pablo (Saulo) era miembro del sanedrín y emitió su voto contra los primeros cristianos. Si esto es cierto, podemos decir que Pedro y Juan no tenían idea de que estaban predicando a un futuro apóstol y al misionero más grande que la iglesia conocería. Es un ejemplo de la verdad que no tenemos idea de cuán grandemente Dios puede usarnos. La corrupción de sus corazones era clara. Reconocían que un milagro realmente había sucedido; pero se rehusaron someterse al Dios que hizo el milagro. Su temor a la predicación de Jesús se basaba en su propio interés pecaminoso, no en un deseo de proteger al pueblo.
Era evidente que debían obedecer a Dios en vez del hombre. Pedro hizo un apelo efectivo a esta verdad. Pedro y Juan tienen que hablar de lo que habían visto y oído. Tenían que hacerlo, no solo por la compulsión del Espíritu Santo, sino también por el mandato de Jesús: me seréis testigos en Jerusalén. Ellos no originaron este mensaje; simplemente lo transmitieron como testigos confiables. Los líderes judíos no se conmovieron por un obvio milagro de Dios, pero respondieron a la opinión pública. Esto comprueba que les importaba mucho más la opinión del hombre que la opinión de Dios.
Toda esta situación comenzó a verse muy mal. Pedro y Juan estaban en juicio ante la misma corte que envió a Jesús a Pilato para que lo crucificara. Fue entendido para gran mal, pero cuando se había terminado, mira lo que Dios hizo: 2000 personas más llegaron a creer en Jesús. Pedro fue llenado con el Espíritu Santo otra vez, pudo predicar a Jesús a los líderes de los judíos. Examinadores hostiles confirmaron una sanación milagrosa.
Los enemigos de Jesús fueron confundidos. Pedro y Juan fueron más valientes por Jesús que nunca y finalmente Dios fue glorificado.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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