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Los cargos contra Pablo eran un eco de los cargos por los que fue ejecutado Esteban. Pablo ayudó a dirigir esa ejecución; ahora él está siendo acusado en una forma similar. La multitud se había incrementado porque era tiempo de fiestas. Estaba enfurecida porque creían que Pablo no solo había predicado contra el pueblo, la ley y el templo, sino que también había profanado al templo al traer gentiles a sus patios interiores. Estaba absolutamente prohibido para los gentiles ir más allá del “patio de los gentiles” designado en los terrenos del templo. Se colocaban señalamientos que decían (en griego y latín): “Ningún extranjero puede pasar la barrera que rodea al templo y al recinto. Cualquiera que sea encontrado traspasando, se hará personalmente responsable por su muerte resultante”. Los romanos eran tan sensibles a esto que autorizaron a los judíos a ejecutar a cualquiera que ofendiera de esta manera, incluso si el ofensor era ciudadano romano.
Pablo había sido capturado por una multitud enfurecida, y esta multitud no quería solamente sacarlo fuera de los tribunales del templo. Querían matarlo, ahí mismo en el área del patio exterior del templo. Pablo ya había estado cerca de morir por ataques de multitudes asesinas antes, por lo que debió haber pensado: “¡Aquí vamos de nuevo!” Desde la Torre de Antonia, en la esquina noroeste del monte del templo, más de 500 soldados romanos tenían su puesto a solo dos tramos de escaleras del Patio de los Gentiles. Los romanos no simpatizaron con Pablo, pero estaban interesados en mantener el orden público, por lo que arrestaron a Pablo, tanto por su propia protección como para eliminar la causa del alboroto. Pablo fue esposado a un soldado a cada lado. Pablo debió haber recordado inmediatamente la profecía de Agabo. Cuando la multitud pedía a gritos su muerte, Pablo debió haber recordado cuando él fue parte de tal multitud y estuvo de acuerdo con el martirio de Esteban.
Al principio, el tribuno pensó que Pablo era un terrorista, por lo que se sorprendió al ver que este era un hombre educado que sabía hablar griego.
El idioma fue una sorpresa, porque tanto su conocimiento del idioma como su forma de expresarse indicaban que Pablo era un hombre educado en el mundo griego, no un agitador. La frase en sí fue una sorpresa; se escucha demasiado educada y reservada. Nosotros esperaríamos que Pablo estuviera gritando, “¡auxilio, auxilio!” y no “Disculpe señor ¿puedo hablar un momento con usted?” El egipcio que se menciona (el cual también es mencionado por el historiador judío Josefo) dirigió a un ejército de cuatro mil hombres hacia el Monte de los Olivos donde declararon que tomarían el control del templo. Los soldados romanos lograron dispersarlos rápidamente, pero el líder huyó. Cuando Pablo se identificó con el comandante romano, cambió totalmente su situación. Él era un ciudadano de Tarso, no un sospechoso de terrorismo. Cuando su vida corría peligro por una multitud enfurecida y era sospechoso de ser un criminal peligroso, Pablo tenía solo una cosa en la mente: “¡Déjame predicar el evangelio!”
El tribuno le dio permiso a Pablo hablar con la multitud, probablemente porque esperaba que el discurso de Pablo pudiera calmar a la multitud. Al principio, sí lo hizo. ¡Qué momento tan dramático! Pablo, de pie en las escaleras viendo desde arriba al enorme patio del templo, hace un dramático ademán con su mano y la multitud, que estaba enfurecida y alborotada, guardó silencio. Entonces, Pablo habló en lengua hebrea, identificándose con su audiencia judía, no con sus protectores romanos.
Pablo había esperado esta oportunidad por mucho tiempo. Él tenía una pasión increíble por la salvación de sus compatriotas, y probablemente pensó en sí mismo como alguien exclusivamente calificado para comunicarles eficazmente el evangelio, si solo se presentara la oportunidad adecuada. Ay muchas similitudes entre Jesús y Pablo: Al igual que Jesús, Pablo viajó a Jerusalén con un grupo de discípulos, recibió oposición por judíos hostiles que conspiraron contra su vida, hizo o recibió tres predicciones sucesivas de sus sufrimientos venideros en Jerusalén; incluyendo la entrega a los gentiles, tenía a seguidores quienes trataron de convencerlo de no ir a Jerusalén; por lo que le esperaba ahí, declaró estar listo para dar su vida, estaba determinado a completar su ministerio y a no desviarse de él, expresó su abandono completo a la voluntad de Dios, fue a Jerusalén a dar algo, fue arrestado injustamente sobre la base a una falsa acusación, solo Pablo fue arrestado, pero ninguno de sus compañeros, escuchó a una multitud que gritaba ¡Muera!, el oficial romano que manejó el caso de Pablo no conocía su verdadera identidad y fue asociado con terroristas por un oficial romano.
El llamado y el ministerio de Pablo hacen que estas similitudes sean especialmente sorprendentes, pero nosotros también somos llamados a seguir a Jesús. No deberíamos sorprendernos cuando los eventos de nuestra vida son como algunos de la vida de Jesús. Puede que haya un tiempo de tentación en el desierto, un momento en el que la gente se acerque a nosotros con necesidades que solo Dios puede satisfacer, un momento donde parezcamos estar a merced de una tormenta, un momento donde clamemos a Dios como en el jardín de Getsemaní, un tiempo donde simplemente tengamos que entregar nuestras vidas y confiar en que Dios nos resucitara con gloria.
Sin embargo, la experiencia de Pablo fue obviamente diferente en muchos aspectos, entre ellos la manera en que él lleva a cabo su defensa en el próximo capítulo, mientras que Jesús se negó a defenderse a sí mismo delante de sus acusadores.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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