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Mucha gente pensaría que sería suficiente que Pedro parara después de la cita de Joel, considerando todo lo que tenemos allí. Joel nos habló de: Un derramamiento del Espíritu Santo, sueños milagrosos, visiones y profecías, señales y prodigios con respecto al día del Señor y una invitación a invocar el nombre del Señor. Pero no era suficiente, porque Pedro aún no había hablado sobre la obra salvadora de Jesús por causa nuestra. Todo hasta este punto había sido una introducción, explicando las cosas extrañas que acababan de ver. Ahora Pedro traería el mensaje esencial. Pedro quería que la gente prestara atención, y habló como si tuviera algo importante que decir, algo que unos maestros fallan en hacer.

Él se refirió a lo que estas personas ya sabían de Jesús. Ellos ya sabían de su vida y sus obras milagrosas. Muchas veces cuando hablamos de Jesús a alguien, debemos comenzar con lo que ya saben acerca de Él. Pedro sabía que la muerte de Jesús era parte del plan de Dios. Sin embargo, aquellos que lo rechazaron y pidieron su ejecución eran responsables de las acciones de sus manos de inicuos. El apóstol no se acobardo en decir: Ustedes crucificaron al hombre que Dios envió. Su primera preocupación no era agradar a su audiencia, sino decirles la verdad. El Pedro lleno del Espíritu Santo era un hombre diferente que el Pedro de unos meses antes, aun conociendo a Jesús.

Pedro sabía que Jesús no podía ser retenido por la muerte, como se explica en la siguiente cita de el Salmo 16. Era imposible que Jesús permaneciera víctima del pecado y odio del hombre; Ciertamente triunfaría sobre eso. En la frase dolores de la muerte, la palabra dolores es realmente la palabra para “dolores de parto”. En este sentido, la tumba era el vientre para Jesús.
Citando el Salmo 16, Pedro explica al Jesús resucitado. Pedro reconocía que, aunque este salmo hablaba de David, hablaba de alguien mayor que David: el Mesías, Jesús el Cristo. Jesús pudo haberle enseñado esto a Pedro cuando instruyó a los discípulos en las Escrituras.

Jesús cargó la plena ira de Dios en la cruz, como si Él fuera un pecador culpable, culpable de todo nuestro pecado, aun siendo hecho pecado por nosotros. Pero, esa obra fue un acto de amor santo por nosotros, de modo que Jesús mismo no se convirtió en pecador, a pesar de que llevó la culpa de nuestro pecado. Aparte de la resurrección, no tendríamos ninguna prueba de que Jesús exitosamente, perfectamente, pagó por nuestros pecados. Debido a que Jesús llevó nuestro pecado sin hacerse pecador, siguió siendo el Santo, aun en su muerte. Como es incomprensible que el Santo de Dios fuera atado a la muerte, la resurrección fue absolutamente inevitable. En vez de ser castigado por su obra gloriosa en la cruz, Jesús fue recompensado, como está descrito proféticamente en el salmo. Pedro señala que este salmo no puede estar hablando de su autor humano, David, él está muerto y permanece sepultado. El salmo debe hablar proféticamente del Mesías, Jesús.

Jesús de Nazaret, el hombre que todos conocieron, fue el que cumplió este salmo profético. ¿Cómo sabía esto Pedro? ¡Él había visto al Jesús resucitado! La evidencia básica de la resurrección fue simplemente el informe de testigos oculares confiables. Pedro afirma que lo que la multitud vio era la obra del Jesús resucitado y ascendido, quien envió su Espíritu Santo sobre su iglesia.

Dijo el Señor a mi Señor: Con esto comienza el tercer pasaje del Antiguo Testamento que Pedro usó en su sermón, Salmo 110:1. Este versículo del Antiguo Testamento es citado en el Nuevo Testamento más que cualquier otro versículo; citado o referido por lo menos 25 veces. En este salmo, David entendió y proclamó la deidad del Mesías. En este salmo, el rey David –por la inspiración del Espíritu Santo– registró que Yahveh, el Dios del pacto de Israel (el Señor), habló al Señor de David (mi Señor) como Dios. Pedro usó esto para mostrar que el Mesías, quien es el enfoque del Salmo 110, es de hecho Divino, Él es Dios.

El sermón concluye con un resumen. Simplemente, todo Israel debe saber que, aunque ellos crucificaron a Jesús, Dios lo ha declarado Señor y Cristo. Es como si Pedro dijera: “Estaban equivocados en cuanto a Jesús. Lo crucificaron como si fuera un criminal, pero por su resurrección, Dios demostró que Él es Señor y el Mesías”.

Cuando Pedro les exhortó todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo, existe poca duda de quien es el Señor de quien habló: Jesús. Que los cristianos primitivos querían dar a Jesús el título Señor en el sentido más alto se indica por no dudar en ocasiones en aplicarle pasajes de las Escrituras del Antiguo Testamento que se refieren a Yahveh.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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