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En un tiempo el evangelio de Lucas y el libro de Hechos estuvieron unidos como un libro con dos volúmenes. Imagina como sería si el libro de Hechos no fuera parte de la Biblia. Agarras tu Biblia y ves el ministerio de Jesús terminándose en el evangelio de Juan; después lees acerca de un hombre llamado Pablo escribiendo a los seguidores de Jesús que están en Roma. ¿Quién era Pablo? ¿Cómo es que llegó el evangelio de Jerusalén a Roma? El libro de Hechos contesta estas preguntas. Un gran erudito del Nuevo Testamento ha dicho que el título de Hechos puede ser: Como trajeron las Buenas Nuevas de Jerusalén a Roma.

Notemos que el primer tratado tenía que ver con todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar. El evangelio de Lucas describe solo el comienzo de la obra de Jesús; Hechos describe su continuación; y la obra de Jesús continúa hasta el día de hoy. Hechos contiene un período de aproximadamente 30 años, y nos lleva hasta el año 60 o 61 d. C., con Pablo en Roma esperando aparecer ante César Nero.

Jesús, por el Espíritu Santo, dio instrucción a los apóstoles sobre qué hacer en su ausencia. Después de haber dado mandamientos a los apóstoles. Este fue el Señor Jesucristo glorificado, y resucitado, con toda autoridad y soberanía. Aun así, eligió no depender de sus propios recursos (por así decirlo), sino que confió en el poder y la presencia del Espíritu Santo que mora en Él. Jesús también estableció el hecho de su resurrección con muchas pruebas indubitables durante los cuarenta días después de su resurrección, pero antes de su ascensión. Él no dejó ninguna duda posible de que había resucitado, exactamente como lo había prometido.

Las enseñanzas que Jesús dio durante aquel período después de su resurrección y antes de su ascensión no están registradas, pero se nos dice que usó ese tiempo para hablar acerca del reino de Dios. Jesús no tenía nada más para que los discípulos hicieran, solo que esperasen la venida del Espíritu Santo (la promesa del Padre). Jesús sabía que ellos realmente no podían hacer nada efectivo para el Reino de Dios hasta que viniera el Espíritu. La idea de ser bautizados es ser sumergidos o cubiertos completamente en algo; aún como Juan bautizó en agua, así estos discípulos serían sumergidos en el Espíritu Santo.

Esta sería la última vez que verían a Jesús en su cuerpo físico, hasta que fueran al cielo para estar con Él para siempre. No hay nada específico en el texto que nos muestre que ellos sabían que esta sería su última vez viéndolo aquí en la tierra, aparte del peso de la pregunta que estaban a punto de hacer. ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Está era una pregunta que se había hecho muchas veces antes, pero ahora tenía una relevancia especial. Sabían que Jesús había instituido el nuevo pacto. De hecho, era razonable que se preguntaran cuándo se cumpliría el resto del nuevo pacto. La respuesta de Jesús en los siguientes versículos también indica que no los regaño ni los corrigió por haber hecho la pregunta. Simplemente les dijo que no era para ellos saber la respuesta. Fue sabio que Jesús no esbozara su plan para los siguientes años. Era bueno que los discípulos no supieran que la restauración completa del reino de Israel que esperaban que ocurriera pronto no sucedería por unos 2,000 años. Podría desanimarlos en el trabajo que tenían que hacer en ese momento, y podría hacerlos menospreciar el aspecto del reino de Dios que estaba presente con ellos.

Si el reino nacional que querían sería retrasado, el poder que necesitaban no lo sería. Pronto recibirían poder con la venida del Espíritu Santo. El resultado natural de recibir este poder prometido sería que ellos se volverían testigos de Jesús, por toda la tierra. Jesús fue llevado mientras los bendecía. Mientras lentamente desaparecía en el cielo, rodeado por una nube, ellos seguían viendo hacia arriba. Los dos varones (aparentemente ángeles) les dijeron a los discípulos que pusieran su atención en el lugar correcto (obediencia al mandato de Jesús de regresar a Jerusalén), no en preguntarse a dónde y cómo se fue Jesús. Jesús les mandó que fueran hasta lo último de la tierra, y ellos se quedaron mirando al cielo. Morgan especuló que los dos varones eran posiblemente Moisés y Elías. Parece mejor decir que eran ángeles.

Este mismo Jesús: Ésta es una frase gloriosa. Nos recuerda que el Jesús que ascendió a los cielos y se sentó a la diestra de Dios el Padre es el mismo Jesús de los evangelios. Él es el mismo Jesús de amor, gracia, bondad, sabiduría y cuidado. Jesús regresará de igual manera en que se fue.

· Se fue físicamente y así vendrá.
· Se fue visiblemente y así vendrá.
· Se fue desde el Monte de Olivos y desde ahí vendrá.
· Se fue en presencia de sus discípulos y así vendrá.
· Se fue bendiciendo a su iglesia y así vendrá.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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